Diálogos de celuloide: Tras el ensayo (Efter repetitionen, Ingmar Bergman, 1984)

«A mi edad, a veces, cuando me inclino, mi cabeza de repente se encuentra con otra realidad. Los muertos ya no son muertos, los vivos parecen fantasmas. Lo que era evidente hace un minuto, de repente es peculiar e impenetrable. Escucha el silencio de este escenario, imagina toda la energía espiritual, todos los sentimientos, reales y fingidos, risas, rabia, pasión y yo qué sé qué más. Todo permanece aquí, encerrado, viviendo una vida secreta y continua. A veces los oigo, a menudo los oigo. A veces creo que los puedo ver: demonios, ángeles, fantasmas, gente corriente ocupándose de sus propias vidas, apartando la mirada, llenas de secretos. A veces hablamos, casualmente, de pasada».

(guion de Ingmar Bergman)

Diálogos de celuloide: Sandra (Vaghe Stelle dell’Orsa, Luchino Visconti, 1965)

«De repente recordé todos nuestros silencios, todas nuestras conversaciones, mis angustias, mis preocupaciones, los paseos a las Balze, las noches de insomnio, y sobre todo… lo feliz que era cuando estaba contigo. Un sentimiento que ya experimenté de niño, a la edad que no se deberían conocer las pasiones. También tú tienes miedo de la soledad y del retorno imprevisto de un recuerdo, del sonido de una voz… de un color… Me hubiera gustado plasmar en una obra de ficción todas estas sensaciones, pero un niño que es capaz de experimentar la pasión de un adulto se ha convertido ya en un adulto, y es incapaz de recuperar la inocencia perdida…»

(guion de Suso Cecchi d’Amico, Enrico Medioli y Luchino Visconti)

Diálogos de celuloide: El prestamista (The Pawnbroker, Sidney Lumet, 1964)

 

-Usted estuvo en un campo de concentración, ¿no es cierto?

-Eso no es asunto suyo.

-¿Le gustaría saber algo de mí?

-Realmente no me importa.

-No, no le creo cuando dice eso. Cuando yo era una niña, era gordita y cariñosa, y todo el mundo me quería. Los chicos me veían como una buena amiga. Recuerdo que algunos de ellos incluso me decían solemnemente que les recordaba a sus hermanas. Bien, en aquella rara categoría iba a muchas fiestas y tenía montones de amigos y no había ningún problema. Hasta que un día descubrí que había cogido la peor de las enfermedades: la soledad. Un día conocí a un joven. Nos enamoramos. Nos casamos. Él se murió. Así. Su corazón se paró. Y descubrí que la soledad es el estado normal para la mayoría de la gente.

-Mi querida señorita Birchfield, qué conmovedoramente ingenua es usted. ¡Ha descubierto usted la soledad! Ha descubierto que el mundo es injusto y cruel. Déjeme decirle algo, mi querida socióloga. Hay un mundo diferente del suyo, muy diferente, y con gente de otra especie. Ahora, le voy a hacer una pregunta. ¿Usted qué sabe?

-Supongo que no se mucho al respecto.

-Oh, yo diría que no.

-Pero lo que me pasó a mi.

-No es nada.

-¡No! Eso no es así. ¿Qué le hace estar tan amargado?

-¿Amargado? Oh, no, señorita Birchfield, yo no estoy amargado. No, eso me pasó hace un millón de años. Soy un hombre sin ira. No tengo ningún deseo de venganza por lo que me hicieron. He escapado de las emociones. Estoy a salvo dentro de mí mismo. Lo único que pido y quiero es paz y tranquilidad.

-¿Y por qué no las ha encontrado?

-¡Porque la gente como usted no me deja! Señorita Birchfield, ha hecho usted que la tarde sea muy aburrida con su constante búsqueda de una respuesta. Y una cosa más, por favor, no se meta en mi vida.

