Música para una banda sonora vital: Robin Williams & Bobby McFerrin versionan a The Beatles

El malogrado Robin Williams, víctima de esa tristeza insondable que podría llamarse “la maldición de los cómicos”, hizo sus pinitos en la música, por ejemplo, junto a Bobby McFerrin en esta versión de Come together de los Beatles incluida en el disco In my life, recopilatorio de versiones de temas de los cuatro de Liverpool producido por George Martin y publicado en 1998. Además de Williams, en el disco participan Goldie Hawn, Jim Carrey y Sean Connery, además de músicos como Jeff Beck o Phil Collins.

La tienda de los horrores – Peggy Sue se casó

Pues nada, ya tenemos otra vez por aquí al amigo Nicolas Cage…

Cuando Francis Coppola (se recuerda que el Ford de sus apellidos es un postizo) se sumerge en proyectos de encargo, en películas que no surgen de apetencias personales que consigan enajenarle hasta el punto de poner en riesgo todo su equilibrio vital, el grado de excelencia que logra en sus trabajos decae bastante, incluso desaparece; tanto, que resulta imposible descubrir en el resultado final nada que recuerde al director de la trilogía de El Padrino o de esa magnífica epopeya del lado oscuro que es Apocalypse now. Uno de los más bochornosos episodios de esta disolución en la nada más absoluta es la presunta comedia romántica Peggy Sue se casó (1986), una especie de Regreso al futuro sin cachivaches tecnológicos, sin abordar la cuestión de las consecuencias de la manipulación del pasado y sus efectos futuros, sin gags a recordar, y también más preocupada de azucararlo todo que de soltar de vez en cuando, como hace la película de Zemeckis, algún que otro dardo de mala baba. Y, desde luego, sin nada de ingenio.

La catástrofe se ve venir nada más comenzar: Peggy Sue (Kathleen Turner, esforzadísima en sacar petróleo de un personaje profundamente estúpido) y su hija (Helen Hunt) se preparan para asistir al vigesimoquinto aniversario de graduación del instituto de la primera, una ocasión gracias a la cual espera reponerse por un rato del desánimo que la invade desde que se separó de su marido (Nicolas Cage, simplemente horrendo, que debe su papel a ser sobrino del director). Las dos, en plan moñas, ocupan el rato en embuchar a la madre en el mismo vestido que llevó, todo con mucho besuqueo, mucha gilipuertez almibarada, mucho “te quiero”, “felicidad” arriba y abajo, y demás pijotadas. Cuando llegan allí, el aliciente consiste en reencontrarse con los viejos compañeros de curso y contarse cómo les han ido sus respectivas vidas, a la par que recuperar aquellos romances de pasillo y fiestas de fin de curso (o escandalizarse de cómo fue uno capaz de aquello). Por supuesto, el atontado de Cage aparece, y también el típico graciosete mamarracho de todas estas películas, que encarna un Jim Carrey que ya apuntaba maneras diciendo tonterías y bobadas supuestamente graciosas, gesticulando y articulando poses de absoluto ceporro sin gracia, como si su cerebro se hubiera quedado veinticinco años atrás. Como la idiotez está incompleta, es preciso culminarla eligiendo a los reyes del baile (recordemos, veinticinco años después se supone que ya son adultos) y, por supuesto, eligen a la recauchutada Peggy (imposible evitar paralelismos con la cerdita Piggy de los teleñecos…); a ésta, en vez de ponerse como una moto como Sissy Spacek en Carrie y bañarlos a todos en morcilla, le da un jamacuco de la emoción y se desmaya en el escenario. Cuando despierta, en plan Rip Van Winkle (sobre el que Coppola dirigió un programa televisivo al año siguiente), se da cuenta de que amanece veinticinco años atrás, y que todos sus compañeros de instituto, su familia, su ciudad, han regresado al pasado con ella.

Vaaale. Y entonces, ¿qué pasa? Pues que Peggy no para de abrazarse a los seres queridos que perdió y a los que recupera más jóvenes, revive antiguos momentos, dispone de nuevas oportunidades y, sobre todo, se encuentra en encrucijadas en las que ahora puede escoger otro camino al elegido en su día… Sigue leyendo “La tienda de los horrores – Peggy Sue se casó”

Música para una banda sonora vital – Jefferson Airplane

La música de Jefferson Airplane, grupo de rock influenciado por la psicodelia y las drogas alucinógenas contemporáneo de The Mamas & The Papas o Scott McKenzie, suele ir ligada, como muestra el primero de los vídeos que aparecen a continuación, a un periodo muy determinado de la historia reciente norteamericana, los años sesenta y setenta, a acontecimientos como la guerra de Vietnam, Woodstock o la lucha por los derechos civiles y a figuras como los hermanos Kennedy o Martin Luther King. No se le escapó este detalle a Robert Zemeckis para Forrest Gump y ese doble compendio de rock, pop y folk que constituye su banda sonora, todo un éxito de ventas en su día que incluía joyas de la música imprescindibles. Precisamente la abre Volunteers, un clásico del grupo californiano convertido en himno contra la intervención militar norteamericana en el sudeste asiático. Otro de los grandes clásicos del grupo, Somebody to love, tenía una presencia destacada en Apolo 13, de Ron Howard, y además es perpetrada por Jim Carrey en esa cosa llamada Un loco a domicilio, bodrio dirigido por Ben Stiller, el eslabón perdido de Atapuerca.