Blog action day – Tierra, la película de nuestro planeta

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Por tercer año consecutivo este blog se suma a la iniciativa Blog Action Day, gracias a la cual bitácoras de todo el planeta suman sus voces un día del año por la misma causa. Esta edición está dedicada a la lucha contra el cambio climático y si de concienciar en esta lucha se trata, esta película de 2007, coproducción germano-británica dirigida por Alastair Fothergill y Mark Linfield, es uno de los últimos hitos, un hermoso testimonio del mundo que estamos destruyendo mientras quienes toman las decisiones miran hacia otro lado, concretamente a sus bolsillos. Un recordatorio a despecho de ex-presidentes negacionistas y de ignorantes primos de aspirantes a serlo.

La cinta supone un viaje fascinante por todos los ecosistemas del planeta, reflejando los contrastes entre ellos y sus transformaciones naturales. El trabajo está rodado con las más modernas técnicas de la alta definición; la serie televisiva que la originó, Planet Earth, tardó 5 años en rodarse con más de 200 localizaciones en 26 países diferentes y 250 días de fotografía aérea. Un documental deslumbrante, monumental, de dimensiones descomunales que logra mostrar con todo esplendor la mezcla de crueldad, humor e inacabable belleza del medio natural, al tiempo que alerta sobre su irreversible deterioro y del alto precio que el ser humano pagará por él.

La película se ofrece íntegra en nueve partes (96 minutos). Un privilegio para todos los sentidos, una prueba de que conceptos como felicidad, bienestar o autoestima sólo tienen sentido si van unidos a la naturaleza y la conservación del medio ambiente. Si estás interesado en el tema, pincha aquí.


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La tienda de los horrores – Moulin Rouge

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¿Puede existir el musical sin música, sin canciones? ¿Puede el musical sobrevivir sin una sola coreografía, sin un número de baile? ¿Dónde reside el mérito, la magia, el buen hacer, de esta clase de cine? ¿Cuáles son los méritos que lo han convertido en un género indisoluble de la propia historia del cine, por más que a algunos nos salgan pústulas con el 99% de ellos? Esta “película” de Buzz Luhrmann, quien ha vuelto a lucirse con ese cutre manual de épica de escaparate para no iniciados que es Australia, con el guaperas Hugh Jackman y una recauchutadísima Nicole Kidman, otra a añadir a la lista de “bocas de pato”, no es, pese a su apariencia repulsivamente recargada, una película pretenciosa. Porque ofrece exactamente lo único que tiene: apariencias inconsistentes y maquillaje en exceso. Y nada más.

Colofón de una trilogía cuyas dos primeras producciones apenas tuvieron repercusión fuera de Australia, Luhrmann se inventa un París de 1900 que mezcla cierta recreación histórica con una estética entre futurista y videoclipera visualmente impactante, hay que reconocerlo, y en la que sitúa una azucarada historia de amor llena de ridículos tópicos casi ofensivos para la inteligencia: escritor bohemio que viaja a Paris para convertirse en el gran novelista del siglo que va a entrar; cabaretera, prostituta ocasional para contribuir a los fines de su marido, de la que se enamora; pretendiente rico pero malo, maloso, que quiere comprar a la mujer; tuberculosis que hace su amor imposible, y demás vómitos argumentales. Continuar leyendo “La tienda de los horrores – Moulin Rouge”

La tienda de los horrores – Los tres mosqueteros

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La ecuación más fiable de todo el sistema matemático de la Humanidad dice que Disney es igual a: clásico que toca, clásico que se carga. Repugnante producto pseudo-fílmico, Disney consiente en un alarde de justicia poética (Dumas -y sus esforzados escribanos- tampoco era un alma de la caridad en lo que a respeto por las fuentes históricas y rigor narrativo) pasarse por el forro la historia del inmortal clásico de la literatura popular francesa (y mundial) y crear un despropósito por el que el responsable último de casting y director de este bodrio, un tal Stephen Herek, técnico a sueldo de diversos estudios de esa dudosa institución llamada Disney, debería ser apaleado públicamente con retransmisión televisiva en directo. La delirante elección de actores para una innecesaria nueva versión de una historia ya manida hasta la saciedad (despropósitos incluidos, cómo no recordar Los hijos de los mosqueteros, por ejemplo) hace que Chris O’Donnell interprete al gascón D’Artagnan, el perturbado Charlie Sheen dé vida a Aramis (recordemos, espadachín, poeta y mujeriego cuya última intención está en convertirse en abad monástico, igualito que Sheen), Kiefer Sutherland haga de Athos y Oliver Platt de Porthos, pero el colmo es soportar a Tim Curry, regular cómico, discreto actor serio, rostro reconocible, eso sí, en el carismático papel de cardenal Richelieu. El único acierto entre tanta tontería es situar a la apetitosa, en aquel tiempo, Rebecca de Mornay como Milady de Winter, antes de tirar su carrera definitivamente por la taza del w.c. y dedicarse a bodrioespacios como ese engendro de thriller psicológico “interpretado” junto a Antonio Banderas y titulado Nunca hables con extraños y que no tardará en aparecer en esta sección a poco que quien escribe logre reprimir sus instintos criminales al recordarla.
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