Música para una banda sonora vital – Anything goes

Anything goes, el memorable clásico de Cole Porter, tiene infinita presencia en el Séptimo Arte. Por ejemplo, es una canción que sirve casi de leitmotiv para La huella (Sleuth, Joseph L. Mankiewicz, 1972). Steven Spielberg, que, aunque no lee nada, ha crecido viendo y escuchando cine, tomó nota de ello para su homenaje al inventor del género musical como tal, el coreógrafo Busby Berkeley, al principio de su Indiana Jones y el templo maldito (1984), la más floja entrega de la saga hasta que a Spielberg y Lucas se les ocurrió la mamarrachada esa de la calavera de cristal.

En la secuencia, situada en un presunto local descomunal (de múltiples pisos de altura y con un inmenso escenario que, curiosamente, queda oculto a la vista del público, en el que las bailarinas rubias sustituyen a las chinas como por arte de magia) de la ciudad de Shanghai, por entonces, hasta la ocupación japonesa, calificada como ciudad internacional bajo gestión británica, asistimos a la perfecta simbiosis entre Cole Porter, Busby Berkeley y las películas de Fu Manchú, con Kate Capshaw, que por entonces era o iba a ser la esposa de Spielberg, cantando en chino (suponemos, por la geografía, que chino cantonés) la tonadilla de Porter, eso sí, con su estribillo insustituible, pura moraleja en sí mismo: Anything goes.

La tienda de los horrores: Indiana Jones y el templo maldito

Sin duda, la más floja de la serie hasta la fecha (mi escepticismo ante la cuarta entrega, presuntamente titulada Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal, no me deja mucho espacio para ser optimista), esta secuela de la excelente película de aventuras Raiders of the lost ark (En busca del arca perdida), hizo perder puntos al héroe del látigo, que sólo los recuperaría en parte en su última cruzada junto a Sean Connery.

Steven Spielberg tardó sólo tres años en estrenar la segunda parte de la saga con la que pretendía recuperar las viejas historias de cómic o de pequeñas novelitas por entregas de su juventud. Si en la primera película (1981) lograba altas cotas de perfección en cuanto a la caracterización de personajes (todos los que aparecen cuentan con un pasado que se insinúa de manera muy sutil y efectiva), ambientación, acción e interés por una historia central salpicada de elementos míticos y arqueológicos cercanos a la cultura occidental, en ésta realiza una especie de parodia de la primera, elimina el bagaje personal del doctor Jones como elemento caracterizador del personaje, y se embarca en una trama sin lógica para el espectador desconocedor de las religiones y tradiciones indias que desemboca en una espiral de secuencias de homenaje a otro cine, personajes maniqueos sin motivación más allá de la pura bondad o maldad (qué distinto al ambicioso arquéologo francés Bellocq, de la primera parte, mezquino, ruin, orgulloso, noble y traidor a la vez), y el establecimiento de unas relaciones personales entre los protagonistas positivos que resultan postizas e improvisadas, sin historia precedente ni un devenir posterior imaginable (mucho menos viendo la tercera parte), todo ello, es innegable, mezclado con unas poderosas y fenomenales escenas de acción subterránea, aunque no exentas de imperfecciones.
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