Música para una banda sonora vital: Mulholland Drive (David Lynch, 2001)

Sobrecogedora interpretación a capela de una versión en español de Crying, clásico de Roy Orbison y John Melson de 1961, titulada Llorando, a cargo de la californiana Rebekah del Rio para una de las impactantes y perturbadoras secuencias oníricas de Mulholland Drive (2001), la genial y fascinante (y confusa) película de David Lynch. Sobran más palabras.

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Diario Aragonés – Tenemos que hablar de Kevin

Título original: We need to talk about Kevin
Año: 2011
Nacionalidad: Reino Unido
Dirección: Lynne Ramsay
Guión: Lynne Ramsay, sobre el libro de Lionel Shriver
Música: Jonny Greenwood
Fotografía: Seamus McGarvey
Reparto: Tilda Swinton, Ezra Miller, John C. Reilly, Jasper Newell, Siobhan Fallon, Anna Kuchma, Ashley Gerasimovich
Duración: 110 minutos

Sinopsis: Eva es una escritora especializada en guías de viaje. Cuando queda embarazada de su pareja, Franklin, un fotógrafo dedicado a la publicidad, se abre ante ellos un nuevo horizonte de bonanza y felicidad. Sin embargo, ya desde su nacimiento, Kevin será fuente de preocupaciones y desasosiego, hasta convertirse en una amenaza para la estabilidad de Eva y su vida en común con Franklin.

Comentario: No se entiende muy bien por qué en críticas, comentarios y bombardeos publicitarios en relación con esta película de Lynne Ramsay, el argumento predominante utilizado para su venta o difusión es la supuesta paranoia obsesivamente controladora de Franklin (John C. Reilly) sobre el embarazo y la maternidad de Eva (Tilda Swinton). A la vista de los 110 minutos de Tenemos que hablar de Kevin, poco o nada de eso hay. Muy al contrario, Franklin es la única presencia sobria, equilibrada y sólida de un filme que abunda en inseguridades, miedos, riesgos y catástrofes humanas.

Contada en una serie de flashbacks fragmentados, asistimos a la desastrada vida presente de Eva, en una fenomenal, como siempre, interpretación llena de matices y detalles de Tilda Swinton, una mujer madura que encuentra trabajo en una agencia de viajes. Su apariencia desaliñada y descuidada, su vida desordenada, la casa en aparente precario estado de conservación, parecen simbolizar metafóricamente la situación interior de Eva, que empezamos a conocer a través de cada vez más presentes detalles que nos insinúan un pasado atormentado, y también de un punto de partida salpicado de visiones, pequeñas escenas y situaciones pertenecientes a su vida anterior. Estos pasajes poco a poco van ocupando la mayor parte de la cinta, hasta convertirse en una narración prácticamente lineal que, con puntuales saltos adelante, nos cuenta la historia de Eva, Franklin y su hijo Kevin (interpretado en su adolescencia, de manera extraordinariamente inquietante, por Ezra Miller). Y esta historia no es otra que la de una falta de entendimiento constante, creciente, inevitable, inexplicable, entre Eva y Kevin, y de cómo este distanciamiento afecta al resto de la familia, incluida la pequeña Celia, e incluso se extiende mucho más allá, alcanzando grados de violencia indiscriminada [continuar leyendo]

Diario Aragonés – Cisne negro

Título original: Black swan

Año: 2010

Nacionalidad: Estados Unidos

Dirección: Darren Aronofsky

Guión: John McLaughlin y Mark Heyman

Música: Clint Mansell

Fotografía: Matthew Libatique

Reparto: Natalie Portman, Mila Kunis, Vincent Cassel, Winona Ryder, Barbara Hershey, Christopher Gartin, Sebastian Stan

Duración: 103 minutos

Sinopsis: La joven Nina es escogida como figura principal de un importante ballet de Nueva York. A medida que se acerca el estreno de El lago de los cisnes, sin embargo, mientras crecen sus inseguridades y temores, también lo hace su rivalidad con su compañera Lily. La tensión y los nervios sumen a Nina en el agotamiento y en una confusión mental que termina mezclando en su cabeza realidad e ilusión.

Comentario: Tras la austeridad narrativa y la profundidad humana de El luchador (The wrestler, 2008), Darren Aronofsky vuelve por donde solía. En Cisne negro, despliega el enorme potencial de su innegable imaginación visual al servicio de un cóctel que por un lado hereda ciertos lugares comunes de los melodramas situados en los entresijos de los escenarios, y por otro recoge ecos del thriller psicológico en la línea, por ejemplo, de Roman Polanski. El conjunto viene aderezado por una apabullante estética, tan sombría y siniestra como poseedora de una notable carga erótica, y por el gusto de Aronofsky por el mundo de la alucinación vinculado al trastorno mental de los personajes y a su psicosomática plasmación en cambios físicos o lesiones, como ya hiciera en Pi (Pi: faith in Caos, 1998) o en la celebrada Réquiem por un sueño (Requiem for a dream, 2000). Todo ello como vehículo de un guión que, como mayor acierto, consigue encadenar simbólicamente la trama principal de la película con el libreto de la insigne partitura de Tchaikovsky y el antagonismo entre el cisne blanco y su rival negro [continuar leyendo].