Música para una banda sonora vital: Un puente lejano (A Bridge Too Far, Richard Attenborough, 1977)

Este clásico del cine bélico narra el estrepitoso fracaso de la operación Market Garden, diseñada por el mariscal Montgomery (cuyo genio militar era bastante inferior a lo que vendía la propaganda británica) y ejecutada por los aliados en 1944, que pretendía situar un gran contingente de tropas aerotransportadas tras las líneas alemanas en Holanda, tomando los puentes sobre el Rhin que desde Eindhoven, Nimega y Arnhem abrían el camino hacia el corazón de Alemania, y acelerar con ello el final de la guerra. Los nazis estaban todavía lejos de doblegarse, y su contraataque no solo detuvo la acción e hizo perder a los aliados la iniciativa, gran cantidad de material y un importante número de bajas, sino que retrasó un año el fin de la contienda en Europa.

Con un reparto difícil de igualar (Sean Connery, Edward Fox, James Caan, Dirk Bogarde, Michael Caine, Robert Redford, Anthony Hopkins, Liv Ullmann, Maximilian Schell, Gene Hackman, Ryan O’Neal, Laurence Olivier, Elliott Gould y Hardy Krüger, entre otros), la película es asimismo recordada por la vibrante música compuesta por John Addison.

 

Música para una banda sonora vital: Muerte en Venecia (Morte a Venezia, Luchino Visconti, 1974)

El inolvidable Adagietto de la Sinfonía nº 5 de Gustav Mahler que acompaña a Dirk Bogarde en su trágico peregrinar por Venecia de la mano de Thomas Mann visto por Luchino Visconti.

 

Diálogos de celuloide – Muerte en Venecia (Morte a Venezia, Luchino Visconti, 1971)

Muerte en Venecia_39

GUSTAV: Sabes, a veces pienso que los artistas son como cazadores apuntando en la oscuridad. Ellos no saben cuál es su objetivo, y no saben si han acertado. Pero no puedes esperar que la vida ilumine tu objetivo y lo estabilice. La creación de la belleza y la pureza es un acto espiritual.

ALFRED: No Gustav, no. La belleza pertenece a los sentidos. Solo a los sentidos.

GUSTAV: No puedes llegar al espíritu con los sentidos. No puedes. Es solo por el dominio completo de los sentidos que puedes alguna vez alcanzar la sabiduría, la verdad y la dignidad humana.

ALFRED: ¿Verdad? ¿Justicia? ¿Dignidad humana? ¿Para qué sirven?

Morte a Venezia (Luchino Visconti, 1971).

70 aniversario de Normandía: Un puente lejano (A bridge too far, Richard Attenborough, 1977)

Un puente lejano_39

Esta película británica de casi tres horas de duración, dirigida por Richard Attenborough, supone un ejemplo tardío en la moda de las grandes superproducciones de la década de los sesenta que, con el gran atractivo de reunir importantes repartos repletos de caras conocidas, a veces en papeles meramente testimoniales, ofrecían la recreación de episodios cruciales de la Segunda Guerra Mundial, ya fuera el desembarco de Normandía, la batalla de las Ardenas, la liberación de París, el desembarco de Anzio, Midway o la batalla de El-Alamein. En este caso, el elenco artístico supone el mayor aliciente previo para el visionado de Un puente lejano; no en vano en su nómina de intérpretes figuran nombres tan importantes del cine europeo y norteamericano de la época como Sean Connery, Edward Fox, James Caan, Dirk Bogarde, Michael Caine, Robert Redford, Anthony Hopkins, Maximilian Schell, Liv Ullmann, Gene Hackman, Ryan O’Neal, Laurence Olivier, Elliott Gould o Hardy Krüger.

La acción nos traslada a septiembre de 1944. El Alto Mando aliado, espoleado por el éxito de Normandía y la liberación de más de media Francia en tan poco tiempo, concibe una ambiciosa operación para poner fin rápidamente a la guerra. Esta consiste en una combinación de audaces golpes de mano tras las líneas alemanas, una cadena de tres ataques simultáneos en la ruta que va del noreste de Francia al centro de Holanda para, desde allí, una vez despejado el panorama de enemigos, cruzar la frontera alemana directamente hacia el corazón industrial del Reich, y así ocuparlo y destruirlo y obligar a Hitler a rendirse. El punto decisivo: el puente que las tropas blindadas angloamericanas han de cruzar para cumplir con los objetivos, en la ciudad holandesa de Arnhem. La toma de este puente se convierte en el hecho central de la operación, pero las deficiencias estratégicas, producto de la ansiedad y la precipitación, las condiciones climáticas, la enconada resistencia alemana, subestimada por culpa de los errores de los servicios de inteligencia, y unas buenas dosis de mala suerte, se conjugarán para dar un buen revés a los Aliados.