(guion de David Friedkin y Morton Fine a partir de la novela Edward Lewis Wallant)

Diálogos de celuloide: la vía láctea (La Voie lactée, Luis Buñuel, 1969)

 

JOVEN MONJE: Hay algo que me inquieta.

INQUISIDOR: Te escucho.

JOVEN MONJE: Me pregunto si quemar herejes no será actuar en contra de la voluntad del Espíritu Santo.

INQUISIDOR: Pero si es la justicia de los hombres la que los castiga. ¡Es el brazo secular! A los herejes no se les castiga porque son herejes, sino por los atentados y actos de rebeldía que cometen contra el orden público.

JOVEN MONJE: Pero así, aquellos cuyos hermanos hayan sido quemados, quemarán a su vez a otros y viceversa. Unas veces unos, otras veces otros, todos estarán seguros de poseer la verdad… ¿Para qué habrán servido todos esos millones de muertos?

INQUISIDOR: Pero, ¿sabe usted lo que dice?

JOVEN MONJE: No sé…

INQUISIDOR: ¿Y por qué insiste?

JOVEN MONJE: No… No… Me someto, padre.

 

(guion de Luis Buñuel y Jean-Claude Carrière)

Diálogos de celuloide (Casino, Martin Scorsese, 1995)

 

«¿Qué íbamos a pintar en medio de un desierto? La única razón es el dinero. Ese es el resultado final de las luces de neón y las ofertas de las agencias de viajes, de todo el champán, de las suites de hotel gratis, de las fulanas y el alcohol. Todo está organizado solo para que nosotros nos llevemos su dinero. Somos los únicos que ganamos, los jugadores no tienen ninguna posibilidad».

===============================================

«Sabes, creo que tienes una imagen equivocada de mí, y lo menos que puedo hacer es explicarte exactamente cómo funciono. Por ejemplo, mañana me levantaré pronto y me daré un paseíto hasta tu banco. Luego entraré a verte y… si no tienes preparado mi dinero, delante de tus propios empleados te abriré tu puta cabeza. Y cuando cumpla mi condena y salga de la cárcel, con suerte, tú estarás saliendo del coma. ¿Y qué haré yo? Te volveré a romper tu puta cabeza. Porque yo soy idiota, y a mí lo de la cárcel me la suda. A eso me dedico, así funciono yo».

(guion de Martin Scorsese y Nicholas Pileggi, a partir de la novela de este)

Diálogos de celuloide: Doce monos (12 Monkeys, Terry Gilliam, 1995)

La verdad es que muy pocos de nosotros somos enfermos mentales. No digo que tú no lo seas. Por lo que yo sé tú estás…. ¡estás más loco que una cabra! Pero no estás aquí por eso, no estás aquí por eso, ¡¡NO ESTÁS POR ESO!! Estás aquí por el Sistema. Ahí está la tele. Todo está ahí, todo esta ahí. Mira, escucha, arrodíllate, reza los anuncios. Ya no somos productivos, ya no nos necesitan para hacer cosas, todo está automatizado. ¿Para qué estamos aquí? Somos consumidores, Jim. De acuerdo, compra muchas cosas y serás un buen ciudadano, pero si no compras muchas cosas, si no compras ¿qué es lo que eres? Pregunto ¿QUÉ? Un enfermo mental. Los hechos, Jim, los hechos. Si no compras cosas: papel de váter, coches nuevos, batidoras computerizadas, artilugios sexuales eléctricos, sistemas de sonido con auriculares en el cerebro, destornilladores con dispositivo de radar incorporado, ordenadores activados por voz…

(guion de David Webb Peoples y Janet Peoples a partir de la historia de Chris Marker)

Diálogos de celuloide: El dormilón (Sleeper, woody Allen, 1973)

-Las soluciones políticas no funcionan. No importa quién esté en el poder. Son todos terribles. ¿Por qué me miras así?

-Creo que me quieres de verdad.

