Mis escenas favoritas: El padrino. Parte 2 (The Godfather: Part II, Francis Ford Coppola, 1974)

Algunos acusan a Coppola de haber glorificado a la mafia a través de su trilogía de El padrino, en particular en sus dos primeras entregas, sin reparar que lo que Coppola hace realmente es glorificar el cine. Si la primera parte parecía insuperable, Coppola se destapó, el mismo año que estrenó la magistral La conversación, con esta nueva visión, corregida y aumentada, hacia delante y hacia atrás, de las aventuras de la familia Corleone en Sicilia y Estados Unidos. Esta secuencia da una idea bastante aproximada del sentido último de la magna obra de Coppola, la de un padre de familia (tanto Vito como Michael Corleone) que desesperadamente, contra el tiempo y contra todas las formidables fuerzas en su contra, intenta reconducir a los suyos hacia la legalidad para convertirse en una familia respetable. Esfuerzos que, sin embargo, tanto desde su llegada a América como varias décadas después, se ven imposibilitados porque el ambiente que les rodea es tan putrefacto, corrupto y malévolo como ellos mismos, e igualmente indignos de respeto. El crimen no ya es una opción, sino el único medio del que disponen para garantizarse el paraíso americano, que a su vez se nutre de ellos. Probablemente, eso es lo que no gusta a los críticos con el tratamiento que Coppola hace de la mafia (que nunca se nombra como tal en la trilogía), que ligue su vigencia y su destino al del propio bienestar estadounidense, idea básica que esta escena pone sobre la mesa con brillantez e inteligencia.

Mis escenas favoritas: La última noche de Boris Grushenko (Love and Death, Woody Allen, 1975)

En la Rusia de principios del siglo XIX, Boris Grushenko vive obsesionado con la muerte y con su prima Sonia, aunque ella prefiere a Iván, uno de los hermanos de Boris. Pero Iván se casa, y Sonia, por despecho, contrae matrimonio con un rico comerciante de pescado. Obligado por su familia, Boris se alista en el ejército para luchar contra Napoleón e, inexplicablemente, se convierte en un héroe de guerra. A pesar de ser un pacifista convencido, la casualidad querrá que llegue a tener en sus manos el destino de Europa. Woody Allen parodia su propio gusto por la novela rusa decimonónica, en particular a Tolstói y Dostoyevski, en esta ácida comedia ambientada en los tiempos de las guerras napoleónicas y la invasión de Rusia por la Grande Armée.

Diálogos de celuloide: El dormilón (Sleeper, Woody Allen, 1973)

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– ¿Cree usted en Dios?
– ¿Que si creo en Dios? Yo soy lo que se llamaría un ateo teológico existencial. Creo que hay una inteligencia en el universo, excepto en ciertas partes de los Estados Unidos.
El dormilón (Sleeper, Woody Allen, 1973). Guion de Woody Allen y Marshall Brickman.

Mis escenas favoritas: Annie Hall (Woody Allen, 1977)

Un caso claro de aracnofobia galopante en este maravilloso clásico de Woody Allen, de cuyo estreno se cumplen 40 años mañana, 20 de abril. El desamor es peludo y tiene ocho patas…

La nostalgia entra por los oídos: Días de radio (Radio days, Woody Allen, 1987)

Radio Days (1987) Directed by Woody Allen Shown: Key art

Dicen que el olfato y el oído son los sentidos más proclives a despertar la nostalgia, la melancolía. En Días de radio (Radio days, 1987), Woody Allen traza su recorrido, personalísimo y nostálgico, por la radio que marcó su infancia, por sus programas y voces, por sus músicas y aromas, por un mundo que ya no existe. La vida contada de oídas.

