Música para una banda sonora vital: Único testigo (Witness, Peter Weir, 1985)

En 1985, el reputado Maurice Jarre creó para esta película de Peter Weir una de las primeras partituras para el cine comercial compuestas íntegramente por música electrónica. La banda sonora, alejada de las míticas orquestaciones del músico francés, obtuvo el premio BAFTA en la edición de aquel año.

Reubicando el film noir: Brick (Rian Johnson, 2005)

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Raymond Chandler trasplantado a un instituto del sur de California. Así puede resumirse lo que es Brick, el brillante debut de Rian Johnson en la dirección, que supone un atractivo híbrido entre la esencia del cine negro clásico y todos los tópicos abominables de las películas de instituto, si bien el sórdido mundo de crimen, misterios, secretos, muertes y mujeres fatales sale claramente vencedor, aunque no sin incongruencias ni inconsistencias. La película posee las notas distintivas del género negro canónico: un argumento endiabladamente enrevesado, un protagonista incisivo, una desaparición que no es más que el hilo de una trama compleja, una seductora mujer fatal, un grupo de mafiosos que velan por sus intereses, un sabueso (que no es policía en este caso) que intenta meter las narices para cobrarse alguna que otra presa, y asuntos sucios en los que se mezclan demasiadas armas, demasiada droga y demasiados cadáveres.

Brendan (Joseph Gordon-Levitt) es un joven inteligente y callado que se mantiene al margen de sus compañeros de instituto desde que un oscuro incidente del pasado terminara con la expulsión de un compañero, probablemente inocente, mientras que él salió airoso. Dos meses después de dejarle, su antigua novia, Emily (Emilie de Ravin), vuelve a ponerse en contacto con él para pedirle ayuda, aunque su relato telefónico es tan caótico y entrecortado que Brendan no logra comprender lo que sucede. Se contenta con intentar localizarla y asegurarse de que está bien con ayuda de The brain -el cerebro- (Matt O’Leary), un empollón gafotas que no sólo saca notas estupendas, sino que controla el quién es quién tanto del instituto como del mundo de los bajos fondos de la ciudad. La búsqueda pone a Brendan en contacto con un grupo de macarras y delincuentes del instituto que se dedican al tráfico de drogas, y entre los que el más peligroso es The Pin (Lukas Haas, el niño de Único testigo -Witness-, de Peter Weir, 1985, pero más crecidito), jefe de una banda de traficantes a la que pertenecen Tugger (Noah Fleiss), un musculitos sin cerebro que tira fácilmente de pistola, Brad (Brian White), estrella del equipo de fútbol, y Kara (Meagan Good), la actriz más importante del aula de teatro, antigua pareja de Brendan, que tampoco le hace ascos a lo de trapichear con heroína. Por ahí pululan también Dode (Noah Segan), otro drogata que también se las tuvo con Emily, y Laura (Nora Zehetner), una niña rica que parece moverse a su antojo entre todos y que resulta enigmáticamente interesada en Brendan. El puzle lo completa el subdirector del instituto (el veterano Richard Roundtree), que ocupa en la trama el lugar del policía que utiliza un chivo expiatorio (el propio Brendan) para obtener información y tomar sus medidas “académicas”. Las averiguaciones de Brendan le abrirán un panorama desconocido de la vida de Emily, mientras que se ve obligado a realizar continuas y complejas maniobras diplomáticas entre todos los personajes a fin de esclarecer la verdad sin verse devorado por la ambición de los distintos grupos violentos que ansían el control de los ladrillos (bricks) de droga que parecen ser la causa última de la ausencia de Emily.

La cinta adapta los modos y maneras del cine negro a su propio lenguaje estético, pero sin traicionar sus premisas ni devaluarlas. Los personajes resultan poliédricos, tremendamente complejos aunque dibujados con sencillez, y los diálogos, especialmente las conversaciones entre Brendan y The brain, resultan ricos y agudos en su ironía, teñida de sarcasmo cuando los cruces verbales transcurren entre Brendan y los distintos mafiosos quinceañeros con los que mide fuerzas. Abundante en el empleo de la violencia, es una película más volcada en el ingenio de la trama y en las indagaciones que en la acción (aunque existen concesiones, algunas de ellas tratadas con cierta originalidad -la persecución del tipo con el cuchillo), y el mundo de morbo y sordidez contrasta en su crudeza con los entornos soleados, los mares azules y las colinas teñidas del verde del césped en las que transcurre la mayoría de la trama. Continuar leyendo “Reubicando el film noir: Brick (Rian Johnson, 2005)”

Música para una banda sonora vital – Wonderful world

Esta canción del malogrado Sam Cooke (su violenta muerte a balazos sigue siendo para muchos un misterio sin resolver) es protagonista de una de las mejores secuencias de Único testigo (Witness, Peter Weir, 1985), en la que el policía que interpreta Harrison Ford utiliza la música como medio para la seducción de la joven madre amish a la que da vida Kelly McGillis.

Una película de estructura simple y tópica pero muy bien trabajada en cuanto a realización e interpretaciones, en la que los temas de base son el choque cultural y la corrupción de una sociedad que ha perdido sus valores. Vamos, lo que viene a ser todo un Wonderful world.

