Diálogos de celuloide: Trumbo (Jay Roach, 2015)

-Papá, ¿eres comunista?
-Lo soy.
-¿Eso es ilegal?
-No lo es.
-La señora del sombrero grande dijo que eres un radical peligroso. ¿Lo eres?
-¿Radical? Tal vez… ¿Peligroso? Solo para los que me tiran refrescos a la cara… Amo a nuestro país y tenemos un buen gobierno. Pero lo bueno puede mejorar ¿no crees?
-¿Mamá es una comunista?
-No.
-¿Y yo?
-Vamos a hacerte la prueba oficial. Mamá te hace tu comida preferida…
-Sándwich de jamón y queso.
-Sándwich de jamón y queso. Y en el colegio ves a alguien que no tiene comida. ¿Qué haces?
-Compartir.
-¿Compartir…? ¿No le dices que se busque un trabajo?
-No.
.Ah, ya… Les ofreces un préstamo al 6%, muy lista…
-¡Papá!
-Ah, entonces los ignoras.
-No.
-Vaya, vaya… Pequeña roja…

Trumbo (Jay Roach, 2015). Guion de John McNamara.

Música para una banda sonora vital – Super 8

Uno de los pocos grandes aciertos que se anota en su haber Super 8, otra supuesta genialidad fruto del presunto talento de J. J. Abrams, individuo encumbrado por esas cosas del marketing y la publicidad como el nuevo genio (al menos por este año e igual el que viene, hasta que sea sustituido por otro que tenga más dinero que él para pensar) de esta cosa del cine palomitero y sin sustancia, un tipo cuya mayor virtud ha consistido en hacerse rico con una serie de televisión que plagia, banaliza y pervierte El señor de las moscas…, la mayor virtud de la película, decíamos, consiste en la disponibilidad por parte de Abrams de un buen puñado de dólares para adquirir los derechos de importantes temas del rock de los años setenta con los que adornar estratégicamente una banda sonora, por lo demás, demasiado proclive a las estridencias con que acompañar la cacharrería imperante. Es el caso de Don’t bring me down, de la ELO (Electric Light Orchestra), que sirve además para decorar los créditos finales.

Por lo demás, Super 8, sin ser horrible, demuestra la esencia del talento de Abrams, es decir, la suerte y los dólares para contar con el beneplácito de Steven Spielberg para el refrito de sus películas infantojuveniles de aventuras, incluidas las que tienen alienígenas de por medio, durante la primera mitad de la película, sin ofrecer nada nuevo, limitándose a dar una capa de barniz transparente a lo que ya se hizo quince años atrás, y su incapacidad para dar una respuesta coherente y satisfactoria en la segunda mitad del filme, a cada minuto más rutinario, previsible, tonto y facilón, hasta estropearlo inevitablemente y dejarlo muy por debajo de las expectativas a cubrir. Y así, Abrams demuestra que, como ya le ocurriera a Spielberg en su día, una cosa es contar con el respaldo económico que permite parir ideas peregrinas, y otra muy distinta ser poseedor de la inteligencia y el talento de producir ideas y tener que buscar dinero para darles forma. O, como decía Picasso: un pintor es el que pinta lo que vende; un artista es el que vende lo que pinta. Buenos pintores, Spielberg y Abrams. Pero el arte es otra cosa.

Diario Aragonés – Somewhere

Título original: Somewhere
Año: 2010
Nacionalidad: Estados Unidos
Dirección: Sofia Coppola
Guión: Sofia Coppola
Música: Phoenix
Fotografía: Harris Savides
Reparto: Stephen Dorff, Elle Fanning, Chris Pontius, Michelle Monaghan, Kristina Shannon, Karissa Shannon
Duración: 98 minutos

Sinopsis: La vacía vida de Johnny Marco, una estrella del cine de acción, sufre un vuelco cuando se presenta su hija de once años, fruto de un antiguo matrimonio fracasado. El tedio diario entre lujos materiales, compromisos promocionales y esporádicas aventuras con mujeres desconocidas se transforma para Johnny por un breve tiempo en algo parecido a una vida familiar afectuosa.

Comentario: En su última película, Sofia Coppola repite el exitoso esquema de Lost in translation, es decir, actor veterano ya de vuelta de todo, aburrido, perdido, desencantado (Stephen Dorff), y una presencia joven y refrescante que le obliga a plantearse la búsqueda de un punto desde el que empezar de nuevo (Elle Faning). La variante es que esta vez se trata de padre e hija, si bien resultado de un matrimonio fracasado.

Continuando con las similitudes, Somewhere posee igualmente el mismo tono frío, distante y carente de tensión empleado por Coppola en su mayor éxito crítico y de taquilla hasta la fecha. La directora adopta una perspectiva lejana, remota, aséptica, para presentar la decadencia de un actor devorado por la vaciedad de su trabajo en un cine sin alicientes. Giras de promoción, hoteles, ruedas de prensa, cócteles, eventos de sociedad, y una vida casera entre su lujosa casa y la conducción de su Ferrari, son las coordenadas por las que transcurre su día a día. Pocos diálogos, buena parte de ellos referidos a temas banales o a mero intercambio de monosílabos en cuestiones cotidianas o de trámite, localizaciones gélidas, sin personalidad, de mobiliario rutinario o escaso, un empleo mínimo de la música -aun haciendo gala del gusto de Sofia Coppola por la música independiente- y de la banda de sonido, y un ritmo cansino, entrecortado y uniforme, sin altibajos de argumento, sin clímax, sin un estallido de conflicto, sin acción o intensidad dramática alguna, son los medios que utiliza la cineasta para presentar una historia muy influida por cierta forma de contar cosas propia de los directores franceses de la nouvelle vague. Esta opción narrativa de Coppola puede interpretarse como un coherente ejercicio de estilo cuya finalidad sería hacer partícipe al espectador de estas mismas sensaciones del personaje, intentar que ese sentimiento de desorientación y hastío salte al otro lado de la pantalla y contagie al público. Posiblemente, el éxito de la directora en esta operación sea el primer responsable de que la película resulte hueca, lenta, sosa y poco interesante [continuar leyendo]