La tienda de los horrores – Rafi, un rey de peso

Si se traslada Un yanqui en la corte del rey Arturo de Mark Twain al tiempo presente, se la despoja de toda gracia y talento y se omite cualquier lectura crítica y sarcástica acerca de los sistemas de gobierno y las relaciones de la sociedad con la política, nos queda la novela de Emlyn Williams, probablemente de un involuntario tono infantil, en la que se basa este aborto fílmico, King Ralph, titulada en España, por si el ridículo no fuera ya suficiente, Rafi, un rey de peso, dirigida en 1991 por un tal David S. Ward, cuyo mayor éxito es sin duda una cosa llamada Abajo el periscopio (1995), otra ¿comedia? igual de espantosa que ésta.

El argumento se resume pronto: un accidente acaba con toda la familia real británica, por lo que el Estado tiene que exprimir el orden sucesorio para encontrar a un nuevo ocupante del trono, que no es otro que Ralph Jones (John Goodman), un obeso pianista de Las Vegas acostumbrado a la comida rápida, el lenguaje obsceno, la moda hortera, los programas de televisión y los pellizcos en el trasero a las coristas, vedettes y demás morralla de la ciudad del juego. Pero claro, las oportunidades que se le abren le obligan a trasladarse a Londres a asumir el trono, lo cual le fuerza a un cambio radical de hábitos y aficiones, orientado en todo momento por su cicerone en la corte, guía práctico, consejero y profesor de modos y maneras (Peter O’Toole). Esta necesidad de adaptarse a toda velocidad al estricto mundillo de la realeza, rodeado de lujos y riquezas pero también de obligaciones y servidumbres, centra las presuntas gracias de la película, que gracia, lo que se dice gracia, la tiene en el culo.

La película pretende asentarse sobre tres de los pilares básicos de la comedia de todos los tiempos. A saber: en primer lugar, el tema del “pez fuera del agua”, esto es, un personaje trasplantado por azar a un entorno no habitual repleto de situaciones en las que se siente extraño, ajeno, lo cual debe propiciar situaciones absurdas e hilarantes fundamentadas en la falta de comprensión y los equívocos constantes. Continuar leyendo “La tienda de los horrores – Rafi, un rey de peso”

Anuncios

Lección de interpretación de Peter O’Toole: Venus

venus

Aunque ha participado en unos cuantos proyectos más desde entonces, es Venus, de Roger Michell (2006), la última ocasión en que Peter O’Toole, actor de amplia y muy irregular filmografía (nos quedamos con lo mejor, Lawrence de Arabia, Becket, Lord Jim, La noche de los generales, El león en invierno, Adiós Mr. Chips o El último emperador), nos ha obsequiado una vez más con una interpretación memorable encarnando de nuevo a un personaje carismático y atormentado al estilo de los que le han dado fama y reconocimiento pero con tintes mucho más amables que de costumbre, gracias al cual obtuvo una nominación al Oscar. Esta vez da vida a Maurice, un actor en los últimos momentos de su carrera que todavía realiza pequeños papeles televisivos y cuyos momentos de ocio transcurren en compañía de sus camaradas Ian (Leslie Philips) y Donald (Richard Griffiths), actores jubilados como él. Los tres se reúnen diariamente en un bar para hablar del pasado y del presente, chincharse, lanzarse dardos irónicos y tomar una copa en un ambiente de camaradería y recuerdos. Al menos es así hasta que Ian manifiesta su preocupación por la llegada de Jessie (Jodie Whittaker), la hija adolescente de su sobrina, que viaja a Londres para atenderlo como enfermera las veinticuatro horas por la falta de alicientes y de posibilidades laborales en el campo. La chica modosita, tímida y apocada amante de la vida tranquila y de la música de Bach que él espera es una joven muy distinta, devota de la comida basura, sin experiencia como enfermera y con un gusto por las bebidas alcohólicas impropio para su edad.

Curiosamente, y utilizando como metáfora de su relación la historia que rodea la pintura de Velázquez La Venus del espejo, será Maurice y no Ian quien conecte más fácilmente con la recién llegada, de manera que las cada vez más horas que comparten y que sirven a Ian para escapar de la perniciosa, para él, influencia de la joven, les ayudan a establecer un extraño vínculo que se mueve en el fino límite de la amistad, la relación paterno-filial, el nacimiento a la vida adulta, el último aliento de deseo carnal de un anciano, la necesidad de paliar sus respectivas soledades y, sí, también el amor, extraño, entre crepuscular, ingenuo y morboso, pero amor. Así, Jessie se abrirá a un mundo que desconoce (los teatros, los museos, las tiendas caras de la City) y Maurice sentirá nostalgia por un tiempo que ya hace mucho que pasó, volviendo a sentirse joven al internarse con una chica joven en la vida nocturna de Londres; sólo su trabajo y su mujer (Vanessa Redgrave), con la que ya no vive pero con la que sigue manteniendo el trato, pone un punto de sensatez en su vida.
Continuar leyendo “Lección de interpretación de Peter O’Toole: Venus”