Y de postre, claro, el tema íntegro. Hala, a hacer karaoke…

Lo que “Lincoln” no dice sobre Lincoln, de Vicenç Navarro

Vaya por delante una cosa: soy muy escéptico con la última película de Steven Spielberg (bueno, como con todas, y generalmente con acierto). Obviamente, todavía no la he visto (ni la veré, al menos en la sala; no es el tipo de producto que prefiero sustentar con mi dinero), pero la publicidad atronante que la presenta, eso de “el presidente que cambió el mundo”, ya da ganas de echar la pota (¿realmente cambiaron las cosas para los negros, o para alguien? Sí cambiaron para el Sur, que no pudo ejercitar su derecho de abandonar la Unión tal y como la Constitución de Estados Unidos preveía, y se vio sometido por las armas a un régimen colonial). Tengo tan poca confianza en su rigor histórico y en su objetividad como seguridad en su moralina, propaganda e idealismo barato marca USA (ni Spielberg ni sus guionistas son precisamente intelectuales; poco más se les puede pedir), y también absoluta fe en que la interpretación de Daniel Day Lewis será espléndidamente brillante. Esta visión responde a una teoría personal: Steven Spielberg es un gran cineasta para adolescentes (él mismo es, en esencia, una especie de adolescente conservado en el cuerpo de un yayo), pero ha fracasado, en mayor o menor grado, en todos sus intentos por ganarse la misma reputación como director de películas adultas y maduras. Con Lincoln, personalmente creo que intenta de nuevo obtener esa reputación, apostando a caballo ganador después de décadas sin que el presidente aparezca como protagonista de una película, y mediante la confección de un producto diseñado para arrasar en los Oscar, heredero directo, pero a la baja, de dos grandes: D.W. Griffith, que filmó su película sobre el presidente con Walter Huston, y John Ford, absoluto devoto de la figura del político republicano, que además de rodar una película sobre su juventud con Henry Fonda como protagonista, incluyó abundantes referencias a su persona y a su (presunto) legado en otras muchas de sus películas. Y, honestamente, creo que si Spielberg no ha solucionado su amor por el cine en términos de parque temático, volverá a fallar, al menos en su intención de parecer un cineasta mayor de edad.

En todo caso, reproducimos a continuación, y casi casi a petición del autor, el excelente artículo de Vicenç Navarro visto en el Público.es del pasado 18 de enero.

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La película Lincoln, producida y dirigida por uno de los directores más conocidos de EEUU, Steven Spielberg, ha reavivado un gran interés por la figura del presidente Lincoln, uno de los presidentes que, como el presidente Franklin D. Roosevelt, ha intervenido siempre en el ideario estadounidense con gran recuerdo popular. Se destaca tal figura política como la garante de la unidad de EEUU, tras derrotar a los confederados que aspiraban a la secesión de los Estados del Sur de aquel Estado federal. Es también una figura que resalta en la historia de EEUU por haber abolido la esclavitud, y haber dado la libertad y la ciudadanía a los descendientes de las poblaciones inmigrantes de origen africano, es decir, a la población negra, que en EEUU se conoce como la población afroamericana.

Lincoln fue también uno de los fundadores del Partido Republicano Continuar leyendo “Lo que “Lincoln” no dice sobre Lincoln, de Vicenç Navarro”

Feliz Navidad (2ª parte) – Todos dicen I love you

En la delicia musical Todos dicen I love you (1996), Woody Allen incluye un sentido homenaje a Groucho Marx, en particular a la escena precedente, perteneciente al principio de la magistral El conflicto de los Marx (Animal Crackers, 1930). Allen, que utiliza un fragmento de ese pasaje musical de Groucho (I must beeee goiiiiiiing…) para los créditos de Si la cosa funciona (2009), rinde así pleitesía a una de las razones que, según él mismo expone casi al final de su clásico Manhattan (1977), hacen que la vida valga la pena.

Y como no podemos estar más de acuerdo con el genio de Brooklyn, aprovechamos ese magnífico homenaje musical para desear a todos los escalones unos días muy felices en compañía de aquellas personas, animales y cosas que más quieren.

I love you, my steps… ¡FELIZ NAVIDAD!

Cine para pensar – La caja de música, de Costa-Gavras

En unos tiempos en que alguno de los más buscados genocidas recientes por fin se encuentra en poder de la justicia (la justicia de los vencedores, la misma que pactó antaño su huida con el apadrinamiento de Estados Unidos) y en que a iniciativa de la Audiencia Nacional de España, si la justicia norteamericana lo permite (cosa que no parece fácil, dada la restrictiva legislación de aquel país en cuanto a extradiciones y, sobre todo, a su gusto por el ocultamiento de criminales de guerra nazis a los que sacar provecho durante décadas y que podrían contar muchas cosas que abrieran nuevas perspectivas para que la opinión pública viera con otros ojos la política exterior estadounidense en los últimos sesenta años), podría tener lugar el proceso colectivo por crímenes de guerra nazis más importante desde los procesos de Nuremberg, resulta conveniente volver la vista hacia esta película de Costa-Gavras, protagonizada por Jessica Lange, Armin Mueller-Stahl y Lukas Haas, que obtuvo el Oso de Oro en el Festival de Berlín de 1990.

La película cuenta en clave de drama familiar la historia de una prestigiosa abogada estadounidense (Lange) que decide encargarse de la defensa jurídica de su padre, un inmigrante de origen húngaro (Mueller-Stahl) cuando es sorprendido con una acusación por crímenes de guerra en su presunto pasado como oficial al servicio de la Alemania nazi durante el exterminio de los judíos húngaros de 1944. Su hija, entendiendo ridícula la acusación y absurdas las insinuaciones del pasado nazi de su padre, se verá inmersa en una investigación en Europa que le irá deparando algunas sorpresas desagradables. Sin grandes alardes técnicos más allá de un más que adecuado uso de la música y de los efectos de sonido, y también de la estupenda fotografía, el siempre polémico Costa-Gavras se siente como pez en el agua con una historia que aúna varias de sus preferencias, el drama humano de unas personas que sienten en su propia vida las consecuencias de la política y la guerra. Continuar leyendo “Cine para pensar – La caja de música, de Costa-Gavras”