Música para una banda sonora vital: El color del dinero (The color of money, Martin Scorsese, 1986)

La cinefilia de Martin Scorsese llega al extremo de continuar una de las más grandes películas americanas de todos los tiempos, El buscavidas (The hustler, Robert Rossen, 1961). En El color del dinero (The color of money, 1986), recupera a uno de los mejores personajes escritos para Hollywood, Eddie Felson (Paul Newman), genio del billar que, ahora retirado y dedicado a regentar una tienda de licores, descubre a una joven promesa del billar (Tom Cruise) que presume de no haber encontrado un rival de su talla.

Probablemente innecesaria, irregular y notoriamente inferior tanto respecto a la película de Rossen como a la filmografía de Scorsese de la década anterior (en una lenta pero incesante cuesta abajo que poco a poco le iba llevando hacia la impersonalidad que, con contadas excepciones, arrastra hoy en día), si la película tiene un interés es asistir a la impresionante interpretación de Paul Newman en un personaje que se le ajusta como un guante, muy superior a Tom Cruise entonces y en todo lo que este haya podido hacer después o haga en el futuro. Newman se come una película en la que le da la réplica Mary Elizabeth Mastrantonio, mientras Tom Cruise encarna su típico personaje de listillo gilipollas. Además, John Turturro, Forest Whitaker, Iggy Pop…

Eric Clapton, entre otros, puso música a su banda sonora: Is in the way that you use it, un tema puramente ochentero para el lucimiento guitarrístico de su compositor. Se supone que el título de la canción se refiere al taco de billar…

 

Música para una banda sonora vital – Agosto (Auguste Osage County, John Wells, 2013)

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Lo mejor de este “melodrama por aplastamiento” (dícese -según definición que nos acabamos de inventar- de la película cuya esencia dramática descansa en el enfrentamiento a varias bandas entre múltiples personajes a raíz de la improbable coincidencia en un mismo tiempo, lugar e individuos de todo el espectro de conflictos que caben en la pareja y en la institución familiar: complejos paterno-materno-filiales de toda índole, traumas infantiles a cascoporro, desencantos emocionales, incestos, crisis matrimoniales, rencores, resentimientos, frustraciones, infidelidades, pedofilia, incomunicación perpetua, etc, etc…), es la canción con que se abre y cierra el film, Lay down Sally, en su versión de “Slowhand” Eric Clapton.

En cuanto a la película, cuya mejor baza son los nombres de su reparto (Meryl Streep, Julia Roberts, Ewan McGregor, Chris Cooper, Abigail Breslin, Benedict Cumberbatch, Juliette Lewis, Dermot Mulroney, Sam Shepard…), no consigue elevarse por encima del original teatral de Tracy Letts, resultando demasiado retórica, impostada, forzada, sin lograr transmitir con veracidad y solidez el poliédrico combate de sentimientos que se establece entre unos personajes que terminan siendo meras perchas para el enunciado verborreico (y mucho, muchísimo) de cosas que no se llegan a sentir como auténticas. Mejor la música, no cabe duda.

Música para una banda sonora vital – Los amigos de Peter (I)

La banda sonora de esta película de Kenneth Branagh es un compendio de rock y pop de los ochenta que incluye nombres como The Pretenders, Cyndi Lauper, Paul Young, Eric Clapton, Elton John, Queen, Terence Trent D’Arby, Prefab Sprout, Tina Turner, Deacon Blue o The Pasadenas, con la incursión añadida de una clásica del jazz como Nina Simone.

Sin duda, rescataremos más temas esta banda sonora. En esta ocasión nos quedamos con la canción que abre la película, Everybody wants to rule the world, de los británicos Tears for fears, que actúa como hilo narrativo entre el prólogo de la película, situado en 1982, y el reencuentro de los protagonistas diez años después que constituye el motivo de la trama, mientras por la pantalla van desfilando acontecimientos de la vida pública británica acaecidos durante ese tiempo: la elección de Margaret Thatcher como primera ministro, la guerra de las Malvinas, las huelgas mineras, la boda de Carlos y Diana, las tragedias mortales en distintos campos de fútbol, la elección de John Major…

Y además, otro clásico, Hungry heart, de Bruce Springsteen, que engrosa la parte americana de la banda sonora.

El escalón número 33…

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El propietario y jefe de mantenimiento de esta escalera cumple hoy 33 inviernos aunque nadie lo diría por el magnífico estado de conservación de sus cicatrices y tornillos. Creo que el evento es hoy, aunque mi querida amiga nómada Marta se anticipara veinticuatro horas en su preciosa y entusiasta felicitación de ayer que no tengo palabras para agradecer como merece (especialmente por ligar mi llegada al mundo con el cine de Alfred Hitchcock, toda una debilidad para quien escribe), al igual que me sucede con quienes adornaron tan bonito detalle con su rauda y sentida felicitación por anticipado: Inma “La Mima”, Alba, Luisa, Fernando, Sonia, Marisa, Rosa, Chesús, Lucía, Sam, Carmen… Y digo que creo que el evento es hoy porque es posible, bastante razonable incluso, que el golpe recibido en el momento de mi “estrellato” me haya hecho perder la noción de tiempo y espacio y que la bola de cristal de Marta tenga razón: puede que en realidad naciera un 23-F (porque la cosa fue cuestión de minutos en torno a la medianoche), y también puede que mi aterrizaje tuviera lugar en Asturias y no en Zaragoza… Quizá la duda diera pie al verdadero Sir Alfred para una de sus oscuras historias de suspense y misterios de un pasado remoto y nebuloso. En cualquier caso, este Frankie se considera un tipo con suerte por contar con tantos y tan buenos amigos en los blogs y fuera de ellos. Dedicamos los vídeos de hoy a todos estos buenos amigos de uno y otro lado, agradecidos y emocionados.

Como marca la antigua y larga tradición en esta escalera iniciada el año pasado, los aniversarios se celebran con música. Por eso al principio ofrecemos un fragmento juglaresco del drama Enrique VI y proseguimos con esa hermosura de composición que es Primavera, de Ludovico Einaudi. Para cerrar, el grandioso colofón al concierto que tuvo lugar en el Royal Albert Hall de Londres en 1997 en favor de las víctimas de la erupción volcánica que sepultó casi en su totalidad la caribeña isla de Montserrat, y en el que intervienen músicos como Paul McCartney, Mark Knopfler, Eric Clapton, Elton John, Sting, Phil Collins y muchos otros.