Cine para pensar – Fahrenheit 9/11

Cuando Quentin Tarantino, presidente del jurado de la edición del Festival de Cannes de 2004 anunció Fahrenheit 9/11 como ganadora de la Palma de Oro, una gran ovación proveniente del público y de no pocos de los periodistas asistentes al acto atronó en la sala. Más tarde, durante la entrega del premio, la ovación en el patio de butacas resonó de forma todavía más impresionante y prolongada, obligando a su director, Michael Moore, a permanecer en pie recibiendo aplausos durante varios minutos sin permitirle comenzar su discurso de agradecimiento, repetidamente interrumpido por ovaciones y expresiones de júbilo, enhorabuena y agradecimiento. En palabras de Moore, “Quentin Tarantino me susurró al oído: Quiero que sepas que los aspectos políticos de tu película no tienen nada que ver con el premio. En este jurado tenemos distintas opiniones políticas, pero tú has recibido el premio porque has hecho una gran película. Quiero que lo sepas… de director a director“. Y unas narices. La impotencia, la rabia apenas disimulada, la indignación de una población mundial engañada, manipulada, estafada por un puñado de analfabetos funcionales pero con mucho poder y dinero para llevar a cabo la invasión de Iraq y el desalojo del poder de Saddam Hussein, estorbo no pequeño para que Estados Unidos pudiera hacerse con la segunda reserva en importancia del petróleo del planeta, mientras se ponían pretextos para la invasión como la exportación libre y gratuita de la libertad, la democracia y los derechos humanos, estalló en aquellas ovaciones a la película de Moore y voló por encima del jurado en el momento de las deliberaciones. Y sí, además es un excelente documental, como prueba el hecho de que fuera la primera ocasión en la que una película de este estilo se llevara el máximo galardón. “Nunca me imaginé que podría recibir la Palma de Oro porque habíamos hecho un documental, y Cannes es un festival que por tradición premia las películas de ficción. Vinimos sin muchas expectativas. Hace dos años tuvimos el honor de ser invitados con Bowling for Columbine, el primer documental a concurso en 40 años de historia del festival”.

Sin embargo, hay que estar prevenidos ante el cine de Michael Moore para que no nos llevemos sorpresas desagradables y sepamos valorar en su justa medida a sus entusiastas y a sus acérrimos críticos. Moore combina un estilo panfletario, a ratos demagogo, incluso circense, con una presentación que combina realidad dramática con una puesta en escena irónica, pero una cosa es bien cierta: sus fuentes son incontestables; todos y cada unos de los datos y opiniones que se vierten en la película son rigurosísimos, absolutamente exactos y respetuosos con la realidad, cosa que quienes se ven reflejados en la película y los críticos a su sueldo no pueden decir. Continuar leyendo “Cine para pensar – Fahrenheit 9/11”

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Cine para pensar – Hotel Rwanda

Durante 1994 tuvo lugar el genocidio de Ruanda, uno de los hechos de barbarie más significativos desde la Segunda Guerra Mundial y uno de los más vergonzosos episodios para una comunidad internacional más preocupada por salvaguardar sus propios intereses que por impedir la muerte del millón largo de personas (de etnia tutsi, pero también hutus moderados) que perdió la vida en aquellos trágicos días, o limitar la extensión posterior del conflicto a países vecinos como Burundi o Zaire (hoy de nuevo Congo), que no escatimaron medios en añadir víctimas a la cuenta de resultados a la que occidente contribuyó con su incapacidad o falta de voluntad, según el caso, para atajar una situación que se les fue de las manos, una responsabilidad que es doble en este caso y que se remonta a los días en que Congo, Ruanda y Burundi eran gestionados por la cruel e inhumana administración colonial belga, inventora de unas etnias que no existían con el fin de crear una estructura “burguesa” o “aristocrática” a la que inundar de comodidades y bienes materiales que la ayudara a dominar al resto de la población en un territorio tan extenso. De este modo, y teniendo en cuenta un dato tan objetivo como era el número de vacas que cada familia tenía en propiedad, el gobierno belga, uno de los más criminales de la Historia en su aventura colonial africana, dividió poblaciones que siempre habían convivido, amigos, familias e incluso matrimonios en etnias diferentes repartiendo un denominado “carnet étnico” que decía si uno era hutu o tutsi (así se crean esas naciones en las que muchas personas en occidente dicen creer como en dogmas de fe y que han defendido, y en algunos casos defienden aún hoy, con la guerra y la violencia, un acto arbitrario, una categorización de seres humanos cuyo último criterio a aplicar es precisamente la Humanidad, poniendo por delante cuestiones raciales, étnicas, lingüísticas, religiosas o culturales).

