Diario Aragonés – El árbol de la vida

Título original: The tree of life
Año: 2011
Nacionalidad: Estados Unidos
Dirección: Terrence Malick
Guión: Terrence Malick
Música: Alexandre Desplat
Fotografía: Emmanuel Lubezki
Reparto: Brad Pitt, Sean Penn, Hunter McCracken, Jessica Chastain, Fiona Shaw, Crystal Mantecon, Pell James, Joanna Going
Duración: 138 minutos
Estreno en España: 16 de septiembre de 2011

Sinopsis: La infancia de Jack durante los años cincuenta, rememorada hoy por un Jack adulto, desorientado y consumido por los sentimientos de soledad y pérdida, forma parte del complejo y fascinante puzzle de la vida y el universo.

Comentario: La última película del carísimo de ver Terrence Malick, vencedora de la pasada edición del Festival de Cannes, amenaza con convertirse en uno de los títulos más controvertidos de la temporada de estrenos recién iniciada. Eso, si el público se hace partícipe y acude a verla, cosa nada fácil vistas las nulas intenciones de Malick de ceñirse a las convenciones o de someterse a las modas cinematográficas más populares o rentables para la taquilla pese a contar como cabeza de reparto con una estrella como Brad Pitt y con el siempre estupendo Sean Penn como secundario de lujo.

Contrastado cineasta de películas paridas con cuentagotas (solamente cinco producciones en casi cuarenta años: Malas tierras, 1973; Días del cielo, 1978; La delgada línea roja, 1998; El nuevo mundo, 2005) pero inmensamente bellas y narrativamente poco convencionales, aunque profundas, reflexivas, inteligentes y temáticamente inabarcables, aborda en El árbol de la vida, a partir de la historia de un niño llamado Jack, que crece en un entorno aparentemente idílico que aúna las promesas del sueño americano con el sobrecogedor espectáculo de la naturaleza, cuestiones complejas como el origen del universo, el nacimiento de la vida, el ciclo existencial y el sentido de nuestra presencia en el mundo. Esta aproximación se realiza a través de la observación (más que de la narración) de distintas vivencias de la familia de Jack durante su niñez, así como de los efectos que su recuerdo y especialmente el de su hermano fallecido a los diecinueve años han tenido en su vida, ya como adulto. Unas imágenes que van acompañadas, en algunos momentos sin evitar caer en el ensimismamiento, tanto de largas tomas con composiciones cromáticas que emulan los procesos químicos que formaron el universo, las estrellas, los planetas y las primeras criaturas vivas de la Tierra, como de estampas naturalistas que se detienen en la minuciosa contemplación de parajes de una belleza desarmante o bien recrean el nacimiento de las primeras bestias prehistóricas. Este es quizá el mayor argumento que poseen a su favor quienes acusan a Malick de saltarse la línea que separa la reflexión intelectual del ridículo más espantoso al introducir en su película los dinosaurios recreados por ordenador.

La película, por tanto, posee una doble vertiente de tonos y formas. En primer lugar, la historia de Jack y su familia, en la que su madre (Jessica Chastain) es la encarnación de la bondad, el cariño y el amor, mientras que su padre (Brad Pitt) personifica la severidad y la disciplina que considera valores supremos e imprescindibles para la correcta educación y preparación de sus hijos, para su conocimiento y aprendizaje de cara al enfrentamiento con su futuro, unos esquemas vitales que ha asumido a partir de su admiración y adoración por algunos de los más importantes compositores clásicos. Igualmente, entra dentro de este aspecto la aparición del Jack adulto (Sean Penn), ahogado y consumido en un estado de soledad y pérdida, prisionero de su necesidad de buscar respuestas para encontrar sosiego y redención a su sentimiento de culpa derivado de haber sobrevivido a su hermano. [continuar leyendo]

La tienda de los horrores – Barba Azul

Madre del amor hermoso… Hasta directores clásicos con una carrera salpicada de títulos apreciables que han posibilitado su paso a la posteridad y su reconocimiento por parte del gran público tienen pequeños horrores que esconder en lo más hondo de sus filmografías. Es el caso de Edward Dmytryk, que en una trayectoria, eso sí, plagada de mediocridades, se apuntó no obstante excelentes tantos como Historia de un detective (1945), una de las cimas del cine negro de todos los tiempos, la mítica Encrucijada de odios (1947), el western Lanza rota (1954), la memorable El motín del Caine (1954), el melodrama de época El árbol de la vida (1957), y ya enfilando su declive, el bélico El baile de los malditos (1958) y el western El hombre de las pistolas de oro (1959). Un currículum de casi cuarenta años con una larga etapa de decadencia iniciada en los sesenta y que culminó en películas americanas de serie B y coproducciones europeas de todo pelaje, entre las que destaca esta cosa de 1972 titulada Barba Azul, película franco-italo-germano-húngara que mejor hubiera hecho quedándose para siempre entre los proyectos inconclusos.

Parodia involuntaria, hilarante despropósito que termina riéndose de sí misma, esta adaptación de la clásica historia de Perrault, múltiples veces llevada al cine con mejor fortuna bajo distintas identidades y parámetros geográficos, relata la historia del barón Von Sepper (nada menos que Richard Burton, que en el más allá todavía se estará revolcando en azufre pensando en cómo pudo participar en esto), un héroe de guerra, un aviador famoso que, derribado por los rusos, se supone que en la I Guerra Mundial (los biplanos, el vestuario y la ambientación nos indican que estamos en el periodo de entreguerras), sufrió una curiosa mutación facial a raíz de la alta temperatura del aparato incendiado y de la pigmentación de la pintura derretida que terminó por colorearle la barba, literalmente, de azul. Este pequeño detalle no es nada comparado a las aficiones del gachó. Porque, aparte de vivir en un castillo de colorines que parece una mezcla entre Disney y los travestorros marca Almodóvar, el fulano está como una maraca. Acuciado por los problemas mentales derivados de su impotencia sexual y un trauma infantil mal digerido a causa de las difíciles y extrañas relaciones con su madre, el hombre se dedica a cargarse a toda mujer con la que está a punto de estar a punto, uséase, de irse al catre a folgar, que dirían los medievales. Con el inestimable concurso del vejestorio que hace las veces de criada desequilibrada, y coleccionando los cadáveres de sus esposas a medida que se las va cepillando en una especie de galería del terror, el Barón aprovecha que Anne, su última esposa, le ha cogido en un renuncio y ha descubierto el pastel, para, una vez advertida de que con la llegada del amanecer le llegará el turno de que le canten el gori-gori, para relatarle su carrera criminal en plan flashback. Continuar leyendo “La tienda de los horrores – Barba Azul”