Paseo cinematográfico y literario por Cartago…

El paseo de los generales Patton (George C. Scott) y Bradley (Karl Malden) por las ruinas de la ciudad romana, antes cartaginesa, de Cartago, perteneciente a la película Patton (Franklin J. Shaffner, 197o), resulta crucial el argumento de la novela Cartago Cinema (transcripción del diálogo de la secuencia justo detrás del vídeo), perpetrada por quien escribe.

Próximamente en sus pantallas. Quedan avisados.

Fue aquí. La batalla fue aquí. Los cartagineses defendían su ciudad del ataque de tres legiones romanas. Eran valientes pero no resistieron. Les masacraron. Las mujeres quitaron a los muertos túnicas, espadas y lanzas. Yacían desnudos al sol. Hace dos mil años…

Yo estaba aquí.

¿No me crees?

¿Sabes lo que decía el poeta?

“A través de los siglos, entre la pompa y la fatiga de la guerra, he batallado, me he esforzado y he perdido innumerables veces. Como a través de un vaso de cristal, veo la eterna contienda donde he luchado bajo muchos nombres y aspectos. Pero siempre era yo”.

¿Sabes quién era ese poeta?

Yo.

Guion de Francis F. Coppola y Edmund H. North.

Anuncios

Georges Méliès ha llegado a la ciudad

Queridos escalones, mañana, 19 de octubre, a las 19:30h., se presenta en Fnac Zaragoza-Plaza de España el libro Méliès, obra colectiva editada por Libros del Innombrable que aborda desde una perspectiva multidisciplinar la importante figura y el inmenso legado de este pionero de la técnica cinematográfica y del cine entendido como arte de la ilusión.

Ilustrado por Juan Luis Borra, el libro cuenta con textos del editor, Raúl Herrero, y de Antonio Fernández Molina, además de las colaboraciones de Bruno Marcos, Alberto Ruiz de Samaniego, Jesús F. Pascual Molina, Silvia Rins, Carlos Barbarito, Aldo Alcota, Laia López Manrique, Iván Humanes, Tomás Fernández Valentí, Diego Civilotti García y un servidor.

Lejos de haber quedado confinado en la naftalina de ese contenedor denominado “pioneros del cine”, la obra de Méliès no solo sigue viva, sino que su rastro se perpetúa a lo largo de películas de todas las décadas, en la técnica cinematográfica y en la obra artística de un sinnúmero de cineastas de cualquier época y cualquier lugar del mundo. Este libro viene a hacer justicia proclamando la importancia crucial y la decisiva influencia de Georges Méliès en la historia del cine, y por tanto en la historia del arte contemporáneo.

 

Cine de papel: El cortometraje en España, de Juan Antonio Moreno Rodríguez (Ed. Tal vez, 2017)

Tras su Miradas en corto (2013), y el paréntesis de El arte y la vida. Conversaciones con Abel Cuerda (2016), Juan Antonio Moreno Rodríguez vuelve al terreno del cortometraje para trazar una panorámica del formato en España a través de un recorrido que abarca pasado, presente y futuro.

El volumen incluye una breve historia del cortometraje español, desde sus orígenes en 1897 hasta su proyección futura, con un amplísimo catálogo de nombres y títulos, y con un apartado crítico que analiza medio centenar de ellos. Además, el título incluye un glosario de términos referidos al lenguaje cinematográfico, un repertorio de blogs, sitios web y revistas digitales que dedican tiempo y espacio al sector (entre los que, generosamente, incluye esta cabecera, que por cierto hace tiempo que ha descuidado la atención a los cortos), y un pertinente apartado dedicado a reflexionar acerca del sentido y la finalidad de la crítica cinematográfica en el panorama actual.

Un libro imprescindible para situarse en el mundo del cortometraje español de los últimos años, para apuntar una tras otra referencias y visionados pendientes, y adquirir así conocimiento de causa en torno al cine español que viene.

“Cine y matemáticas. Resolviendo problemas”, de José María Sorando

cine-y-maths_39

La nueva entrega literario-matemática de José María Sorando Muzás es una auténtica gozada que asegura un buen rato de entretenimiento, cine, puesta al día y aprendizaje de números, cálculos, álgebra o geometría. Siempre con las películas y las series de televisión como pretexto para hacernos pensar en números, el libro divide el material en una serie de capítulos a cual más curioso e interesante, y con un invariable sentido del humor. A saber:

Cuestión de tamaños: gorilas gigantes, monstruos de toda clase y condición, increíbles hombres menguantes, dinosaurios, criaturas fantásticas, Gulliver o Alicia… El misterio y los límites de las relaciones entre volumen, masa y superficie.

