Mis escenas favoritas – Gran Torino (Clint Eastwood, 2008)

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Tragicomedia de iniciación y relato de despedida en clave personal, esta película de Clint Eastwood es probablemente una de las más incomprendidas e injustificadamente denostadas de su filmografía, en especial en la que se refiere a su prolífica producción a una edad ya avanzada. Sin embargo, el tiempo ha terminado por poner el cine de Eastwood en su sitio, y es razonable pensar que con este título (máxime a la vista de ciertas cosas que ha hecho después, merecedoras, sí, de mayores varapalos que la que nos ocupa) sucederá lo mismo.

En la película, Eastwood parodia y se despide de toda una línea de caracteres y temáticas que, junto con el western, que ya tuvo su propio y monumental final en la carrera de Eastwod en la década anterior, han presidido la parte sustancial de su obra: los polícias, los militares, los tipos duros y expeditivos de inspiración conservadora y modales y actitudes propios de lo más oscuro de los tópicos asociados a la cultura norteamericana. Como muestra de esa óptica paródica, la secuencia de la peluquería, en la que queda en primer plano la absoluta ridiculez de ciertos modelos de masculinidad y aceptación tantas veces representados por Clint Eastwood en la pantalla (de modo no menos paródico en más de una ocasión).

Música para una banda sonora vital – Zodiac

En esta magnífica película de David Fincher que cuenta la historia real del conocido como “asesino del Zodíaco”, asesino en serie metódico e impredecible que durante veinte largos años tuvo en vilo a las fuerzas del orden de California aparece una breve pero reconocible ráfaga de saxofón que nos remite a un antiguo anuncio de tabacos con yate de vela incluido que se emitía no hace muchos años en televisión. En concreto, en una de las escenas finales cuando Jake Gyllenhaal entra en la tienda del principal sospechoso jamás imputado por falta de evidencias suficientes, en la radio suena este pedazo de tema llamado Baker Street, el homenaje del músico Gerry Rafferty a la calle donde se encontraba el 221 B, el refugio del investigador Sherlock Holmes, tantas veces visto en el cine con las facciones de Basil Rathbone o Peter Cushing, y el doctor Watson. Personajes sobre los que nos amenazan con dos nuevas versiones, una desde el punto de vista de la comedia tonta y otra con un Holmes convertido en repartidor de mamporros, que prometen echar bastante mierda sobre dos caracteres inmortales de la literatura universal.

Uno de los mejores temas que se han puesto por aquí.