Diálogos de celuloide: Dos cabalgan juntos (Two Rode Together, John Ford, 1961)

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AYUDANTE: Sheriff, la viuda de Gómez va a tener un niño.

McKEY: Déle mi enhorabuena a Gómez.

AYUDANTE: ¡Pero, Sheriff! Gómez murió hace más de un año…

McKEY: Siempre dije que Gómez era uno de esos tipos que siguen dando guerra después de muertos.

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CORONEL: ¿No va a ayudarles, McKey? Esos colonos le están esperando como a un Moisés en el desierto, un Moisés que libere a sus hijos del cautiverio comanche.

McKEY: Pues si quieren un Moisés les costará quinientos dólares por barba.

CORONEL: ¿Así valora usted siempre la vida humana, sheriff?

McKEY: No siempre, mi coronel. Depende de cómo esté el mercado.

(guion de Frank S. Nugent, basado en el libro de Will Cook)

Mis escenas favoritas: Centauros del desierto (The Searchers, John Ford, 1956)

Esta obra maestra de John Ford acumula momentos inolvidables. Uno de ellos es este: “y nosotros no descansaremos”.

 

John Ford tiene banquillo: Caravana de paz (Wagon Master, 1950)

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Tras el fracaso de la ambiciosa -tanto en lo formal como, para Hollywood, en lo relativo al argumento- El fugitivo (The fugitive, 1947), la compañía Argosy, integrada por John Ford y su socio, el cineasta, antropólogo, explorador y militar de carrera Merian C. Cooper (codirector, entre otras, de King Kong en 1933), se encontraba en dificultades financieras que ponían en riesgo su supervivencia. La solución para reflotar la compañía era relativamente fácil; consistía en que Ford retornara al género que le había reportado sus mayores éxitos de taquilla o al menos al tipo de películas que no le habían hecho perder dinero o le habían proporcionado una modesta ganancia: el western. Fruto de ello fueron las películas que Ford realizó entre 1948 y 1950, todas ellas westerns, y que incluyen su famosa trilogía de la caballería –Fort Apache (1948), La legión invencible (1949) y Río Grande (1950)- además de la célebre Tres padrinos (The three godfathers, 1948) y la semidesconocida Caravana de paz (Wagon Master, 1950). Se trataba, al menos en origen, de películas de presupuestos ajustados, cortos planes de rodaje (Ford siempre destacó por respetar los límites monetarios y por cumplir estrictamente, y a veces a la baja, los calendarios de producción) y filmados con un equipo artístico y técnico más o menos estable o al menos fácilmente intercambiable de título a título. En esta Caravana de paz puede decirse que es el equipo B de la compañía estable de John Ford la que tiene la oportunidad de actuar como protagonista.

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Escrita por Patrick Ford y Frank S. Nugent, la trama es tan sencilla como requiere el contexto financiero de la compañía. Ward Bond interpreta al cabecilla de una caravana de mormones que viaja hacia el Oeste para instalarse en el fértil valle californiano de San Juan, una especie de Tierra Prometida para su congregación. Por el camino contrata a dos jóvenes tratantes de caballos (Ben Johnson y Harry Carey Jr.) para que hagan de guías a través del territorio navajo. A las diversas aventuras, ya tópicas en el cine que trata sobre pioneros, se une el encuentro con un carromato de artistas ambulantes en el que viaja Denver (Joanne Dru, de la que se enamorará Travis, el personaje de Ben Johnson) y la llegada de los Clegg, una banda de forajidos compuesta por un padre y sus cinco hijos que, primero por las buenas y después mediante la coacción y la amenaza, intentan hacer de la caravana su tapadera para huir de las patrullas que los persiguen después de su último asalto a un banco. Un planteamiento conocido, de desarrollo previsible y con la conclusión esperada que, no obstante, cuenta con algunos momentos en los que se reconoce el mejor pulso de Ford en la dirección, y también sus temas favoritos y el humor del que gusta revestir sus historias.

Un detalle a destacar es que en esta ocasión sus queridos indios navajos de Monument Valley se interpretan a sí mismos, es decir, los navajos hacen de navajos y no como en otras ocasiones de las tribus que correspondan según el argumento (cheyennes, kiowas, comanches o apaches), y que su aparición no está difuminada como una simple amenaza asesina ni posee las connotaciones negativas, o directamente racistas, que a menudo se le achacan injustamente a Ford. Muy al contrario, en la línea de la previa Fort Apache, los navajos se limitan a vigilar y defender su territorio, acogen hospitalariamente a los recién llegados cuando estos manifiestan su voluntad de paz y sólo reaccionan airadamente y toman las armas para asegurarse de vengar la afrenta que una de sus mujeres ha sufrido a manos de uno de los Clegg (aparición estelar de María “Movita” Castaneda, la que fuera esposa de Marlon Brando y madre de dos de sus hijos). Continuar leyendo “John Ford tiene banquillo: Caravana de paz (Wagon Master, 1950)”

Lección de plástica cinematográfica: La legión invencible (She wore a yellow ribbon, John Ford, 1949)

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¿Puede conseguirse una obra maestra del western (apartado caballería, sección guerras indias), hurtando al espectador el hipotético clímax común a estas películas, el choque entre los guerreros indios y los “casacas azules”, ya sea en la modalidad de asalto al fuerte, persecución y tiroteo por la pradera, ya en la emboscada o invasión y aniquilación del poblado indio? Respuesta: sí, se puede, cuando te llamas John Ford.

