Mis escenas favoritas: Las petroleras (Les pétroleuses, Christian-Jaque, 1971)

Las cosas como son. De todo el western europeo, el western francés es, con diferencia (y con permiso del alemán), el peor de todos (que ya es decir), con la salvedad de Sol rojo (Soleil rouge, Terence Young, 1971), seguramente porque en ella lo más francés que hay es Alain Delon.

Dentro de las castañas que suelen ser los westerns franceses, este de Christian-Jaque resultaría especialmente espantoso si no fuera por la presencia de Brigitte Bardot y Claudia Cardinale, en particular en esta secuencia de lucha en la arena de España, que es donde se rodó la película (en Tabernas, Almería, y Cascajares de la Sierra, Burgos). Como coproducción española que es, en la película aparecen también conocidos rostros hispánicos y asimilados como Patty Sheppard, Emma Cohen, José Luis López Vázquez, Teresa Rabal, Manuel Zarzo, José María Caffarel o Teresa Gimpera. Pero BB y CC, son BB y CC.

Diálogos de celuloide: Solos en la madrugada (José Luis Garci, 1978)

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Se van a acabar para siempre la nostalgia, el recuerdo de un pasado sórdido, la lástima por nosotros mismos. Se acabó la temporada que ha durado 38 hermosos años, estamos en 1977, somos adultos, a lo mejor un poquito contrahechos, pero adultos. Ya no tenemos papá. ¿Qué cosa, eh? Somos huérfanos gracias a Dios y estamos maravillosamente desamparados ante el mundo. Bueno, pues hay que enfrentarse al mundo y con esa cepa que nos da ese aire garboso. Tenemos que convencernos de que somos iguales a los otros seres que andan por ahí, por Francia, por Suecia, por Inglaterra. En septiembre ya no vamos a reunirnos solos en la madrugada para contarnos nuestras penas, para mirarnos el ombligo, para seguir siendo mártires, para sufrir. No, a partir de ahora y aunque sigamos siendo igual de minusválidos vamos a intentar luchar por lo que creemos que hay que luchar, por la libertad, por la felicidad. Hay que hacer algo, ¿no? Para alguna cosa tendrá que servir el cambio. Pues venga, vamos a cambiar de vida. A ti Rosi ¿Qué té pasa? Que tu vida con Andrés y los chicos no te gusta ¿no? Pues fuera, cada uno por su lado pero con dos ovarios como si fuésemos mayores. Y tú, Nacho, ¿qué? ¿No te ha tirado siempre lo otro? Pues venga, guerra, pero sin tapujos. Ponte peineta y a ello, pero con dignidad, con la cara bien alta, que no pasa nada. Vamos a ver Andrés, ¿tú no querías dejar esas contabilidades y vivir sólo con el sueldo? ¿Qué esperas? ¿Qué no puedes? Claro que puedes. Plántate, plántate con Hernández, con Gil, con Troncoso, plantáos y a pedir un sueldo digno, ya verás cómo se acojonan los de la planta noble, y a vivir como un ser humano y no como un robot, a vivir con tus hijos, a charlar con tu mujer. ¿O no? Hay que comprometerse con uno mismo, hay que tratar de ser uno mismo, hay que ir a las libertades personales. Margarita de mi vida, ya no me sirve eso que me dices siempre de que te pasas la vida metida en casa, de que Vicente no te saca. ¿Qué pasa? Quieres ir al cine y Vicente no quiere, pues vete al cine, fíjate que sencillo. Ese metro, ese autobús, me da una butaca y ya está, ya has visto a Paul Newman, que era lo que querías. Se ha terminado eso de ser víctimas de la vida, hay que vencer a la vida. Hay que tomar el mando en la cama. Si lo que quieres es un televisor en color, cómprate el más grande que encuentres porque es lo que quieres, no ahorres cuatro perras para dejarlas a los hijos, disfrutad de la vida vosotros porque es vuestra vida y porque además esas cuatro perras luego no van a ser nada. Hay que empezar a tratar de ser libres. Yo también quiero ser libre. No quiero tener que mentirme tanto. Sé que tengo que ser algo… A lo mejor escuchar, escuchar más a la gente o hacer un programa de radio para adultos, para hablar de las cosas de hoy porque no podemos pasar otros cuarenta años hablando de los cuarenta años. Ese viejo disco que vais a escuchar es el último de una melodía que no oiremos más. Yo os prometo que Ray Peterson, Raimundo Pérez si hubiese nacido en el Imperio, no volverá a decirle a Laura que la quiere porque es que Laura tiene treinta y cinco castañas, cinco hijos y está casada con uno de Arkansas y eso hay que afrontarlo. No soy político, ni sociólogo pero creo que lo que deberíamos hacer es darnos la libertad los unos a los otros, aunque sea una libertad condicional. Pues vamos, yo creo que sí podemos hacerlo, creo que sí. No debe preocuparnos si cuesta al principio porque lo importante es que al final habremos recuperado la convivencia, el amor, la ilusión. Pues no cabe duda, al vegetar estamos acabando. Vamos a vivir por algo nuevo. Vamos, vamos a cambiar la vida por nosotros. ¡¡Vamos!!