Esta producción sudafricana dirigida por Terry George aborda un hecho real en el marco del genocidio ruandés. El responsable de un hotel (magnífico Don Cheadle en un derroche interpretativo lleno de matices), impulsado por su deseo de proteger a su propia familia de los excesos violentos que recorrían el país de parte a parte, fue acogiendo en las reducidas dimensiones del edificio y sus instalaciones anexas primero a las familias de los empleados, luego a los amigos, y finalmente a todo aquel que, sin que importara lo más mínimo si se trataba de hutus o tutsis, huyera de la guerra y la muerte. La película retrata aquellos hechos de manera convincente, con una muy creíble recomposición de los sucesos tanto estética como narrativa, y sin caer en efectismos permite trasladar al espectador la zozobra, la incertidumbre, la angustia y el clima de violencia incontenible que como una ola arrasó con todo. Continuar leyendo “Cine para pensar – Hotel Rwanda”

‘La mirada de Ulises’, la mirada de la Historia

El cine alcanza con toda justicia la cota de manifestación artística de primer orden, equivalente a las mayores obras maestras de la Pintura, la Escultura o la Literatura, gracias a obras como la que el griego Theo Angelopoulos rodó en 1995, por la que consiguió la Palma de Oro en Cannes. Angelopoulos, con una maestría sublime, una estética arrebatadora, un lirismo conmovedor, una desnudez de elementos superfluos envidiable, un ritmo pausado y reflexivo, una puesta en escena sencilla y despojada de artificios y unas imágenes de enorme belleza, profundo calado simbólico y culto al rostro de los actores, rostros casi esculpidos al viejo estilo de los genios de la Hélade, se convierte ante nuestros ojos en testigo de la Historia, en depositario de la eterna sabiduría de ese continente autónomo, de ese ecosistema de almas y sueños humanos, de esa gran nación de la Humanidad que es el Mediterráneo, esta vez concentrándose en el este europeo y la cuenca del Mar Negro.

Esta sugerente, conmovedora, impactante película que a lo largo de sus tres horas de duración derrocha belleza y lirismo y que sirve tanto como resumen histórico de seis mil años de civilización en los Balcanes como de estudio de emociones humanas, en particular del eterno sentimiento de búsqueda que padece el Hombre, nos cuenta la historia de un director de cine griego (Harvey Keitel) exiliado a Estados Unidos años atrás por cuestiones políticas que vuelve a su país para presentar su última película en un festival local que se celebra en su ciudad de origen. El director cuenta además con otro motivo para su viaje, un secreto íntimo que espera desvelar, su obsesión por la primera película que se rodó en Grecia a finales del siglo XIX o principios del XX a cargo de dos pioneros del cine, una pareja de hermanos que por vez primera retrataron en cinematógrafo imágenes en movimiento en el país balcánico (inquietantes, cautivadoras, hipnóticas imágenes, breves y en estado muy precario, en las que se nos muestra a un grupo de mujeres enlutadas, mayores, ancianas y jóvenes, con sus labores domésticas cotidianas, la huella de la Historia en sus rostros curtidos, memoria de miles de años en los que el luto de la mujer ha sido el uniforme oficioso reglamentario de la cultura mediterránea, tan antiguo como el Partenón, el Templo de Jerusalén o las Pirámides, la memoria que va desde Penélope aguardando a Odiseo directamente hasta nuestras madres y abuelas, siempre la misma mirada de miles de años de antigüedad, el mismo brillo, la resignación, la abnegación, el orgullo y la fuerza indómita en forma de arrugas surcando una piel castigada, sacrificada y hermosísima, el rostro de la Historia). Continuar leyendo “‘La mirada de Ulises’, la mirada de la Historia”

Cortometraje – El 11 de septiembre de 2001 según Sean Penn

“Los que nos dedicamos a la creación artística tenemos el deber de reflexionar sobre el estado del mundo en el que vivimos y ver qué podemos aportar a través de nuestro trabajo”.

