Diálogos de celuloide – A los que aman

Dicen que a través de las palabras el dolor se hace más tangible. Que podemos mirarlo como a una criatura oscura, tanto más ajena a nosotros cuanto más cerca la sentimos. Pero yo siempre he creído que el dolor que no encuentra palabras para ser expresado es el más cruel, el más hondo, el más injusto. Pasé mi vida amando a una mujer que amaba a otro que no la amaba, sino que amaba a otra de la que nunca supo si le correspondía. Era un tiempo en el que miraba al futuro con más esperanza que miedo.

A los que aman. Isabel Coixet (1998).

El encanto de los perdedores: Mal día para pescar

Para el amigo Alfie, con agradecimiento por sus ánimos para hacerme ver esta película.

La literatura y el cine no serían lo mismo sin la figura del perdedor. Son cientos, miles, millones, las plasmaciones literarias y cinematográficas de esos personajes de vuelta de todo, vencidos por las circunstancias, por un pasado trágico, de crimen, de amor, de soledad, que luchan contra el mundo que los margina por rescatar la última oportunidad que los enganche a la vida soñada que nunca pudieron disfrutar. El uruguayo Álvaro Brechner adapta un cuento de Juan Carlos Onetti para su debut en la pantalla que gira constantemente alrededor de este motivo: el fracaso, los trenes perdidos, la amargura de la soledad y la pugna por cambiar un destino marcado a fuego en el pasado.

Asociados en su deriva, dos de estos perdedores se han unido en una particular emulación de Don Quijote y Sancho para buscarse la vida: un antiguo campeón mundial de lucha libre de Alemania Oriental, Jacob Van Oppen (Jouko Ahola), que baña en alcohol sus ensoñaciones de glorias pasadas mientras gira por los pueblos y ciudades pequeñas en combates contra los fortachones del lugar por unos pocos pesos, y Orsini (Gary Piquer), su apoderado, manager, agente publicitario y única compañía, un tipo que malvive pactando las bolsas de los combates, no pocas veces amañados, para ir tirando. A medio camino entre la atracción de feria y el desfile circense, mientras ambos esperan una futura reconquista del título por parte del antaño campeón, la pareja desemboca en un pueblo donde el ritmo habitual de las cosas se verá alterado por una circunstancia inesperada que obliga a ambos a enfrentarse cara a cara con la grotesca ficción que domina sus vidas, y en la que el campeón luchará por un campeonato muy distinto, y el manager buscará dentro de sí sus últimos atisbos de dignidad.

En primer lugar, lo que sorprende de este magnífico debut es la elegancia formal de una historia narrada en clave de fábula. No sólo la película cuenta con una más que correcta factura visual, sino que Brechner, además de mostrar una notable pericia técnica, gran dominio del encuadre y de la elipsis narrativa, consigue un gran ejercicio de puesta en escena, soberbiamente apoyado por la magnífica elección de unos cuantos clásicos de la ópera como banda sonora, a medio camino entre lo lírico y lo cotidiano, lo melancólico y lo trágico, todo ello alrededor del mundo de sueños, magia e ilusiones invocando siempre lo extraordinario del tradicional número circense, de la sorprendente atracción de feria, del “más difícil todavía”. El guión, medido y muy preciso a pesar de haber surgido en parte de las sesiones de improvisación realizadas entre Brechner y Piquer, contiene por igual amargura y picaresca, humor y drama, todo recubierto de una capa de nostalgia y melancolía que identifica rápidamente al público con unos personajes que, no siendo del todo trigo limpio, compensan su cualidad de golfos con esa tristeza que arrastran y que se lee en sus rostros apenas se dan cuenta de que nadie los mira. Ambos parecen salidos de otro tiempo: el luchador, de unos ochenta en los que se coronó como “el hombre más fuerte del mundo”, su agente, con su clásica vestimenta y su perilla a lo Buffalo Bill, de un pasado mucho más remoto, del de los buhoneros y charlatanes de los días de mercado. Continuar leyendo “El encanto de los perdedores: Mal día para pescar”