Ese otro cine español: A tiro limpio (Francisco Pérez-Dolz, 1963)

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El debut en la dirección del poco prolífico Francisco Pérez-Dolz, A tiro limpio (1963), constituye un estimable ejemplo de asunción de influencias cinematográficas foráneas, si bien adaptadas a los modos y maneras nacionales, para confeccionar un producto solvente y con empaque que, olvidado por el gran público a causa de esa campaña más o menos inconsciente de desprestigio que sacude desde siempre al cine español, protagoniza también uno de los pocos casos de remake en el cine patrio. No obstante, la nueva versión realizada por Jesús Mora en 1998 resulta notablemente inferior y pasó lógicamente desapercibida, algo que no es de extrañar si tenemos en cuenta además la desmemoria que rodea a su original. Sin embargo, la película de Pérez-Dolz no carece de virtudes cinematográficas ni de valores narrativos en un guión que logra bordear la censura de la dictadura para mostrar a las claras, algo más que insinuados, distintos tabúes para la política y la moral oficiales del momento.

El argumento y la estética del film lo enmarcan en el cine negro, en el subgénero de organización y ejecución de atracos y posterior ajuste de cuentas entre los involucrados. El protagonismo corresponde a la banda criminal, y la óptica particular al personaje de Román (José Suárez), típico delincuente de poca monta que se ve metido en un asunto que le supera y que termina por costarle algo más que una simple caída en desgracia, mientras que la policía queda como instancia neutra, una institución despojada de cualquier visión coercitiva asociable a una dictadura militar que se limita a ser brazo ejecutor de una justicia concebida como venganza recubierta de tintes éticos y morales. Este aspecto, el moral, no es poca cosa en la película, puesto que la muerte que sobreviene a algunos de los personajes posee una carga simbólica, ya sea la redención, ya un merecido castigo, en función de cuáles ha sido sus distintos comportamientos, sus diferentes maneras de pensar, de actuar y de sentir, a lo largo del metraje.

Pero, como se ha dicho, uno de los puntos fuertes del guión es su osadía al retratar el mundo que rodea a los protagonistas. Román es el encargado de unos lavaderos públicos de Barcelona en el que se adivina un reciente pasado criminal. Después de un violento asalto en un garaje que, en cierto modo recuerda a los esbirros de Hemingway en The killers, acuden a él Martín (Luis Peña, toda una institución en la interpretación cinematográfica del cine clásico español) y un matón francés, Antoine (Joaquín Navales), que acaban de llegar desde el sur de Francia, con intención de formar una banda para un par de atracos. De inmediato, se insinúa de manera más que evidente una primera relación “peligrosa” en el guión: a Román y a Martín les une un pasado político relacionado con el exilio republicano, quizá algún tipo de camaradería de armas ligada a alguna acción de resistencia antifranquista o de lucha soterrada contra la dictadura. Esta vertiente queda solamente apuntada, no se desarrolla ni influye en adelante en la trama, pero condiciona las relaciones de Martín y Román y explica en parte la presencia de Antoine. Este personaje aporta otra caracterización inusual en el cine español de entonces: su atracción por las muchachas jóvenes. A este respecto, no sólo el guión contiene una repentina, obsesiva y parcialmente correspondida obsesión de Antoine por la casquivana “novia” de Román (María Asquerino), sino que esta tendencia psicopática del personaje queda plasmada expresamente en la secuencia en la que observa significativamente a las jugadoras de un partido de baloncesto. Como se ha apuntado, el personaje de María Asquerino, Marisa, resulta igualmente valiente, ya que queda claro desde el primer momento que es una mujer que vive de alternar con hombres, y que además Román se ha lucrado, o se lucra, en algún momento de ello. La relación de atracción y repulsión que mantienen indica asimismo el obvio tira y afloja entre una prostituta y su chulo.

Los límites del guión aún llegan más lejos en tres campos más. Continuar leyendo “Ese otro cine español: A tiro limpio (Francisco Pérez-Dolz, 1963)”

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Diálogos de celuloide – Calle Mayor

JUAN: ¿Y qué te parece?

TONIA: ¿Eh?

JUAN: La broma, lo de esa chica, Isabel.

TONIA: Ya te lo he dicho. Una canallada.

JUAN: ¿Sí?

TONIA: Sí, una canallada. Esos tíos son unos cabestros, pero tú…

JUAN: ¿Qué?

TONIA: Nada, que creía que eras de otra manera.

JUAN: ¿Cómo?

TONIA: Más hombre, más…, entero.

JUAN: Pero si, total, todo es una broma, para reírnos…

TONIA: ¿Todos?

JUAN: No te entiendo.

TONIA: ¿Ellla también se va a reír?

JUAN: ¡Bah! No le va a pasar nada.

TONIA: ¿Tú que sabes? ¡Me dais asco!

Calle Mayor. Juan Antonio Bardem (1956).