Cine de papel: El cortometraje en España, de Juan Antonio Moreno Rodríguez (Ed. Tal vez, 2017)

Tras su Miradas en corto (2013), y el paréntesis de El arte y la vida. Conversaciones con Abel Cuerda (2016), Juan Antonio Moreno Rodríguez vuelve al terreno del cortometraje para trazar una panorámica del formato en España a través de un recorrido que abarca pasado, presente y futuro.

El volumen incluye una breve historia del cortometraje español, desde sus orígenes en 1897 hasta su proyección futura, con un amplísimo catálogo de nombres y títulos, y con un apartado crítico que analiza medio centenar de ellos. Además, el título incluye un glosario de términos referidos al lenguaje cinematográfico, un repertorio de blogs, sitios web y revistas digitales que dedican tiempo y espacio al sector (entre los que, generosamente, incluye esta cabecera, que por cierto hace tiempo que ha descuidado la atención a los cortos), y un pertinente apartado dedicado a reflexionar acerca del sentido y la finalidad de la crítica cinematográfica en el panorama actual.

Un libro imprescindible para situarse en el mundo del cortometraje español de los últimos años, para apuntar una tras otra referencias y visionados pendientes, y adquirir así conocimiento de causa en torno al cine español que viene.

“Cine y matemáticas. Resolviendo problemas”, de José María Sorando

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La nueva entrega literario-matemática de José María Sorando Muzás es una auténtica gozada que asegura un buen rato de entretenimiento, cine, puesta al día y aprendizaje de números, cálculos, álgebra o geometría. Siempre con las películas y las series de televisión como pretexto para hacernos pensar en números, el libro divide el material en una serie de capítulos a cual más curioso e interesante, y con un invariable sentido del humor. A saber:

Cuestión de tamaños: gorilas gigantes, monstruos de toda clase y condición, increíbles hombres menguantes, dinosaurios, criaturas fantásticas, Gulliver o Alicia… El misterio y los límites de las relaciones entre volumen, masa y superficie.

Vampiros y estafas exponenciales: no muertos, zombis, infectados… ¿Pueden extenderse con la rapidez y velocidad con que se nos muestra en las películas? ¿No deberían sufrir paulatinamente la falta de alimento y por ello mismo avanzar hacia su autodestrucción? ¿Y qué hay de esos otros vampiros, los de verdad, que se ocultan en las tinieblas de los consejos de administración? Estafas piramidales, fraudes macroeconómicos, timos, mentiras y más mentiras… El día a día de nuestro país.

Atrapa el gazapo: divertidísimo capítulo con las metidas de pata más clamorosas en guiones de producciones de todo pelaje y pretensión, errores de doblaje, fallos en los cálculos, pifias con el número pi, disparates geométricos, lógica absurda y errores que lo parecen pero no lo son. Otra manera de detectar cuáles son las buenas y las malas películas.

Matemáticas en el lado oscuro: los números de la Bestia, quien controla las matemáticas controla el mundo, villanos matemáticos y crímenes lógicos. Números de miedo…

Matemáticas contra el crimen: lucha contra la corrupción y el fraude, desencriptar los mensajes de los asesinos en serie, perfiles psicológicos, seguridad en Internet, el carbono 14… Cuando el talento con los números se emplea en hacer el bien.

Ecuaciones decisivas: cómo las matemáticas pueden salvar la vida de los intrépidos astronautas perdidos en el espacio exterior, fórmulas objeto de espionaje, algoritmos y matemáticas aplicadas al deporte y al juego, por qué la austeridad no es el camino… Un capítulo cuya incógnita a despejar es la fórmula de la belleza.

¡Houston, tenemos un problema!: cómo sobrevivir en Marte sin que se te ponga el careto de Matt Damon, la formulación de los problemas matemáticos escolares, la poligamia como problema de derecho sucesorio, trampas estadísticas, creatividad inesperada… Problemas y más problemas.

Para vivir: hermoso capítulo que relaciona las matemáticas y los números con conceptos como la libertad, la igualdad y la fraternidad. O sea, matemáticas a la Kieslowski.

Matemáticas explicadas con sencillez y claridad, con aplicaciones prácticas y cotidianas extraídas de ejemplos cinematográficos y televisivos, personajes inolvidables, situaciones chocantes, extractos de guiones con implicaciones numéricas y matemáticas, curiosidades biográficas, historias matemáticas, actores y actrices, cagadas monumentales… en un bello y ameno libro que con la sordina del cine nos llena la cabeza, y el corazón, de matemáticas para vivir y soñar un mundo mejor.

