Feliz Navidad (2ª parte) – Todos dicen I love you

En la delicia musical Todos dicen I love you (1996), Woody Allen incluye un sentido homenaje a Groucho Marx, en particular a la escena precedente, perteneciente al principio de la magistral El conflicto de los Marx (Animal Crackers, 1930). Allen, que utiliza un fragmento de ese pasaje musical de Groucho (I must beeee goiiiiiiing…) para los créditos de Si la cosa funciona (2009), rinde así pleitesía a una de las razones que, según él mismo expone casi al final de su clásico Manhattan (1977), hacen que la vida valga la pena.

Y como no podemos estar más de acuerdo con el genio de Brooklyn, aprovechamos ese magnífico homenaje musical para desear a todos los escalones unos días muy felices en compañía de aquellas personas, animales y cosas que más quieren.

I love you, my steps… ¡FELIZ NAVIDAD!

Cine en serie – Rounders

rounders

POKER DE FOTOGRAMAS (III)

Texto de Ricard Aumedes para 39escalones.

Rounders se estrenó el 11 de septiembre de 1998 en 2.176 salas de cine, recaudó 8,5 millones de dólares durante su primer fin de semana y posteriormente 22,9 millones de dólares en Estados Unidos. El crítico de cine Roger Ebert le dio a la película 3 de 4 estrellas y su opinión en el New York Times fue, “Rounders a veces tiene un aspecto negro pero nunca tiene un sentido negro porque no trata sobre los perdedores (o al menos no lo admite). Básicamente se trata una fotografía de deportes, en la que gana el héroe de talento, se enfrenta a casos de desastre y luego se empareja una vez más contra el campeón”.

A pesar de un estreno en cines anodina, Rounders ha pasado a ser un clásico de culto, especialmente entre los entusiastas del poker. Algunas personas dicen que la película es la responsable directa del reciente aumento de la popularidad del juego de poker Texas hold’em; sin embargo, para otras, el aumento sustancial en la popularidad de esta modalidad de poker no tiene nada que ver con la película; sin embargo, años después de su estreno, es más que relevante la coincidencia entre ese aumento y el éxito de la película. De ahí que se comente que Rounders es la mejor película de poker que jamás se ha realizado.

Rounders empieza con un joven estudiante de derecho, Mike McDermott (Matt Damon), que pierde todo su dinero (30.000 dolares) en una partida de poker Texas hold’em contra Teddy “KGB” (John Malkovich), un mafioso ruso que dirige una sala de poker ilegal que Mike suele frecuentar. Aturdido por la pérdida decide concentrarse en sus estudios y le hace la promesa a su novia (Gretchen Mol) de no volver a jugar al poker nunca más. Knish (John Turturro) se ofrece para financiar a Mike después de haber visto como perdía todo su dinero contra Teddy. Mike decide aceptar un trabajo a tiempo parcial conduciendo un camión de reparto de Knish. Las cosas para Mike darán un vuelco enorme cuando su mejor amigo “Gusano” Murphy (Edward Norton) sale de la cárcel y vuelve a llevarle por el camino de las mesas de juego. Mike, entusiasta del poker, decide volver a jugar para ayudar a Gusano a pagar todas las deudas que tiene pendientes, pero a consecuencia de ello pierde a su novia, ya que ella se convence de que no podrá dejar de jugar nunca. En el transcurso de la película se suceden infinidad de acontecimientos que llevarán a Mike a jugar en la serie mundial de poker.
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La tienda de los horrores – El reino de los cielos

cielos

Un tema atractivo: Las Cruzadas. Un director de renombre: Ridley Scott. Un reparto de altura (por el caché más que nada): Orlando Bloom (por cierto, la foto no pertenece a ninguna evacuación intestinal, aunque se encuentre en cuclillas y con careto de trance), Liam Neeson, Jeremy Irons, Edward Norton, Michael Sheen (Tony Blair, para entendernos), Brendan Gleason, Eva Green, Ulrich Thomsen, David Thewlis… Un presupuesto enorme al estilo Hollywood: ciento treinta millones de dólares. Un guión creado por cuotas para garantizar la atracción de todos los públicos: tanto por ciento de épica, tanto de romance, tanto de violencia, tanto de mensajes políticos subrepticios, tantos personajes buenos, tantos malos… Grandes expectativas: abundantes y majestuosas localizaciones, vestuario y escenarios meticulosamente recreados, ordenador potente con el que maquillar errores, redondear atmósferas o crear ejércitos en medio de la nada. Resultado: un cagarro mayúsculo, inigualable, de récord.

Segunda ocasión en que Scott aparece en esta sección tras Gladiator, pero no es para menos. Cielos, sí. Esa es la expresión recurrente que, invocada como una desesperada plegaria ante el hecho de haber perdido ciento cuarenta y cuatro irrecuperables minutos de existencia con el visionado de este engendro, acude irremisiblemente a la garganta, no se sabe si por el deseo de que la divinidad nos guarde de otros bodrios semejantes o por la incredulidad de haber asistido a uno de los fiascos más clamorosos del cine reciente, de 2005 en concreto, cuando parecía tenerlo todo a favor.

Pero el tiro de gracia, lo que resulta ya de juzgado de guardia, es la unánime acogida favorable a este petardo por parte de la crítica, no ya la americana, acostumbrada a dejarse impresionar por grandilocuentes ramplonerías, sino por la europea, en la que el criterio, sometido a otras preferencias, empieza a no sobrar. Ante ciertos comentarios entusiastas sobre la película, cabe preguntarse si toda la crítica “especializada” se ha vendido ya a los intereses comerciales o corporativos de los medios para los que trabajan o si, simplemente, les ha dado un tabardillo. La historia, que tantas posibilidades hubiera permitido a poco que Scott se hubiera acercado a un fenómeno histórico de tanto calado y tanta riqueza cultural, espiritual y política como Las Cruzadas con algo de sinceridad, seriedad, curiosidad y rigor, es la devaluación en clave contemporánea pasada por la batidora de los tópicos más nauseabundos, los mensajes más superficiales y políticamente correctos y cierta mentalidad de culebrón barato, de uno de los episodios más emblemáticos de la Edad Media y del que más conclusiones pueden extraerse en orden a entender las relaciones entre el Próximo Oriente y Occidente. Sin embargo, la película se queda en mera y pretenciosa ambición formal y renuncia totalmente a explorar cualquier aspecto intelectual, cultural o que invite a la reflexión más allá de los cuatro manidos eslóganes tipo “We are the world, we are the children” que diferentes personajes cacarean en plan Kofi Annan de tercera división a lo largo del metraje. Continuar leyendo “La tienda de los horrores – El reino de los cielos”