Música para una banda sonora vital: Barry Lyndon (Stanley Kubrick, 1975)

Barry Lyndon es la perfección formal hecha cine: máxima emotividad a partir de una frialdad y una distancia deliberadas, pintura en movimiento, tristeza hipnótica, brillante fresco de una época, meticuloso retrato del proceso de vejez y muerte del Antiguo Régimen. A ello contribuye una música admirablemente escogida, primorosa mezcla de temas de Leonard Rosenman y de piezas clásicas de Händel o Schubert, además de melodías populares tradicionales como Piper’s Maggot Jig.

Descomposición familiar: Incendios (Wildlife, Paul Dano, 2018)

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Titulada para España Incendios, como la novela de Richard Ford en la que se basa el guión de Zoe Kazan y el propio Paul Dano, Wildlife supone el acertado y esperanzador debut tras la cámara del actor. Un meticuloso y concienzudo trabajo de dirección poseedor, a pesar de la deliberada frialdad del conjunto (colores apagados, languidez narrativa, explotación del silencio y el vacío como factores dramáticos), de un intenso poder de conmoción y convicción en el retrato del hundimiento de una familia norteamericana ubicada en el medio rural del estado de Montana de la década de los sesenta. Una familia itinerante, resultado de los sucesivos cambios laborales de Jerry (Jake Gyllenhaal) y de la renuncia de Jeanette (Carey Mulligan) a ejercer su profesión como profesora de instituto para cuidar de la casa y criar a su hijo, que desemboca en un pequeño pueblo de Montana en cuyas inmediaciones se ha desatado un devastador incendio forestal. Un episodio puntual y concreto, la pérdida por Jerry de su empleo como monitor en un club de golf, provoca un denso corrimiento de tierras que socava los cimientos de la convivencia familiar, hasta el punto de que asistimos desde la perspectiva del joven Joe (Ed Oxenbould) al lento pero incesante e irrefrenable proceso de demolición de la pareja.

El relato se construye sobre tres pilares narrativos. En primer lugar, la mirada de Joe: la cámara observa los acontecimientos desde el punto de vista del joven y articula el discurso en paralelo a su proceso de maduración, crecimiento y descubrimiento; Joe se hace hombre, mental y emocionalmente (incluso en las tareas cotidianas; así, en distintos momentos, asume obligaciones domésticas -compra, comida- que desatienden sus progenitores, concentrados en navegar a través de su desorientación personal), a lo largo de la crisis de pareja de sus padres, mira, observa, comprende, aprende, saca conclusiones y siente, sobre todo siente, de modo que el espectador asiste al triste y conmovedor espectáculo desde su experiencia directa, desde su desgarro interior y su frustración emocional. En particular, Dano construye admirablemente esas secuencias breves pero elocuentes en las que la mirada de Oxenbould, sobresaliente en su personaje, interpreta la apatía y el sentimiento de fracaso de su padre o descubre una frívola naturaleza oculta en su hasta entonces admirada madre. Joe abre la puerta al segundo vehículo narrativo de Dano: la elipsis. La película muestra únicamente la punta de un iceberg que Joe, y el espectador a través de él, entiende que viene arrastrándose durante años, una serie de problemas crónicos que el cambio de ciudad y de empleo no han contribuido a resolver. Adivinamos un pasado de tensiones (la renuncia profesional de Jeanette, sin duda una concesión a su marido; los coqueteos de él con las apuestas y con la bebida; tal vez la llegada de un hijo no deseado o la concurrencia de alguna infidelidad…) que eclosiona en el presente y se proyecta en un futuro de rupturas más que próximo. Dano sabe transmitir las carencias afectivas y las frustraciones personales de los personajes sin explicitarlas ni, lo que es más importante, sin destaparlas a través de los diálogos o las discusiones. Sabemos, intuimos qué ocurre, pero sin pelos ni señales, el sobreentendido sin subrayados pero brillantemente sugerido, contado, a través de un lenguaje visual depurado en el que todos los elementos, en especial silencios, miradas y lenguaje soterrado, adquieren un sentido y una finalidad comunes. Entre esos elementos de lenguaje visual destaca, como tercer pilar narrativo, el diálogo mudo entre los cuatro elementos: agua, fuego, tierra y aire. Si cuando las cosas empiezan a torcerse Jeanette encuentra trabajo como monitora de natación, empleo durante el que conoce a Warren (Bill Camp), adinerado y maduro hombre de negocios de la localidad y detonante final de la crisis matrimonial, Jerry se incorpora a las cuadrillas forestales que tratan de apagar los incendios de las montañas. Joe, mientras tanto, a la vez que experimenta sus primeras aproximaciones al sexo opuesto, se ve anclado, en estado de abandono, a la tierra, a las vacías calles de la pequeña ciudad, a los descampados y a los campos circundantes, a una vida de la escuela sin amigos y a la práctica de un fútbol americano que aborrece. Su única esperanza es la llegada de las nieves: Joe cree que con el frío y la nieve los incendios se apagarán, su padre regresará a casa y las cosas se reconducirán; resulta especialmente hermosa la secuencia en la que Joe, a punto de tomar una decisión crucial en la primera encrucijada vital a la que debe enfrentarse, descubre cómo la fría brisa del inminente invierno arrastra los primeros copos…

