Mis escenas favoritas – Viva la clase media (José María González Sinde, 1980)

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A la vista de las últimas películas de José Luis Garci (especialmente su Sherlock Holmes…), más de uno querría que terminara justamente como en esta secuencia de la película de su amigo y colega José María González Sinde. Una crónica agridulce de una España situada en plena transición y contada a través de las vivencias de un grupo de ciudadanos de clase media más o menos simpatizantes o militantes del partido comunista (no perderse el cartel del filme, con Marx y Lenin invitados a la boda…). Significativamente, Garci se zurra aquí con un americano…

Köñensonaten: fragmento de Cuentos eróticos (1979)

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Dentro de la irregular, mediocre, aburrida y a ratos estomagante película colectiva Cuentos eróticos, proyecto en el que un puñado de jóvenes (para entonces) directores españoles, presentados por Luis García Berlanga, filman nueve historias que cuentan con el sexo y el erotismo como temática común, destaca la pieza de Fernando Colomo, Köñensonaten, hilarante parodia del cine de Ingmar Bergman, cineasta de culto para aquella generación, que es emulado aquí con mucha sorna por un Colomo que pocas veces antes y después ha rayado a tanta altura en agudeza humorística. Colomo pervierte a la perfección los temas, las estéticas, la realización, los diálogos y las situaciones del gran director sueco para confeccionar un fragmento impagable que es, sin lugar a dudas, lo más rescatable de una película anodina.

Música para una banda sonora vital – La flaqueza del bolchevique

Para Raúl Ariza, escritor elefantiásico, porque sabemos que esta película le llega.

Uno de los muchos aciertos de La flaqueza del bolchevique, dirigida en 2003 por Manuel Martín Cuenca, estupenda adaptación de la novela de Lorenzo Silva, que también colabora en el guión, protagonizada por el omnipresente Luis Tosar y María Valverde, es adornar su banda sonora con tres temazos de Extremoduro: Standby, A fuego y Puta.

Lejos de ser un grupo de greñudos pelanas ruidosos, los extremeños combinan las armonías guitarreras con un lenguaje de una notable contundencia verbal inscrito en las coordenadas de un cáustico lirismo poético que hace que su música no sea el típico ‘ruido’ de rockeros sin duchar, sino que posee una inusitada y profunda sensibilidad que no evita que llamen a las cosas por su nombre. Su vena más artística puede comprobarse en la primera propina, Dulce introducción al caos, pedazo de tema con homenaje a Bach incluido; sus primeros tiempos como grupo outsider con un puntito gamberro quedan demostrados con la segunda propina: Extremaydura.


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