Música para una banda sonora vital: There’s no business like show business

Otro tema inmortal del musical clásico, en este caso lo más memorable de Annie, la reina del circo (Annie get your gun, George Sidney, 1950), historia de Annie Oakley, pistolera y acróbata profesional del famoso circo de Buffalo Bill. Betty Hutton, Howard Keel, el gran Louis Calhern y Keenan Wynn interpretan esta canción imperecedera, asociada desde siempre a los grandes musicales de Hollywood, plenos de color, espectáculo y vitalismo. Casi un himno no oficial de la capital mundial del cine.

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Mis escenas favoritas: Sopa de ganso (Duck soup, Leo McCarey, 1933)

¡¡Freedonia va a la guerra!!

Música para una banda sonora vital – Semilla de maldad (The blackboard jungle, Richard Brooks, 1955)

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Esta magnífica película de Richard Brooks es el pistoletazo de salida de varias cosas. En primer lugar, del género de películas sobre profesores metidos en aulas conflictivas de colegios o institutos situados en barrios poco recomendables, que tanto recorrido ha tenido y tiene, especialmente en el cine de los últimos veinte años. También es el descubrimiento de Sidney Poitier, que más adelante, y en uno de los personajes más emblemáticos (aunque, vista hoy, en una de sus películas más ñoñas, cursis y pelmazas), se pasaría al otro lado de la tarima. Finalmente, la banda sonora contiene el que para muchos es el momento fundacional del rock and roll, el tema de Bill Haley & His Comets Rock around the clock, el archiconocido Rock del reloj, que abre el metraje. Tal fue el éxito de la película que hay quien opina que el rock le debe buena parte de su crédito inicial al cine. Como tantas cosas de la vida, por cierto.

Diálogos de celuloide – Julio César (Julius Caesar, Joseph L. Mankiewicz, 1953)

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BRUTO: Si hay entre los presentes algún amigo de César, a él le digo que el amor de Bruto por César no era menor que el suyo. Si después ese amigo pregunta por qué Bruto se alzó contra César, he aquí mi respuesta: no se trata de que amara menos a César, sino de que amaba más a Roma. ¿Preferiríais que César viviera y que murieran todos como esclavos, o que César estuviera muerto para que todos vivieran como hombres libres? Como César me amaba, lloro por él; como era afortunado, gozo con ello; como era valiente, le honro, pero porque era ambicioso, le maté. Tengo lágrimas por su amor, dicha por su fortuna, orgullo por su valor y muerte por su ambición.

Julius Caesar (Joseph L. Mankiewicz, 1953).

A rey muerto…: Executive suite (Robert Wise, 1954)

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Aquí tenemos, en una fotografía promocional, al extraordinario elenco de Executive suite (mucho mejor conservar su título original que emplear el español, La torre de los ambiciosos), excelente drama ambientado en el mundo de la bolsa y los negocios dirigido en 1954 por el gran Robert Wise, uno de los más importantes cineastas todo-terreno de la historia del cine, y en el que además de un grupo impagable de intérpretes confluye la labor de John Houseman en la producción y del no menos grande Ernest Lehman en la confección del guión a partir de una obra de Cameron Hawley. Otro detalle llama la atención desde el minuto uno de los 99 que componen el metraje total: la ausencia de música. La película transcurre en todo momento en sonido ambiente, y sólo dos detalles sonoros invaden el reino de los ruidos cotidianos del tráfico, las conversaciones, el timbre de los teléfonos o el rugido de los motores o de la maquinaria: el primero, algunos breves apuntes de canciones de Cole Porter, otro genio, oídas en la radio, y el segundo, las campanas, el eco ensordecedor del tañido de las campanas que marcan como el latido de un corazón el pulso de la compañía Tredway, la tercera más importante del país en la fabricación de muebles, especialmente allí donde radica su núcleo vital, la torre de estilo medieval del edificio de su sede central en una ciudad de tamaño medio de Pensilvania.