Cine en fotos: una noche sin Ava Gardner

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Estaba una noche en Villa Rosa, no el colmado andaluz de la plaza de Santa Ana, sino el resplandeciente y lujoso no sé qué nocturno de Ciudad Lineal, con Juan Estelrich, cuando descubrimos en una mesa un grupo en el que se encontraban, acompañados por un señor y una señora de aspecto americano, el torero Luis Miguel Dominguín, Ava Gardner, Frank Sinatra y Lola Flores. Se levantaron y Luis Miguel se acercó a nuestra mesa. Nos invitó a sumarnos a ellos y subir a un cuarto reservado en el que iban a cantar unos flamencos. Aceptamos la invitación con entusiasmo. Allí, en el cuarto, a la luz de las velas, escuchamos un poco de cante. De vez en cuanto, Luis Miguel me decía por lo bajo:

-Espera y verás, espera y verás.

Alguien convención, muy dificultosamente, a Frank Sinatra de que cantase Stormy weather. Se decidió que fuéramos todos a casa de Lola Flores.

En lo que nos distribuíamos en los coches, como quien se acerca a la pila del agua bendita, me atreví a tocar deliberadamente, en escasísimos segundos, con la yemas de los dedos de mi mano derecha la piel del hombro desnudo de Ava Gardner. En lo que duró la religiosa caricia sus bellísimos ojos me miraron con absoluta inexpresividad.

Cuando Juan Estelrich y yo entrábamos en nuestro taxi, Luis Miguel me murmuró al oído:

-Espera y verás.

Fuimos al piso de Lola Flores, lujosísimamente decorado. Frank Sinatra se había negado a ir, se había marchado solo, sin nadie que le acompañara, al hotel. Ava Gardner se quedó con nosotros. (Espera y verás.)

Lola Flores tenía en su piso un bar americano. Empezaron a servir bebidas. Ava se quedó un instante sola en el bar americano. Me atreví a acercarme, a estar unos instantes frente a ella, que volvió hacia mí la cara. La miré con lentitud, con delectación, gozando plenamente en la contemplación de aquella belleza inconcebible en sus colores naturales y en relieve. Me sostuvo la mirada y me habló despacio, en melodioso inglés. Ante mi silencio, preguntó si entendía aquel idioma. Con profundo rencor hacia mí mismo le respondí que no. Hizo Ava una seña y se acercó a nosotros su amigo, el de aspecto americano, a servir de intérprete. Ava volvió a mirarme y repitió la frase.

El amigo tradujo:

-Dice Ava que si tiene usted ganas de joder, ahí tiene a mi mujer, que está siempre dispuesta.

Ava dejó de mirarme y se volvió hacia su copa de ginebra. No había comprendido la complicada delicadeza de mis sentimientos y mis deseos. No obstante, yo seguí esperando para ver, según me había aconsejado Dominguín. Pero de pronto Ava lanzó un grito. Yo ya no estaba cerca de ella. Se formó un revuelo. ¿Qué había ocurrido? Como siempre, como casi siempre, Ava Gardner había perdido una joya. Todo el mundo empezó a buscar. Alguien llamó por teléfono a Villa Rosa. Otro bajó a mirar en el coche. A partir de ese momento se acabó la fiesta y la esperanza. Ya no hubo nada que esperar, nada que ver.

El tiempo amarillo, de Fernando Fernán-Gómez (Debate, 1998).

Cine en fotos – La verdadera Xanadú de Orson Welles: San Simeón, la mansión de William Randolph Hearst

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“Entre los invitados estaban Winston Churchill, el general MacArthur, Howard Hughes, Somerset Maugham, J. Edgar Hoover, Will Rogers, John Barrymore y muchas de las más bellas actrices de Hollywood. Cuando la mayoría de los invitados había tomado ya su buena ración de champán, empezó la alegría. Churchill contó las proezas de las fuerzas navales durante la Primera Guerra Mundial; el general MacArthur habló de su juventud en West Point; Howard Hughes no tenía nada que contar: estaba demasiado ocupado contemplando los bellos ojos de Joan Bennet, a su lado; Somerset Maugham, con la atractiva y deslumbradora Gloria Swanson, refería cómo llegó a escribir la narración en que se basó La frágil voluntad; J. Edgar Hoover, con la radiante Ginger Rogers a su izquierda, hablaba de cómo el FBI había atrapado a un famoso delincuente; Will Rogers hacía reír a todo el mundo acerca de los políticos; y Jack Barrymore contaba a Adela Rogers St. John ciertas anécdotas atrevidillas.