Guion de José Luis Garci y José María González Sinde.

Köñensonaten: fragmento de Cuentos eróticos (1979)

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Dentro de la irregular, mediocre, aburrida y a ratos estomagante película colectiva Cuentos eróticos, proyecto en el que un puñado de jóvenes (para entonces) directores españoles, presentados por Luis García Berlanga, filman nueve historias que cuentan con el sexo y el erotismo como temática común, destaca la pieza de Fernando Colomo, Köñensonaten, hilarante parodia del cine de Ingmar Bergman, cineasta de culto para aquella generación, que es emulado aquí con mucha sorna por un Colomo que pocas veces antes y después ha rayado a tanta altura en agudeza humorística. Colomo pervierte a la perfección los temas, las estéticas, la realización, los diálogos y las situaciones del gran director sueco para confeccionar un fragmento impagable que es, sin lugar a dudas, lo más rescatable de una película anodina.

Cine para pensar – El rey pasmado

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Que Dios me perdone, pero ese hombre no cree en Dios.

Qué dice, padre Almeida…

Ese hombre sólo cree en la Santa Madre Iglesia Católica Apostólica y Romana, dentro de la cual espera medrar, y sobre todo, mandar.

Para haber vivido tanto tiempo entre salvajes, su paternidad manifiesta un profundo conocimiento de los hombres civilizados.

Es que los salvajes no creerán en nuestro Dios, pero sí creen de verdad en los suyos.

Este diálogo publicado en esta misma escalera hace algo más de un año no se refiere a José María Escrivá de Balaguer, fundador de una secta católica denominada Opius Dei que años después compró su santidad al Vaticano con cuantiosos emolumentos y oscuros y subterráneos servicios prestados, polémica figura a la que se ensalza y critica por igual (aunque las críticas vengan sostenidas con un rigor y unos hechos difícilmente rebatibles con otra cosa que no sea la fe, que, como ya se sabe, es a medida de uno mismo, o el fanatismo, que es a medida de otros) y al que una mente preclara del Ayuntamiento de la “siempre heroica” e “inmortal” (aunque con hechos como éste lleva camino de perder la “t” de su histórico apelativo) ciudad de Zaragoza ha decidido ponerle una calle en pleno centro urbano en sustitución de su actual nombre tributario de un general golpista y en aplicación de la Ley de Memoria Histórica: utilizando la paradoja evangélica, una vez más se sale de la sartén para caer en las brasas; se pasa de nombrar a una calle como un partidario, discreto y de segunda fila, de Franco, a sustituirlo, con grandes dosis de maquillaje mercadotécnico y con un estrafalario argumentario pseudopolítico aparentemente democrático de la Señorita Pepis, por el de uno de sus más firmes apoyos y sostenes durante cuarenta años de larga y criminal dictadura. Lo cual está dicho y escrito por él mismo, por si acaso alguien cae en la tentación (lo cual es pecado, recuerdo) de discutirlo o de intentar matizar una verdad histórica indiscutible o de rehabilitar con deformaciones interesadas a semejante personaje al que la Iglesia ha elevado a los altares sin que la necesidad de inventarle un milagro sobrenatural haya sido obstáculo para ello en pleno siglo XXI. El favor con favor se paga.

Y decimos que el diálogo no va sobre este individuo, pero bien podría ser. La conversación tiene lugar en el breve descanso de una Consulta de Teólogos convocada por el Conde Duque de Olivares (espléndido como nunca Javier Gurruchaga), valido del rey Felipe IV de Castilla y III de Aragón, que tiene como objeto dilucidar si el augusto soberano tiene derecho a ver a su esposa desnuda, “por muy francesa que sea”, y si tal antojo responde a la sospechosa presencia del Maligno en la Villa y Corte, tal como parecen augurar las inusuales señales en el cielo vistas en las pasadas noches. El padre Almeida (el actor portugués Joaquin de Almeida), un jesuita recién llegado de Brasil, habla con el Gran Inquisidor (el gran Fernando Fernán Gómez) sobre el capellán de la Corte, Villaescusa (superlativo Juan Diego), hombre intolerante, autoritario y que no vacila en la utilización de métodos criminales para la imposición de la recta fe. Continuar leyendo “Cine para pensar – El rey pasmado”