Diálogos de celuloide – Pijama para dos (Lover come back, Delbert Mann, 1961)

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-Yo no utilizo el sexo para conseguir un cliente.

-¿Cuándo lo utiliza?

-Nunca

-Mi más sincero pésame a su marido.

-No estoy casada.

-Me lo imaginaba.

Lover come back (1961). Guión de Stanley Shapiro y Paul Henning.

 

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Diálogos de celuloide – El apartamento (The apartment, Billy Wilder, 1960)

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C.C. BAXTER: Ya sabes, vivo como Robinson Crusoe, náufrago entre ocho millones de personas. Entonces, un día vi una huella en la arena, y allí estabas… Es algo maravilloso, ¡¡cena para dos!!

The apartment. (Billy Wilder, 1960).

Romance del revés: Amores con un extraño

Esta película un tanto olvidada es una de las más importantes muestras del talento narrativo de Robert Mulligan, célebre director de Matar a un ruiseñor (1962), que al año siguiente encaró un proyecto diametralmente opuesto que se mueve de manera bastante original y con una estructura y un estilo poco comunes entre el drama y la comedia romántica, siguiendo un camino que quizá demasiado a menudo se cuenta en sentido contrario. Mulligan parte de una situación dramática, casi desesperada, para construir una historia de descubrimiento y crecimiento personal que deriva en una comedia sentimental con algunos gags muy logrados y que se basa fundamentalmente en la química dramática y cómica de la pareja protagonista, nada menos que Natalie Wood, conmovedora en la primera mitad del filme, absolutamente adorable en su conclusión, y el gran Steve McQueen, que aparca la dura personalidad habitual que habitualmente ofrece en pantalla (y también las cabriolas motociclistas por la frontera suiza de ese mismo año a las órdenes de John Sturges en La gran evasión) para componer el retrato de un hombre díscolo e irresponsable que ha de madurar de golpe.

La película se zambulle en un intenso drama nada más comenzar: en una reunión del sindicato de músicos de Nueva York a la que los afiliados sin trabajo acuden en busca de algún encargo para salir del paso, la joven Angie (Natalie Wood) se mezcla con la concurrencia de la atestada sala en busca de Rocky (McQueen). Pero no para ofrecerle trabajo, sino para recordarle cierta noche de unos meses atrás en la que ambos disfrutaron de un amor de fin de semana en una cabaña tras una de sus actuaciones. Y el objeto de su recordatorio no es otro que informarle de que de aquel amor pasajero surgió precisamente eso, un pasajero que saldrá al exterior en apenas unos meses. La situación convulsiona las vidas de ambos: Angie es una joven que busca libertad en el seno de una familia tradicional italiana; sus hermanos la sobreprotegen tanto y su madre asume un control tan directo de su vida y de su futuro que se ahoga, que necesita cada vez más un espacio propio en el que tomar las riendas de su vida. Su trabajo en unos grandes almacenes le ofrecen la posibilidad de conocer gente, pero el tipo de hombres que allí podrían fijarse en ella no le interesan. Un amigo de la familia, un hombre ya algo mayor que bebe los vientos por ella, igualmente de origen italiano y por tanto continuador de la tradición familiar, el hombre que su madre y sus hermanos han escogido para ella, no le apasiona, aunque siempre sería un último recurso de salvación llegado el caso. Por otro lado, Rocky es un irresponsable, un mujeriego que aprovecha sus esporádicos trabajos para conseguir ligues. Uno de ellos es precisamente quien le tiene en su casa y trabaja para pagar el alquiler mientras Rocky intenta conseguir actuaciones o audiciones. Con un niño en camino, la amenaza de estallido de la situación les obliga, como forma más “cómoda” y rápida de salir del paso, a buscar el camino más corto: el aborto.

El talento de Mulligan reside en sus elecciones para contar la historia. En vez de realizar una película convencional, en la que el preludio romántico dé paso al drama de una criatura ni buscada ni deseada, empieza por este segundo punto, convirtiendo el prólogo en una gran elipsis que permite al espectador completar la película dentro de su cabeza. Ese prólogo que no ve caracteriza inmediatamente a ambos personajes: Rocky es un tarambana, aprovecha sus juergas musicales para llevarse chicas a la cama, no cree en relaciones duraderas ni mucho menos en el matrimonio. En cambio, ella es idealista y romántica, y un puntito ingenua, y cree que de una noche de pasión puede nacer una historia de amor profunda y eterna. La cruda realidad trastoca de manera irreversible los planes de ambos. O, mejor dicho, la manera de revertirlo va acompañada de una toma de decisiones en nada gratuita. Continuar leyendo “Romance del revés: Amores con un extraño”

Mis escenas favoritas – El apartamento

Si algo hemos aprendido del cine, del buen cine, es que, por mal que vayan las cosas, por muy mal que nos hagan sentir las circunstancias adversas, siempre queda un mañana, siempre hay algo o alguien que nos recuerda que lo más hermoso de la vida, que eso que nos acerca a lo que entendemos por felicidad, se encuentra en las pequeñas cosas y que éstas, al final, resultan ser las más grandes: una mirada cálida, una sonrisa, la mejor de las compañías, una canción, un libro, un poema, una película, un día de sol o un día de lluvia… Uf, lo dejo, que parezco Isabel Coixet…

¿Hace una partidita?

Feliz 2010 (odisea dos) para todos.