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En realidad, Días de radio debe mucho en su estructura a las primeras películas de Allen, aquellas que se erigían sobre la acumulación de sketches. A partir del núcleo familiar (sobre todo el padre, Michael Tucker, la madre, Julie Kavner, y la tía Bea, Dianne Wiest) el genio de Brooklyn construye una biografía no literal, aunque salpicada de lugares y sabores conocidos, pero sí nostálgica en la que hace un repaso por las melodías y los ecos de su infancia punteado por alusiones al contexto político y social vivido (predominantemente el estallido y los sucesivos avatares de la Segunda Guerra Mundial pero también la realidad de los judíos en la sociedad americana) y por algunos de los hitos fundamentales en la radiodifusión americana, introducidos en la trama con especial acierto (por ejemplo, la inoportuna irrupción del famoso programa de Orson Welles y su adaptación de La Guerra de los mundos de H. G. Wells en 1938). Paralelamente, la historia también recoge distintos escenarios, procesos y vivencias de profesionales (reales y ficticios) del medio radiofónico, e igualmente distintos gags con otros personajes en los que la radio o las emisiones de radio tienen un protagonismo fundamental (sin ir más lejos, la escena que abre la película, el de los ladrones que cogen el teléfono en la casa que están desvalijando, y que remite directamente a uno de los fragmentos de Historias de la radio, la película dirigida por José Luis Sáenz de Heredia en 1955). Todo ello desde una perspectiva que combina una mirada tierna y cálida al pasado, a la infancia, al recuerdo de otra vida, de otra ciudad, de otro país, con una narración episódica que, en mayor o menor medida, tiene el humor como base (sin descartar algún episodio dramático especialmente traumático), de la sonrisa a la carcajada, siempre con los temas tan queridos al director (las relaciones de pareja, el psicoanálisis, el sexo, el judaísmo, la muerte) como trasfondo. Allen tampoco pierde de vista el clima económico y social, reflejado en una excepcional labor de dirección artística, ambientación y vestuario, con multiplicidad de escenarios (viviendas, restaurantes, locales nocturnos, emisoras, tiendas…), reconstrucción de exteriores neoyorquinos de los años cuarenta y empleo de archivos sonoros reales o de la recreación de los mismos (en las voces, por ejemplo, de actores como William H, Macy o Kenneth Welsh). La impecable dirección de Allen, que también narra la película en off como si de un locutor se tratara, viene acompañada de la colorista fotografía de Carlo di Palma y de una magnífica banda sonora de Dick Hyman, pespunteada continuamente por los clásicos más populares de la época, especialmente Cole Porter, pero también los hermanos Gershwin, la orquesta de Xavier Cugat, las canciones de Carmen Miranda… Continuar leyendo “La nostalgia entra por los oídos: Días de radio (Radio days, Woody Allen, 1987)”

Electroletras: charlando de El Padrino (The Godfather, Francis F. Coppola, 1972)

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Charlamos sobre la primera entrega de la obra maestra de Francis Ford Coppola en Electroletras, el estupendo programa de TEA FM.

Electroletras

http://www.ivoox.com/electroletras-89_md_8903249_wp_1.mp3″ Ir a descargar

Mis escenas favoritas – Annie Hall (Woody Allen, 1977)

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El otro día me encontré en la cola del cine un tipo que me recordó esta secuencia… Curiosamente, él tampoco me dejó disertar sobre Fellini ni sobre McLuhan 😉 En realidad, Luis Buñuel no aceptó la propuesta de Allen de participar en esta secuencia, de modo que Woody echó mano del filósofo canadiense, que también se embolsó los treinta mil pavos que ofrecía por una tarde de trabajo.

Mis escenas favoritas – El dormilón (Sleeper, Woody Allen, 1973)

El dormilón_39De un plácido presente entre música de clarinete y comida naturalista, Miles Monroe salta doscientos años en el tiempo para enfrentarse a una América opresora y policial. Comedia de ciencia ficción muy pegada a la realidad de su momento, que contiene momentos impagables. Y es que los peligros de la tecnología -y de los programas de deportes- acechan.