Cine en fotos – Walter Matthau

Dibujo tomado de la web del diario El País (o lo que queda de él).

El modelo para el dibujo no es otro que Walter Matthau convertido en Walter Burns, el director del Chicago Examiner de Primera plana (The front page, Billy Wilder, 1974), ese periodista sin escrúpulos, sin principios (aunque, según el magnífico guión de Wilder e Izzy Diamond terminara sus días dando clases sobre la ética del periodismo), sin moral, sin vergüenza y sinvergüenza al que día tras día desde hace muchos años se empeña en imitar (no sólo físicamente, que cada día se parece más) Pedrojota.

Matthau se ha ganado la inmortalidad en el cine gracias a sus duplas con Jack Lemmon. Pero como villano alcanzó altísimas cotas dramáticas y artísticas: no hay más que ver su debut en El hombre de Kentucky (The Kentuckian, Burt Lancaster, 1955), Charada (Charade, Stanley Donen, 1963) o La gran estafa (Charley Varrick, Don Siegel, 1973).

(Foto en el minuto 4:46)

Cine en fotos – Terry O’Neill


Paul Newman y Lee Marvin caracterizados como Jim y Leonard, respectivamente, en Los indeseables (Pocket Money, Stuart Rosenberg, 1972).

TEXTO DE CAROLINE BRIGGS. BBC WORLD.
En los revueltos años 60, O’Neill marcó un hito en el arte de fotografiar a los famosos. Para él posaron iconos de la época como los Beatles, Paul Newman, Brigitte Bardot y los Rolling Stones. Pero para él, el éxito de su carrera se debe a un factor ajeno a las lentes: la suerte.

En Estados Unidos, O’Neill se encontró con Ava Gardner y Frank Sinatra, a quienes dedicó sus negativos. “Echando la vista atrás me doy cuenta de la vida tan increíble que he tenido”, dijo a la BBC desde su soleado estudio de Londres, mientras -como buen cazador cazado- se disponía a posar para una sesión fotográfica. “Cuando pienso que he conocido y pasado tiempo con toda esa gente… simplemente lo doy por hecho”. Y eso que nunca había pensado en ser fotógrafo profesional. “Era percusionista de jazz y quería ir a América, así que salí del ejército y me uní al departamento fotográfico de British Airways. Sólo lo hacía para pasar el tiempo”.

Un día, en un aeropuerto, vio a un hombre vestido con un traje a rayas, dormido entre un grupo de africanos ataviados con ropas tribales. Lo que a O’Neill le pareció sólo una foto divertida resultó ser un retrato de Rab Butler, secretario de Asuntos Exteriores británico. Un periódico le compró la imagen y O’Neill dio, sin quererlo, un giro de 180 grados a su carrera. Pronto se convirtió en una figura de culto -”el niño con una cámara de 35 mm” le llamaron- y comenzó a trabajar para el tabloide Daily Sketch. “Me ofrecieron el trabajo y me dije, ‘vamos a intentarlo’, de otro modo me hubiese pasado siete noches a la semana tocando la misma canción. Estaba harto de aquello”, confesó. Continuar leyendo