Vampiros y estafas exponenciales: no muertos, zombis, infectados… ¿Pueden extenderse con la rapidez y velocidad con que se nos muestra en las películas? ¿No deberían sufrir paulatinamente la falta de alimento y por ello mismo avanzar hacia su autodestrucción? ¿Y qué hay de esos otros vampiros, los de verdad, que se ocultan en las tinieblas de los consejos de administración? Estafas piramidales, fraudes macroeconómicos, timos, mentiras y más mentiras… El día a día de nuestro país.

Atrapa el gazapo: divertidísimo capítulo con las metidas de pata más clamorosas en guiones de producciones de todo pelaje y pretensión, errores de doblaje, fallos en los cálculos, pifias con el número pi, disparates geométricos, lógica absurda y errores que lo parecen pero no lo son. Otra manera de detectar cuáles son las buenas y las malas películas.

Matemáticas en el lado oscuro: los números de la Bestia, quien controla las matemáticas controla el mundo, villanos matemáticos y crímenes lógicos. Números de miedo…

Matemáticas contra el crimen: lucha contra la corrupción y el fraude, desencriptar los mensajes de los asesinos en serie, perfiles psicológicos, seguridad en Internet, el carbono 14… Cuando el talento con los números se emplea en hacer el bien.

Ecuaciones decisivas: cómo las matemáticas pueden salvar la vida de los intrépidos astronautas perdidos en el espacio exterior, fórmulas objeto de espionaje, algoritmos y matemáticas aplicadas al deporte y al juego, por qué la austeridad no es el camino… Un capítulo cuya incógnita a despejar es la fórmula de la belleza.

¡Houston, tenemos un problema!: cómo sobrevivir en Marte sin que se te ponga el careto de Matt Damon, la formulación de los problemas matemáticos escolares, la poligamia como problema de derecho sucesorio, trampas estadísticas, creatividad inesperada… Problemas y más problemas.

Para vivir: hermoso capítulo que relaciona las matemáticas y los números con conceptos como la libertad, la igualdad y la fraternidad. O sea, matemáticas a la Kieslowski.

Matemáticas explicadas con sencillez y claridad, con aplicaciones prácticas y cotidianas extraídas de ejemplos cinematográficos y televisivos, personajes inolvidables, situaciones chocantes, extractos de guiones con implicaciones numéricas y matemáticas, curiosidades biográficas, historias matemáticas, actores y actrices, cagadas monumentales… en un bello y ameno libro que con la sordina del cine nos llena la cabeza, y el corazón, de matemáticas para vivir y soñar un mundo mejor.

Cine en fotos: una noche sin Ava Gardner

AAva_39

Estaba una noche en Villa Rosa, no el colmado andaluz de la plaza de Santa Ana, sino el resplandeciente y lujoso no sé qué nocturno de Ciudad Lineal, con Juan Estelrich, cuando descubrimos en una mesa un grupo en el que se encontraban, acompañados por un señor y una señora de aspecto americano, el torero Luis Miguel Dominguín, Ava Gardner, Frank Sinatra y Lola Flores. Se levantaron y Luis Miguel se acercó a nuestra mesa. Nos invitó a sumarnos a ellos y subir a un cuarto reservado en el que iban a cantar unos flamencos. Aceptamos la invitación con entusiasmo. Allí, en el cuarto, a la luz de las velas, escuchamos un poco de cante. De vez en cuanto, Luis Miguel me decía por lo bajo:

-Espera y verás, espera y verás.

Alguien convención, muy dificultosamente, a Frank Sinatra de que cantase Stormy weather. Se decidió que fuéramos todos a casa de Lola Flores.

En lo que nos distribuíamos en los coches, como quien se acerca a la pila del agua bendita, me atreví a tocar deliberadamente, en escasísimos segundos, con la yemas de los dedos de mi mano derecha la piel del hombro desnudo de Ava Gardner. En lo que duró la religiosa caricia sus bellísimos ojos me miraron con absoluta inexpresividad.

Cuando Juan Estelrich y yo entrábamos en nuestro taxi, Luis Miguel me murmuró al oído:

-Espera y verás.

Fuimos al piso de Lola Flores, lujosísimamente decorado. Frank Sinatra se había negado a ir, se había marchado solo, sin nadie que le acompañara, al hotel. Ava Gardner se quedó con nosotros. (Espera y verás.)

Lola Flores tenía en su piso un bar americano. Empezaron a servir bebidas. Ava se quedó un instante sola en el bar americano. Me atreví a acercarme, a estar unos instantes frente a ella, que volvió hacia mí la cara. La miré con lentitud, con delectación, gozando plenamente en la contemplación de aquella belleza inconcebible en sus colores naturales y en relieve. Me sostuvo la mirada y me habló despacio, en melodioso inglés. Ante mi silencio, preguntó si entendía aquel idioma. Con profundo rencor hacia mí mismo le respondí que no. Hizo Ava una seña y se acercó a nosotros su amigo, el de aspecto americano, a servir de intérprete. Ava volvió a mirarme y repitió la frase.

