Cine en fotos: Fritz Lang

Los mil ojos de Fritz Lang |

“El título [M en alemán, sin el subtítulo El vampiro de Düsseldorf] procedía de cuando ponen marca de tiza en el hombro de Lorre; y, por supuesto, en toda mano hay una M natural. Pero en cierto momento íbamos a titular el filme Mörder unter uns: un título que fue robado más tarde, y usado para la primera película alemana que se hizo después [de la Segunda Guerra Mundial: Die Mörder sin unter uns, Wolfgang Staudte, 1946]. De cualquier forma, yo quería rodarla en los hangares Zeppelin: había rodado ya allí, y conocía al hombre que los dirigía. Se llamaba Wehner, pero tenía las cejas muy espesas, así que yo lo llamaba Uhoo, que en alemán significa búho grande. Éramos muy amigos. Fui y le dije: “Mira, me gustaría alquilar otra vez el lugar”. Él dijo: “No, no queremos alquilártelo”. Dije: “¿Por qué no?”. Dijo: “Tú sabes”. Le dije: “¿Qué quieres decir con “tú sabes”? No seas estúpido, Uhoo, tengo mucho que hacer”. Dijo: “No, no. Y, de paso, creo que no deberías hacer esta película”. “¿Qué?”, le dije. Dijo: “Sí, creo que no deberías hacer esta película. Tú sabes por qué. Herirás los sentimientos de muchos que son importantes. Será my malo para ti”. Dije: “Dime, ¿por qué una historia sobre un asesino de niños heriría los sentimientos de nadie? No hay historia de amor, te lo garantizo”. Él dijo: “¿Qué? ¿Sobre qué trata esta historia?”. Dije: “¡Sobre un asesino de niños!”. Y en ese momento le agarré de la solapa y noté algo, le di la vuelta y allí estaba una esvástica; era miembro del partizo nazi. Y creían -ciegamente- que el título Asesino entre nosotros quería decir una película contra los nazis”.

Fritz Lang en BOGDANOVICH, Peter, Fritz Lang en América (ed. Fundamentos, 1991).

M” (1931), de Fritz Lang

Cine en fotos – Forges y Peter Lorre

Viñeta publicada en El País el 29 de noviembre.

(Dedicado a quienes ni saben ni quieren saber cómo acabar con la crisis porque les llena los bolsillos, a ver si revientan…)

Me pareció ver un lindo gatito… (Piolín).

Observar así a Peter Lorre, quien diera vida a M, el vampiro de Dusseldorf (M, Friz Lang, 1931), a Joel Cairo en El sueño eterno (The big sleep, Howard Hawks, 1946), a Ugarte en Casablanca (Michael Curtiz, 1942) y a una larga lista de villanos y secuaces junto a Vincent Price y otros en las producciones de terror y crimen de Roger Corman, transmite cierta paz y serenidad, la belleza y la sencillez de las pequeñas cosas y de los momentos de una armónica placidez.

(Dedicada a Silvestre, ese incomprendido…)