Irene Castle, la famosa bailarina, que era una gran amante de los animales y se oponía vigorosamente a la vivisección, escuchaba a Hemingway hablando de los grandes matadores y las espléndidas corridas de toros que había visto. Cuando Ernest dijo que consideraba que las corridas de toros eran el mejor deporte, Irene se metió con él. Dijo que no sólo era el más cruel e inhumano de los deportes, sino, además, a juzgar por las corridas que ella había presenciado, el más cobarde:

-Lo primero que vi cuando el toro entró en el ruedo, fue varios hombres aguerridos corriendo tras unos grandes parapetos de madera. Luego ondearon por turnos sus capas, haciendo que el toro diera vueltas hasta que se sintiera agotado. Luego, cuatro caballistas con largas lanzas se dedicaron a hundirlas en los lomos y el cuello del toro, impidiendo al pobre animal que levantara la cabeza. Seguidamente comparecieron otros con capas cansando aún más al animal, hasta que le colgó la lengua. Luego, su valiente matador, Mr. Hemingway, danzó por el lugar como una prima donna, se acercó al exhausto animal y lo mató hundiéndole su espada. Si a esto lo denomina un deporte, mejor será que deje de beber coñac español.

Varios invitados la aplaudieron, incluyendo Mr. Hearst, a quien le repelían totalmente las corridas de toros”.

La vida de un hombre o La vida en sus manos (Raoul Walsh, Ed. Grijalbo, 1982).

Cine en fotos – Billy Wilder y Jack Lemmon en Berlín

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MARK COUSINS: Hizo una gira por Europa para promocionar El apartamento (1960), y estuvieron juntos en Berlín. ¿Es cierto que Billy Wilder no le dijo hasta entonces que su familia había muerto en el Holocausto?

JACK LEMMON: Sí, una tarde estuve paseando con él. Salimos en coche y vimos una serie de edificios que parecían hechos de arenisca. En todas las paredes se veían impactos de bala. Era como si las casas tuviesen el sarampión. Se detuvo delante de una de ellas y los ojos se le llenaron de lágrimas. Le pregunté: “¿Qué te pasa, Billy?” Y él me dijo: “Yo vivía aquí”.

[Lemmon calla unos instantes, emocionado]

Mark Cousins, Escena por escena, OCHO Y MEDIO. LIBROS DE CINE, 2002.

Presentación en Zaragoza de Aventuras matemáticas en el cine, de José María Sorando (Ed. Guadalmazán, 2015)

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Martes, 26 de enero de 2016.

19:30 h. Sala de Ámbito Cultural de El Corte Inglés.

Paseo Independencia, 11. Zaragoza.

Presenta: un servidor.

“No sólo Sherlock Holmes utiliza las matemáticas, Homer Simpson, también”. Así presenta José María Sorando su libro “Aventuras matemáticas en el cine”, en el que relaciona el mundo de las emociones y el de las matemáticas. Y es que héroes como James Bond, Sherlock Holmes, Ethan Hunt (Misión Imposible), John Mc Clane (La Jungla de Cristal), o antihéroes como Homer Simpson, Sheldon Cooper ( The Big Bang Theory), Mr. Bean o Woody Allen se han valido de las matemáticas en muchas de sus escenas; en unas ocasiones para salvar al mundo, en otras para sobrevivir en él, y en algunas para provocar la carcajada.

José María Sorando es catedrático de Matemáticas en el IES Élaios de Zaragoza. Ha impartido conferencias en España, Andorra y Chile, y ha publicado numerosos artículos. Durante diez años ha sido el responsable de la sección Cinemateca de Suma, la revista matemática de mayor tirada en lengua española.

Cine en fotos – El estrangulador de Boston (The Boston strangler, Richard Fleischer, 1968)

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Aunque el guardarropa de Tony Curtis en El estrangulador de Boston se limitaba casi por completo a ropa de trabajo, el actor insistió en que todo se confeccionara a medida. Esta tarea fue confiada al figurinista William Travilla, quien trabajaba como couturier de alta costura con el nombre de Travilla, y que había diseñado el vestuario de Errol Flynn en algunas de sus películas de capa y espada.

-No quiero criticar a Tony, pero trabajar con él es una complicación -explicó un día Travilla-. Es un perfeccionista. Pero creo que ésta es una película muy seria, y no se pueden resolver los trajes comprando una cazadora verde con cremallera en cualquier parte. Hemos procurado dar una sensación de delgadez en el personaje, por lo que los pantalones son bajos de cintura y con pocos bolsillos. Y las camisas de faena se han cortado a una cierta medida, para que no hicieran bulto al meter los faldones dentro del pantalón. Luego metimos toda la ropa en la lavadora para magullarla hasta que tuviera carácter. Lo curioso es que los cambios que hemos hecho en los trajes no se notan. El personaje aparece triste y sucio, y por supuesto que no parece vestido a la medida. Los trajes crean un aire más sensual y, después de todo, el estrangulador debía resultar atractivo para que todas aquellas mujeres le permitieran entrar en su apartamento.

John Gregory Dunne. The Studio (1969).