Brillante en sus interpretaciones, la película descansa principalmente en Carey Mulligan, actriz con un notable instinto natural para la interpretación que explota aquí todas sus cualidades, llenando su personaje de matices y recovecos con apenas gestos y miradas, y que transita desde la contención y la corrección absolutas a la desinhibición o incluso hasta la vulgaridad con una pasmosa credibilidad, y Ed Oxenbould, prácticamente perfecto, más si cabe incluso en aquellos aspectos más difíciles para un debutante, la comunicación no verbal, la expresividad gestual, el lenguaje facial. Ambos se benefician de la dirección contenida pero precisa de Dano, que se deja llevar, tal vez demasiado, por ese ritmo lánguido y entrecortado, pero resulta minuciosa y certera en su comedido pero devastador retrato del hundimiento del amor. Con la máxima economía de medios Dano alcanza la esencia del lenguaje cinematográfico, contar más con menos, construir una historia absorbente a partir de la cotidianidad más ambigua, de la emoción más pura. La austeridad formal traslada el foco a los personajes, que brillan en el drama de sus puntos de inflexión. Para Jerry es laboral, en torno a qué quiere hacer con su vida y su trabajo, cómo sentirse bien consigo mismo; para Jeanette es vital, la mujer que en sus bien entrados treinta no se resigna a vivir encerrada en casa, esposa de un marido que no la satisface, enclaustrada en la vida de familia media americana; para Joe, el nacimiento de nuevas experiencias y nuevos mundos, continuamente renovado con cada cambio de ciudad, la imposibilidad de echar raíces desde las que crecer. Y, de repente, el choque, el contraste entre el minimalismo en la forma y el estallido dramático de las interpretaciones, la tensión, el drama. Una buena historia sobre la callada desesperación en la que se desenvuelve la incertidumbre por el futuro pero, en particular, el adiós a la juventud.

Diálogos de celuloide: Algunos hombres buenos (A Few Good Men, Rob Reiner, 1992)

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-¡Tú no puedes encajar la verdad! Vivimos en un mundo que tiene muros y esos muros están vigilados por hombres armados. Yo tengo una responsabilidad mayor de la que tú jamás podrás imaginar. Lloras por Santiago y maldices. Tienes ese lujo. Pero la muerte de Santiago salvó vidas y mi existencia, aunque grotesca e incomprensible para ti, salva vidas. En zonas de tu interior de las que no charlas con los amiguetes, tú me quieres en ese muro, me necesitas en ese muro. Nosotros usamos palabras como honor, lealtad, que son la columna vertebral de una vida dedicada a defender algo y no tengo ni el tiempo ni las mínimas ganas de explicarme ante un hombre que se acuesta con la manta de la libertad que yo le proporciono y después cuestiona el modo en que lo hago.

(guion de Aaron Sorkin)

Seis destinos (Tales of Manhattan, Julien Duvivier, 1942)

Qué bello es vivir en La Torre de Babel, de Aragón Radio

Nueva entrega de mi sección en el programa La Torre de Babel, de Aragón Radio, la radio pública de Aragón, en este caso dedicada a Qué bello es vivir (It’s a Wonderful Life, Frank Capra, 1946), clásico navideño por excelencia… y por accidente.

La otra chica danesa: Copenhagen (Mark Raso, 2014)

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Muy pronto se advierte por dónde va a transitar esta película de Mark Raso: el manido tema del viaje físico como metáfora de la búsqueda de uno mismo, del ansia de regeneración personal, del reencontrarse, del renacer. Tratándose de norteamericanos en una bella ciudad nórdica de Europa retratada con cámara digital, la trama adquiere ciertos toques de choque cultural, pero básicamente se trata de una de esas películas que despectivamente calificaríamos “de autoayuda”. Joven inmaduro, atolondrado, huraño y egoísta (Gethin Anthony), pronto sabemos por qué (la prematura muerte del padre y la carencia de demás familia), espanta a todo el que osa acercarse a él desde el afecto y la ternura, incluido el amigo con el que ha decidido hacer un viaje a Dinamarca para encontrar a los únicos parientes vivos que le quedan, en particular a su abuelo, un hombre que apenas ha dado señales de vida tras la Segunda Guerra Mundial. Pero en el último momento, su amigo se presentó en el viaje con su prometida, y aunque los tres aceptaron viajar juntos, la mezcla no funciona. Will, que así se llama el muchacho, se queda solo, tirado en una ciudad extraña, en su proyecto de hallar a un desconocido, no sabe cómo ni por dónde empezar, y ahí aparece Effy (Frederikke Dahl Hansen), la camararera en prácticas del hotel donde él se hospeda, una joven inexperta y también bastante torpe, también con un pasado, necesariamente reciente, de pérdidas y carencias, que se convierte en su cicerone danés.

Desde ese momento, la película adquiere otro cariz. Deja de ser la nadería que parece en sus inicios y cobra otra dimensión, tampoco en exceso mayor en cuanto a forma, pero sí en su trasfondo. El peso del pasado como martillo escultor del presente y el futuro gana amplio protagonismo, al tiempo que la relación entre Will y Effy empieza a ajustarse poco a poco a los parámetros de la comedia romántica: encuentros y desencuentros, ayuda “desinteresada” a un náufrago de sí mismo, atracción mutua y súbitos e inesperados impedimentos que dificultan la relación… Will consuma su desastre personal (en los mismos días pierde a su mejor amigo, sufre un desengaño respecto a su familia danesa, conoce y pierde al sorprendente amor de su vida…), se refocila en su desastre vital, mientras Effy ve puesto en duda el único canal que a su temprana edad, proviniendo de una familia rota que improvisa en su día a día, ha encontrado para encauzar el desorden de su vida, para abrirse camino en una prematura etapa adulta. Continuar leyendo “La otra chica danesa: Copenhagen (Mark Raso, 2014)”