Ese otro cine español: Carlos contra el mundo (Chiqui Carabante, 2002)

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Dentro de la maraña de óperas primas de todo género y pelaje tan abundantes en el cine español de finales de siglo XX y comienzos del XXI, Carlos contra el mundo (Chiqui Carabante, 2002), drama con tintes de comedia protagonizado por el excelente Julián Villagrán, ocupa por derecho propio un lugar de honor.

Extrañamente madura para tratarse de un debut, sólida en su planteamiento -especialmente impactantes las dos primeras secuencias, de signo y tonos totalmente antitéticos, que describen a la perfección el sube y baja dramático y humorístico del que se compone la cinta y muestran ya el talento y el acierto en la realización- y tanto o más en su desarrollo, huyendo de las tentaciones del lugar común y de excesos de todo tipo, al mismo tiempo contenida y torrencial, con un sabio manejo de la tensión y sin perder un ápice de interés a lo largo de sus 90 minutos, la película alterna continuamente lecturas cómicas y tremebundas de lo que es el patético relato de la triste realidad de un protagonista que no quiere crecer y al que las circunstancias obligan a colocarse en el papel de cabeza de familia. Tras la -como mínimo curiosa- muerte del padre, Carlos, con apenas veinticinco años, debe abandonar su mundo de tebeos, salidas nocturnas, trapicheos y drogas blandas por los suburbios de un barrio obrero de Málaga, para labrarse una posición económica y social que le permita sacar adelante a su madre viuda (que, de momento, sale a la calle con su tenderete de tabaco de contrabando para obtener ingresos) y a su hermano pequeño. La solución, a priori, se presenta fácil: trabajar a las órdenes de su primo (Juanma Lara) en su negocio de cachivaches para turistas y suministro de bagatelas para tiendas de chinos. No obstante, eso le obliga a vestirse de botella de Tío Pepe y pasarse todo el día al sol con el carromato, además de aguantar los delirios de grandeza de empresario emprendedor y hecho a sí mismo de su primo, y soportar su carácter hosco y antipático, por no hablar de las horrendas comidas dominicales. Carlos prefiere robar carburadores junto a un colega del barrio (Manolo Solo), y pulirse las ganancias en cervezas y maría. Con idea de huir de su primo, y al mismo tiempo contentar a su madre, que no deja de presionarle, Carlos, que tiene alma de artista, encuentra un excelente refugio temporal: la mentira. Continuar leyendo “Ese otro cine español: Carlos contra el mundo (Chiqui Carabante, 2002)”

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Música para una banda sonora vital – 7 vírgenes

Tras ver a Juan José Ballesta en 7 virgenes, Anjelica Huston, presidenta del jurado del Festival de San Sebastián de 2005, afirmó que el joven actor español era el mejor intérprete masculino de su edad que había visto jamás. De hecho obtuvo el premio al mejor actor. Pero no sólo él está espléndido en la película; tanto o incluso más lo está Jesús Carroza (premio Goya al actor revelación ese mismo año), desconocido hasta entonces, su partenaire y coprotagonista que domina y da empaque con su presencia una tragedia que, envuelta en los ambientes y aromas de la juventud de extrarradio (discotecas de polígono industrial, barriadas de viviendas amontonadas, trabajos precarios, trapicheo, botellón, drogas y sexo rápido), posee un trasfondo clásico cuya inspiración se diría proveniente directamente de Federico García Lorca.

Una película breve pero muy intensa, de una naturalidad desarmante, que contiene este tema de La Cabra Mecánica, Felicidad (qué difícil es de atrapar, la jodía…).