Son palabras de Sean Penn, director de uno de los 11 cortos que componen 11’09”01 Once de septiembre, película colectiva en la que cineastas tan diversos como Ken Loach, Amos Gitaï, Shoehi Imamura, Alejandro G. Iñárritu o Danis Tanovic retratan a su modo el momento coincidente con la colisión de los aviones en el atentado de las Torres Gemelas del World Trade Center de Nueva York. En este espléndido corto se puede comprobar que incluso el horror está salpicado de poesía, y que en ésta hay sitio para la amargura. Los excesivamente sensibles, que se abstengan.

Especialmente emocionante resulta reencontrarse con Ernest Borgnine, el inolvidable “Marty” y uno de los mejores, más emblemáticos y más recordados actores de reparto del cine de Hollywood en plena forma. Un corto absolutamente recomendable (duración 10:55 mins.).

Música para una banda sonora vital – Platoon

“Regocijaos, jóvenes, en vuestra juventud” (Libro del Eclesiastés).

Esta cita abre la sobrecogedora película bélica Platoon (1987), de Oliver Stone, en la que un joven Charlie Sheen sirve de alter ego al director para dar a conocer sus propias experiencias, su visión como combatiente voluntario en la guerra de Vietnam, un alegato claramente antibelicista que deja a un lado la fanfarria y la pompa de los ejércitos que desfilan en la retaguardia y se concentra en la esencia de toda guerra, la miseria, no sólo económica o física, sino también moral, acaso la más prolífica en tiempos de conflicto.

Este Adagio para cuerdas, opus nº 11, del célebre compositor norteamericano Samuel Barber, pone música a la primera secuencia de la película, la llegada de los nuevos reclutas a Saigón en un avión de transporte que aprovechará el viaje de vuelta para llevar a casa a los muertos en combate, envueltos en bolsas que parecen de basura, mientras un fuerte viento cargado de arena rojiza le da una luz infernal a toda la secuencia. La llegada a Vietnam, la llegada al infierno.

Ofrecemos un vídeo con un montaje algo más optimista en el que puede apreciarse la música de Barber. Este adagio es una obra magistral que sirvió, junto al Réquiem de Brahms, como banda sonora funeraria para los actos de homenaje a las víctimas del 11-S.

La historia siempre se repite: Khartoum

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A los mandos y tropas norteamericanos que ocupan Irak se les proyecta regularmente, antes de su despliegue, una serie de películas de índole patriotera y violenta para incrementar el ardor guerrero del personal y la ofuscación armada que les haga cumplir cada una de las órdenes, por brutales, inadmisibles o sangrientas que sean. Los mandos, además, son obsequiados también con la exhibición de películas de más calado, con importantes enseñanzas para lo que es la complicada labor de ocupación y represión de un pueblo árabe invadido, como por ejemplo La batalla de Argel, de Gillo Pontecorvo. A nuestro juicio, y teniendo en cuenta que la calidad de Khartoum como película es notablemente inferior a la citada coproducción italo-argelina, también podría servir como botón de muestra a la flor y nata de los marines y demás destripaterrones de lo que significa enfrentarse a una comunidad enardecida por la religión en contra de los ocupantes extranjeros.
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Música para una banda sonora vital – Coronel Redl

El drama protagonizado por el gran actor Klaus Maria Brandauer y dirigido en 1985 por el húngaro István Szabó, basado en la obra de John Osborne, sobre un coronel del ejército austriaco dado a la buena vida de la aristocracia vienesa de principios de siglo XX y en verdad doble agente al servicio de la venta de secretos militares a Rusia, efectiva historia de homosexualidad, corrupción y muerte, se abre con la célebre Radetzkymarsch, de Johann Strauss, tan típica de los inicios de cada año gracias al Concierto de Año Nuevo de la Filarmónica de Viena, y que, excepto hace unos años, suspendida como señal de duelo ante la catástrofe provocada por el tsunami del sudeste del golfo de Bengala, siempre cierra el programa.

A batir palmas se ha dicho: el vídeo pertenece a la edición de 2007, con el indio Zubin Mehta a la batuta.