Mis escenas favoritas – El nombre de la rosa

La risa es peligrosa porque con ella no existe el miedo, y sin el miedo, no hay autoridad. Eso siempre lo ha sabido la Iglesia y por tanto no ha escatimado medios en dos largos milenios y pico para que se nos hiele la sonrisa permanentemente. El nombre de la rosa, de Umberto Eco, no es sólo una novela de crímenes ambientada en una oscura abadía del norte de la Italia del siglo XIV. Habla, mucho y bien, de la religión en general como instrumento de poder, y de la Iglesia católica en particular como ente que ha llevado a la perfección hábiles sistemas de dominación sobre sus semejantes, hasta llegar a la esclavitud intelectual, tan perjudicial, si no más, que la común. Para muestra, esta conversación entre Guillermo de Baskerville, personaje trasunto del Sherlock Holmes de Conan Doyle, y Jorge de Burgos (anagrama de Jorge Luis Borges, viejo, inclinado y ciego para dar más pistas, cuyo Aleph sirve de inspiración además para la laberíntica biblioteca de la historia) en este clásico del cine europeo de Jean-Jacques Annaud, que logra captar el espíritu original de la obra aunque lo pervierte en algunos aspectos, como la hollywoodiense muerte del inquisidor Bernardo Gui (inspirado en el inquisidor perseguidor de los cátaros Bernardo Guidoni) en la parte final de la película. Hablaremos más largo y tendido de ella.

Maestro del desconcierto: La estrategia de la araña, de Bernardo Bertolucci

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Parafraseando al sabio, puede decirse que la maestría se demuestra en todo. No cabe duda de que cuando nos encontramos ante una gran obra cinematográfica tenemos grandes posibilidades de que tras ella se encuentre un gran cineasta (aunque el inevitable tanto por ciento de chiripa haga que esta regla no sea matemática). Sin embargo, es más seguro que, cuando lo que desfila ante nuestros ojos es una obra desconcertante, inconsistente, fragmentada, incluso casi improvisada, consiguiendo pese a todo que el conjunto tenga sentido y el resultado final sea magistral, también existen serias posibilidades de que un gran cineasta, un tanto juguetón y con mala uva, esté detrás y dé rienda suelta a sus más acerados instintos profesionales en busca de fieles espectadores que compartan su broma.
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