El amigo tradujo:

-Dice Ava que si tiene usted ganas de joder, ahí tiene a mi mujer, que está siempre dispuesta.

Ava dejó de mirarme y se volvió hacia su copa de ginebra. No había comprendido la complicada delicadeza de mis sentimientos y mis deseos. No obstante, yo seguí esperando para ver, según me había aconsejado Dominguín. Pero de pronto Ava lanzó un grito. Yo ya no estaba cerca de ella. Se formó un revuelo. ¿Qué había ocurrido? Como siempre, como casi siempre, Ava Gardner había perdido una joya. Todo el mundo empezó a buscar. Alguien llamó por teléfono a Villa Rosa. Otro bajó a mirar en el coche. A partir de ese momento se acabó la fiesta y la esperanza. Ya no hubo nada que esperar, nada que ver.

El tiempo amarillo, de Fernando Fernán-Gómez (Debate, 1998).

Cine en fotos – La verdadera Xanadú de Orson Welles: San Simeón, la mansión de William Randolph Hearst

san simeon_39

“Entre los invitados estaban Winston Churchill, el general MacArthur, Howard Hughes, Somerset Maugham, J. Edgar Hoover, Will Rogers, John Barrymore y muchas de las más bellas actrices de Hollywood. Cuando la mayoría de los invitados había tomado ya su buena ración de champán, empezó la alegría. Churchill contó las proezas de las fuerzas navales durante la Primera Guerra Mundial; el general MacArthur habló de su juventud en West Point; Howard Hughes no tenía nada que contar: estaba demasiado ocupado contemplando los bellos ojos de Joan Bennet, a su lado; Somerset Maugham, con la atractiva y deslumbradora Gloria Swanson, refería cómo llegó a escribir la narración en que se basó La frágil voluntad; J. Edgar Hoover, con la radiante Ginger Rogers a su izquierda, hablaba de cómo el FBI había atrapado a un famoso delincuente; Will Rogers hacía reír a todo el mundo acerca de los políticos; y Jack Barrymore contaba a Adela Rogers St. John ciertas anécdotas atrevidillas.

Irene Castle, la famosa bailarina, que era una gran amante de los animales y se oponía vigorosamente a la vivisección, escuchaba a Hemingway hablando de los grandes matadores y las espléndidas corridas de toros que había visto. Cuando Ernest dijo que consideraba que las corridas de toros eran el mejor deporte, Irene se metió con él. Dijo que no sólo era el más cruel e inhumano de los deportes, sino, además, a juzgar por las corridas que ella había presenciado, el más cobarde:

-Lo primero que vi cuando el toro entró en el ruedo, fue varios hombres aguerridos corriendo tras unos grandes parapetos de madera. Luego ondearon por turnos sus capas, haciendo que el toro diera vueltas hasta que se sintiera agotado. Luego, cuatro caballistas con largas lanzas se dedicaron a hundirlas en los lomos y el cuello del toro, impidiendo al pobre animal que levantara la cabeza. Seguidamente comparecieron otros con capas cansando aún más al animal, hasta que le colgó la lengua. Luego, su valiente matador, Mr. Hemingway, danzó por el lugar como una prima donna, se acercó al exhausto animal y lo mató hundiéndole su espada. Si a esto lo denomina un deporte, mejor será que deje de beber coñac español.

Varios invitados la aplaudieron, incluyendo Mr. Hearst, a quien le repelían totalmente las corridas de toros”.

La vida de un hombre o La vida en sus manos (Raoul Walsh, Ed. Grijalbo, 1982).

Cine en fotos – Billy Wilder y Jack Lemmon en Berlín

wilder_berlin_39

MARK COUSINS: Hizo una gira por Europa para promocionar El apartamento (1960), y estuvieron juntos en Berlín. ¿Es cierto que Billy Wilder no le dijo hasta entonces que su familia había muerto en el Holocausto?

JACK LEMMON: Sí, una tarde estuve paseando con él. Salimos en coche y vimos una serie de edificios que parecían hechos de arenisca. En todas las paredes se veían impactos de bala. Era como si las casas tuviesen el sarampión. Se detuvo delante de una de ellas y los ojos se le llenaron de lágrimas. Le pregunté: “¿Qué te pasa, Billy?” Y él me dijo: “Yo vivía aquí”.

[Lemmon calla unos instantes, emocionado]

Mark Cousins, Escena por escena, OCHO Y MEDIO. LIBROS DE CINE, 2002.