Junto con la dura contraofensiva de las Ardenas, Arnhem y la operación Market Garden constituyen los cantos del cisne de la resistencia de la Wehrmacht, y en particular, el episodio del puente se erige en el principal fracaso de los Aliados occidentales en Europa después de Normandía. El desastre operacional y la gran cantidad de bajas sufridas y de prisioneros capturados por los alemanes, aumenta el efecto emocional que este capítulo de la guerra tiene entre los países combatientes. Attenborough filma la previsible cronología de los hechos, con importantísimas figuras dando vida a los oficiales involucrados en uno y otro bando, con algún que otro interludio de carácter intimista (el punto de vista de la resistencia holandesa, los ciudadanos que deben contribuir al cuidado de los heridos, el efecto de los combates en las calles y las casas de los civiles). Lo más destacable, además del reparto, el enorme esfuerzo de producción, el gran despliegue de medios en una película británica, y algunas muy buenas secuencias de acción y combate no exentas de belleza y humor (ese oficial inglés caminando hacia las defensas alemanas del puente apoyándose en su paraguas, como un Lord, transitando por Picadilly, justo antes de que todo estalle en fuego y plomo). En su debe, la película tiene baches de fluidez, resulta excesivamente larga, y también demasiado aséptica, sin llegar a ser marcadamente antibelicista, más bien tributaria del eco que aquellos hechos tuvieron especialmente en Gran Bretaña, país al que pertenecían la mayor parte de los caídos aliados, y Holanda, el escenario de la derrota. La mayor baza dramática, el antagonismo entre los altos mandos que deciden sobre la guerra en sus cómodos despachos de Londres, y los soldados a pie de campo, que sufren y mueren a causa del enemigo, de los propios errores y de las malas previsiones y la penosa ejecución de los planes por parte de sus superiores. Continuar leyendo “70 aniversario de Normandía: Un puente lejano (A bridge too far, Richard Attenborough, 1977)”

La tienda de los horrores – Modesty Blaise

En plena efervescencia del éxito de la adaptación al cine del James Bond de Ian Fleming en la piel de Sean Connery, el reputado Joseph Losey, autor norteamericano que debió abandonar su país durante la “Caza de brujas”, tuvo la ocurrencia de trasplantar al cine a una heroína de cómic que de alguna manera cargaba las tintas tanto como parodiaba el fenómeno de los agentes secretos todopoderosos y todoglamurosos, los gadgets, las conspiraciones internacionales de organizaciones criminales secretas y los marcos lujosos e idílicos en los que tenían lugar las investigaciones y luchas que conducían invariablemente a la salvación, in extremis, del mundo. El resultado, Modesty Blaise, confirma que las adaptaciones de tebeos a la pantalla ya eran malas en 1966, a pesar de, sin duda gracias a la fama de su director, la película obtuviera una nominación a la mejor película en el Festival de Cannes.

Joseph Losey es un caso para estudiar. Su cine, aclamado y elevado a los altares por cierta crítica europea, ha envejecido espantosamente. El cine de su periodo americano, tanto el remake de M de Fritz Lang como El merodeador (ambas de 1951) mantienen todavía las virtudes visuales y narrativas que apuntaba el director en sus primeros tiempos, pero las obras británicas de su carrera, más allá de El criminal (1960) resultan con el tiempo absolutamente venidas a menos, con un apreciable pulso visual, con secuencias de gran poderío en la composición de planos y en la elección de encuadres, pero casi en su totalidad poseídas por el hastío, el aburrimiento, los ritmos lánguidos, las cadencias tediosas, las temáticas abstrusas, crípticas, la verborrea incontenible de significados y simbologías de difícil acceso, la recreación en el morbo gratuito y la vaciedad absoluta, si no, directamente, la repulsión más tremebunda. Así ocurre con éxitos suyos de antaño, aclamados en festivales y en artículos y ensayos por todo el mundo, y cuyo visionado hoy es costoso, difícilmente soportable: El sirviente (1963), La mujer maldita (1968), Ceremonia secreta (1968), El mensajero (1970)…, por poner los ejemplos más hirientes. El peor de todos, con diferencia, es esta Modesty Blaise, por más que vista hoy se aguante con algo más de gracia, fundamentada más en la curiosidad bizarra que en la calidad cinematográfica.

En cuanto a los elementos más apreciables, la película capta a la perfección, gracias al empleo de una banda sonora con ecos de la música de moda entonces y también a una fotografía colorista con gran protagonismo para los tonos vivos, llamativos, chillones, la atmósfera pop, la ebullición de la psicodelia, de los yeyés, de la Gran Bretaña de mediados de los sesenta, casi casi del mismo modo que consigue lograr Antonioni en su Blow up (Deseo de una mañana de verano), también de 1966. La dirección artística navega en el mismo sentido, si bien hace especial hincapié en los escenarios horteras, recargados, excesivos, abigarrados, barrocos, repletos de objetos que saturan cada plano, que rodean a los actores hasta incluso servir de obstáculo. Por último, tanto el maquillaje como el vestuario (sin olvidar la peluquería, con las pelucas que lucen en varios momentos algunos de los personajes, en tonos rubios o blancos excesivos, caricaturescos, casi al hilo de las que usaba el penoso doble de George Peppard en las escenas de “riesgo” de El Equipo A…) abundan en el mismo concepto estético, con diseños atrevidos tanto en la forma como en el color, presuntamente como tributo al mundo de las viñetas y a las portadas de los tebeos.

En cuanto al resto, se supone que la película es una parodia del cine de espías tanto como un thriller de intriga tratado con la ligereza de una comedia de enredo. Continuar leyendo “La tienda de los horrores – Modesty Blaise”