Mis escenas favoritas – La leyenda del indomable (Cool Hand Luke, Stuart Rosenberg, 1967

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Y Dios creó a… ¡¡Genoveva!! Grandioso momento de esta mítica cinta de Stuart Rosenberg que consagró fugazmente a Joy Harmon como sex-symbol.

En la versión original, es bautizada como Lucille… ¿De dónde se sacaría el director de doblaje español la asignación del nombre para la versión en castellano?

Diálogos de celuloide – Reality bites (Ben Stiller, 1994)

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LELAINA: Sabes, acabo de darme cuenta de cuál es tu problema, Troy: sufres el síndrome panfilosófico (…).

TROY: No estoy destinado a hacer del mundo algo mejor.

LELAINA: Entonces, ¿para qué sirves? (…)

TROY: Mis padres se divorciaron cuando yo tenía cinco años solamente. Después veía a mi padre tres veces al año (…). Me di cuenta de que la vida no tenía sentido. La vida es una lotería en la que te puede tocar vivir una tragedia absurda o escaparte por lo pelos. Así que para mí solo cuentan los detalles como una hamburguesa de medio quilo con queso o el cielo diez minutos antes de que se ponga a llover. O el momento en que una carcajada hace que se te quiebre la voz.

Reality bites (Ben Stiller, 1994).

 

La genuina, la mejor: La gran estafa (Charley Varrick, Don Siegel, 1973)

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Walter Matthau existe mucho más allá de la comedia. Si sus primeros pinitos tuvieron lugar en el western en compañía de Burt Lancaster o Kirk Douglas, con el tiempo logró componer un buen puñado de personajes tirando a canallas, cínicos, duros, violentos, a los que sabía dotar del registro adecuado en interpretaciones inmensas, magníficas. Una de ellas es la del atracador de bancos Charley Varrick en la película del mismo título, conocida en España como La gran estafa (Don Siegel, 1973), muy superior a las que, con el mismo nombre (y con Richard Gere teñido o con el añadido “americano” en el título y diseñadas para premio) han sido estrenadas por estos lares en los últimos años. La denominación original de la película nos indica ya que trata primordialmente de un personaje, el protagonista, un tipo que debe hacer ingeniería delictiva para salvar la peligrosa situación en la que un atraco como otro cualquiera, pero que en el fondo no lo es, le pone por pura casualidad.

Amanece en Tres Cruces, un pueblo de Nuevo México: sale el sol, pasa el lechero y el repartidor de periódicos, empieza a hacer calor, la gente desayuna, sale a pasear al perro, a tender la ropa, a hacer la compra, camino del colegio o del trabajo… La vida tranquila y paciente de cualquier pequeña localidad rural del Oeste americano civilizado. Un coche se detiene ante el banco del pueblo. Lo conduce una mujer madura llamada Nadine (Jacqueline Scott), que lleva a su marido, un venerable anciano con aspecto de profesor universitario y que tiene una pierna rota (Walter Matthau), a hacer un cobro. Lo que ocurre es que el cobro es más bien un desvalijamiento, labor en la que le ayudan otros dos clientes del banco previamente introducidos en él. La cosa se complica porque la policía se huele lo que pasa, hay disparos y muertos, y Charley y sus compinches tienen que huir. Los contratiempos no terminan ahí, porque Varrick (ya desprovisto de su disfraz) y su compañero Harman (Andrew Robinson, que un par de años antes dio vida a Scorpio, el asesino que perseguía por San Francisco el detective Harry Callahan que Clint Eastwood interpretó también para Don Siegel) descubren que, mientras que su botín supera los setecientos cincuenta mil dólares, el banco sólo ha declarado el robo de apenas mil trescientos pavos. ¿Y el resto? Pues como bien sospecha Varrick, se trata de dinero del crimen organizado, camuflado en un banco cualquiera, listo para ser blanqueado, disimulado. Así, Varrick y Harman no sólo deberán escapar de la policía, sino también de Maynard Boyle (John Vernon, poderosa presencia de ojos azules y aspecto duro y sin escrúpulos en el cine criminal y el western de aquellos años), el responsable de ese dinero sucio, y de su enviado, Molly (Joe Don Baker), un matón profesional.

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La película transita en sus 111 minutos por las maniobras de Varrick para lograr su huida, en parelelo a la persecución que Molly emprende tras sus huellas, extorsionando, violentando o torturando a todo aquel que pueda dar alguna razón de su paradero, las gestiones de Boyle para averiguar si el ladrón estaba de acuerdo con el director del banco para robar a la Mafia entre ambos, y también, en menor medida, con menos protagonismo, la investigación policial sobre el atraco. En lo que a Varrick se refiere, Siegel juega oportunamente la carta de la elipsis y la anticipación. Continuar leyendo “La genuina, la mejor: La gran estafa (Charley Varrick, Don Siegel, 1973)”

Música para una banda sonora vital – Reality bites

My Sharona es el éxito más conocido del grupo The Knack, conjunto músicovocal de finales de los setenta que se esfumó del panorama tan rápidamente como surgió a raíz de su poca voluntad a la hora de pasar por el aro comercial y de aceptar los condicionantes del marketing y los medios de comunicación.

La canción volvió a convertirse en éxito planetario al incorporarse a la banda sonora de Reality bites (1994), cinta de Ben Stiller en la que a través de un peculiar triángulo amoroso exploraba las preocupaciones, frustraciones, los sueños y puntos de vista de un grupo de adolescentes tardíos. En fin, toda esa milonga que algún técnico de ventas dio en denominar Generación X y que en el fondo es una gilipuertez.