La trama es apasionante, tanto como la forma que escoge Wise para introducirnos en ella. De entrada, justo después de que finalicen los créditos, accedemos a la historia por los ojos de Avery Bullard, el presidente de la Tredway, el hombre que rescató la compañía del desastre después del suicidio de su fundador y primer presidente, y que la ha dirigido durante años con mano de hierro, controlando a base de carisma y un gobierno personalista hasta el último resorte del negocio. Y ocurre así, literalmente: vemos por sus ojos porque Wise elige la cámara subjetiva para mostrarnos cómo Bullard, al que en ningún momento veremos y al que no interpreta ningún actor, sólo el objetivo de la cámara, se despide de sus colaboradores un viernes por la tarde dispuesto a iniciar el fin de semana con la convocatoria de una Junta Extraordinaria de accionistas. Observamos desde dentro cómo sale por el pasillo, coge el ascensor, se detiene en la oficina de la Western Union a poner un telegrama en el que avisa de su hora de llegada a casa, y sale a la calle para tomar un taxi. Y vemos cómo, de repente, mira al cielo, emite un quejido, y cae al suelo. Lo último que ve, es su propia mano dejando escapar el billetero con su documentación. Este es un detalle importante, puesto que, viernes por la tarde, víspera de fin de semana, nadie tiene prisa por identificar un cadáver sin documentación llevado al depósito a última hora de la semana laborable. Sin embargo, uno de los miembros de la junta, Caswell (Louis Calhern), lo ha visto todo desde la ventana de un despacho, y, creyendo reconocer al fallecido, rápidamente… decide vender acciones de la compañía en previsión de la caída. Ese movimiento, irreflexivo y torpe, le hará perder mucho dinero y condicionará su postura en la guerra que está a punto de abrirse: ¿quién ha de suceder a Bullard al frente de la Tredway? Siete personas; siete votos. Se precisa una mayoría de cuatro para salir victorioso, y los distintos miembros de la Junta van a intentar discutir, negociar, conspirar, convencer, chantajear y alguna que otra cosa más desde ese mismo instante para salirse con la suya, ya sea el mando de la empresa o conseguir lo que consideran que es mejor para su conservación. Se abre el juego y, quien más quien menos, todos se postulan para algo.

En primer lugar, tenemos a Shaw (Fredric March), el ingeniero financiero de la firma que consigue aumentar los beneficios con triquiñuelas fiscales, ahorro de impuestos y abaratando costes; él es primero que mueve sus peones: toma el mando de facto y organiza el funeral de Bullard, convoca la Junta Extraordinaria para tratar la sucesión y empieza a poner en marcha la estrategia para salir elegido. Para ello convence a Caswell con el cebo de devolverle las acciones perdidas el día anterior, y de paso chantajea a otro de los socios, Dudley (Paul Douglas), para obtener su voto a cambio de no revelar que mantiene una relación extramatrimonial con una de las secretarias de la compañía (Shelley Winters). Este punto demuestra la maestría de Lehman y Wise como narradores: la relación entre Shaw y Dudley, después de un tratamiento inicial, queda sumergida durante el resto del metraje en una sensacional elipsis. Frente a las maniobras de Shaw, parece haber una débil oposición: Walling (William Holden), es el miembro más joven de la Junta, un investigador que se dedica a innovar y a probar nuevas vías de producto y que trabaja a pie de fábrica, por lo que es totalmente inexperto en los temas de despacho; el aparente sucesor natural, Alderson (Walter Pidgeon), es demasiado mayor y está acostumbrado a trabajar en un segundo plano, es un buen complemento y un excelente ejecutor de acuerdos, pero nunca por iniciativa propia, siempre como servidor de otros; Grimm (Dean Jagger), sólo piensa en jubilarse e irse a pescar; y, por último, Julia Tredway (Barbara Stanwyck), es accionista a su pesar: sus acciones son el último vínculo con su padre, por cuyo suicidio sigue obsesionada hasta el punto de que sufre tentaciones de seguir el mismo camino, y también con su antiguo amante, Avery Bullard, al que recuerda con el resentimiento de pensar que para él la empresa era más importante que ella. Desinteresada de todo, delega en Shaw, por lo que parece que tiene ya los cuatro votos necesarios para salir presidente… Continuar leyendo “A rey muerto…: Executive suite (Robert Wise, 1954)”

Mis escenas favoritas – La jungla de asfalto

“¡Qué portento de criatura!”, dice Louis Calhern de su “sobrina” Marilyn Monroe… Y qué portento esta película de John Huston, clásico del ciclo dorado del cine negro americano del año 1950 basado en una obra del prolífico W.R. Burnett, un perfecto mecanismo de relojería, una imprescindible obra maestra de personajes al límite, de destinos amargos y amores truncados.

Película que será proyectada en la 2ª sesión de 2013 del IV Ciclo Libros Filmados, organizado por la Asociación Aragonesa de Escritores y Fnac Zaragoza – Plaza de España.

Como siempre, se os espera (o no).

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Mis escenas favoritas – Sopa de ganso

Sólo unas cuantas píldoras del humor que encierra esta magistral comedia dirigida por el gran Leo McCarey en 1933, el momento álgido de Groucho, Chico y Harpo Marx.

Eso sí, pedimos disculpas por el horrendo doblaje de los vídeos. Sin embargo, eso abre otro debate: ¿quién demonios traducía los surrealistas diálogos de los hermanos Marx? ¿Terminó sufriendo algún tipo de colapso mental? ¿Desarrolló algún tic facial? ¿Le explosionó la cabeza? ¿Se convirtió en alguna clase de mutante? Algún mérito, en cualquier caso, debe reconocérsele a aquel o aquellos valientes que osaron traducir al castellano el alocado universo marxista.