-Claro que te quiero. De eso se trata. Y tú me quieres a mí, lo sé. Y no te culpo, preciosa. Y no estoy criticando a Erno, es estupendo si te gusta el tipo alto, rubio, prusiano, nórdico, ario y nazi.

-Pero, Miles, las relaciones serias entre hombres y mujeres no duran. La ciencia lo ha demostrado. Verás, hay una sustancia química en el cuerpo que hará que nos pongamos de los nervios tarde o temprano.

-Ciencia. Yo no creo en la ciencia. La ciencia es un callejón sin salida intelectual. Un montón de tipos con trajes de lana cortando ranas, viviendo de becas y…

-Ya. No crees en la ciencia. Y tampoco crees que los sistemas políticos funcionen, y tampoco crees en Dios, ¿no?

-Eso es.

-Y entonces… ¿en qué crees?

-En el sexo y en la muerte. Dos cosas que sólo pasan una vez en mi vida. Por lo menos, después de la muerte, no resultas repugnante.

(guion de Marshall Brickman y Woody Allen)

Diálogos de celuloide: El planeta de los simios (Planet of the Apes, Franklin J. Shaffner, 1968)

«Este será mi último informe antes de que lleguemos a nuestro destino. Hemos
colocado los dispositivos automáticos y estamos a merced de los computadores. Mis
compañeros duermen profundamente dentro de las cámaras y yo me acostaré
enseguida. Dentro de una hora hará seis meses que partimos de Cabo Kennedy. Seis meses en el profundo espacio, es decir, según el Sistema Solar. Según la teoría del
doctor Hasslein sobre el tiempo en un vehículo que viaja casi a la velocidad de la luz,
la tierra ha envejecido cerca de 700 años, en tanto que nosotros apenas hemos
envejecido. Puede que así sea. Lo más probable es que los hombres que nos
ordenaron hacer este viaje hayan muerto y desaparecido. Ustedes, los que me
escuchan ahora, son de otra generación, y espero que mejor que la nuestra. No siento
tener que dejar atrás el siglo XX, pero hay algo más aún: no se trata de nada científico,
es totalmente personal. Visto desde mi asiento todo aparece muy distinto. El tiempo
pasa y el espacio no tiene límites. En las personas no existe el yo. Me siento solo,
totalmente solo. Decidme: ¿acaso los hombres, esa maravilla del Universo, esa
gloriosa paradoja que me ha mandado a las estrellas, siguen combatiendo contra sus
hermanos, dejando morir de hambre a los hijos de sus vecinos?»

(guion de Michael Wilson y Rod Serling a partir de la novela de Pierre Boulle)

Diálogos de celuloide: La última noche de Boris Grushenko (Love and Death, Woody Allen, 1975)

“Amar es sufrir, para evitar el sufrimiento, se debe no amar. Pero entonces se sufre por no amar. Luego, amar es sufrir, y no amar es sufrir. Sufrir es sufrir. Ser feliz es amar. Ser feliz es, por tanto, sufrir. Así, para no ser feliz, se debe amar, o amar para sufrir, o sufrir de demasiada felicidad. Espero que estéis tomando nota».

(guion de Woody Allen)

Diálogos de celuloide: La última noche de Boris Grushenko (Love and Death, Woody Allen, 1975)

Natasha: Es una situación muy complicada, prima Sonja. Yo estoy enamorada de Alexei. Y Alexei quiere a Alicia. Alicia es la amante de Lev. Lev ama a Tatiana. Tatiana ama a Simkin. Simkin me quiere a mí. Y yo quiero a Simkin, pero de un modo distinto a Alexei. Alexei quiere a Tatiana como a una hermana. La hermana de Tatiana quiere a Trigorian como a un hermano. El hermano de Trigorian es el amante de mi hermana, que le gusta físicamente, pero no espiritualmente.

Sonja: Natasha, se está haciendo tarde».

(guion de Woody Allen)