Tras sus primeros reveses comerciales, la productora Argosy, fundada por John Ford y Merian C. Cooper (codirector de King Kong, todo un personaje del cine, la aventura, la exploración, las fuerzas aéreas americanas, y otro montón de facetas y disciplinas), encontró en la recuperación del western la forma de resarcirse del fracaso en las taquillas y de financiar futuros proyectos. De ahí surge la llamada “trilogía de la caballería”, inspirada en los relatos del escritor, de corte imperialista y de tintes más que racistas con los nativos americanos, James Warner Bellah (publicados en España por la editorial Valdemar). En La legión invencible (She wore a yellow ribbon, 1949) -cuyo título original se toma de una canción tradicional que recoge la costumbre de las prometidas a soldados de caballería de adornarse con una cinta amarilla-, el segundo capítulo de la serie, adaptado por Frank S. Nugent y Laurence Stallings, Ford se centra en la vida de un oficial de la caballería, Nathan Brittles (John Wayne) como arquetipo del soldado americano de la frontera, y también de un sentido de la vocación de servicio y de la profesionalidad próximos -ya entonces, hoy prácticamente inexistente- a extinguirse.

Brittles es el oficial de campaña de mayor graduación de un fuerte en la frontera en los días de 1876 que siguen a la legendaria derrota y aniquilación del séptimo de caballería del general Custer en Little Big Horn. Los vencedores de aquel combate, los sioux, cheyennes, arapahoes y kiowas, han construido una gran alianza para enfrentarse a los blancos y expulsarlos de la pradera. Brittles, a seis días de la jubilación, recibe la orden de dificultar la concentración de grandes grupos de indios en los alrededores, de investigar e impedir la entrega de rifles a los indios por parte de los traficantes de armas, y también la de acompañar a la esposa (Mildred Natwick) y la sobrina (Joanne Dru) del comandante del puesto (George O’Brien) a la parada de diligencias más cercana para que puedan escapar de la zona de riesgo. En la columna de caballería se encuentran también los dos pretendientes de la chica (Harry ‘Dobe’ Carey Jr. y John Agar), ambos tenientes en fase de formación, y los dos sargentos más carismáticos del fuerte (Victor McLaglen y Ben Johnson). Lo más llamativo del guión es, además de la ausencia de clímax bélico (el encuentro con los indios no pasa de alguna que otra escaramuza y de la presencia de los restos de combates anteriores), que la misión de la caballería termina en fracaso. Brittles no logra impedir la reunión de enemigos, ni la llegada de los rifles, ni tampoco consigue poner a salvo a las mujeres.

No es el argumento o la trama guerrera lo que más importa a John Ford en esta historia, sino el retrato de la vida de los soldados, y de la realidad a la que se enfrentan cotidianamente. Continuar leyendo “Lección de plástica cinematográfica: La legión invencible (She wore a yellow ribbon, John Ford, 1949)”

Mis escenas favoritas – Fort Apache

Recuperamos este anuncio ya que, por culpa sin duda de un ataque tecnológico apache en toda regla, debimos cancelar la emisión por problemas técnicos. Retomaremos la proyección con su coloquio el próximo martes 16 de octubre.

Recurrimos a la famosa (y un pelín ridícula) escena de baile de la Marcha de San Patricio de Fort Apache (John Ford, 1948) para invitar a nuestros queridos escalones a la 4ª sesión del III Ciclo Libros Filmados, organizado por la Asociación Aragonesa de Escritores en colaboración con FNAC Zaragoza-Plaza de España.

Fort Apache es mucho más que una simple película del Oeste. Es la obra de un poeta de la imagen, del mejor y más importante cronista cinematográfico de la historia norteamericana. Es la crónica de cómo las comunidades necesitan de las ficciones -de las mentiras- para fabricar mitos, leyendas, ritos y costumbres que aseguren su supervivencia en el tiempo. Es el testimonio de cómo se inventan y manipulan acontecimientos para santificar convencionalismos como la religión, la nación, la comunidad, el destino común. Es la prueba en imágenes de ese infalible axioma que encuentra su mejor expresión en esa otra gran obra maestra de Ford, El hombre que mató a Liberty Valance (1962): cuando los hechos se convierten en leyenda, imprime la leyenda.

III Ciclo Libros Filmados, organizado por la Asociación Aragonesa de Escritores y FNAC Zaragoza-Plaza de España.
4ª sesión. Martes, 16 de octubre de 2012: Fort Apache (John Ford, 1948), basada en los relatos de la caballería de James Warner Bellah, particularmente en Masacre (1947).
– 18:00 h.: proyección
– 20:10 h.: coloquio, “conmigo mismo”

¡Qué grande es el cine! – El hombre tranquilo

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Música para una banda sonora vital – She wore a yellow ribbon

El título original de La legión invencible (1949), segundo pilar de la trilogía fordiana sobre la caballería de los Estados Unidos, es similar al de esta canción tan popularísima en aquellos tiempos como lo sigue siendo hoy en día para cualquier buen espectador de los westerns de Ford. Como My darling Clementine, Yellow rose of Texas o Garry Owen, entre muchas otras, su aparición es recurrente, ya sea en esta trilogía de Ford, ya sea en otras de sus películas o en la filmografía de otros grandes directores de westerns como Raoul Walsh, Howard Hawks o Henry Hathaway.

Además de ello, la película de Ford es de una sobrecogedora hermosura plástica, con algunas tomas -en especial la marcha de los jinetes a pie con los caballos por las riendas bajo la tormenta- magnificadas por el talento de Ford para el encuadre y la magistral fotografía de Winton C. Hoch.