Mis escenas favoritas – El Padrino

Obra cumbre del cine moderno, casi todo está dicho ya de la trilogía de Coppola sobre la familia Corleone, a su vez un proyecto cinematográfico familiar (en diferentes momentos de la trilogía intervienen distintos miembros de la familia, desde el compositor Carmine Coppola hasta Mark, el hermano de Nicolas Cage, pasando por Talia Shire o la propia hija del director, Sofia). El inicio de la primera parte, con esta demostración del tempo narrativo y el dominio del espacio escénico, ya nos advierte de que estamos a punto de asistir a un espectáculo incomparable, a auténtico cine, a un clásico instantáneo desde el momento de su estreno en 1972.

La aparición en la oscuridad del rostro de Bonasera (irónico nombre para el dueño de una funeraria), que acude al despacho del Padrino el día de la boda de su hija que, por tradición, es también el día en que atiende las peticiones de sus acólitos, resulta precursora de la nueva mirada que para el cine norteamericano supuso la llegada de directores como Coppola o Scorsese, por citar los más obvios, y anuncia ya con plena intensidad la magnificencia de la trilogía, criticada a veces por contribuir a cierta glorificación de la mafia al convertirla en fuente de épica y honorabilidad, y exaltada justamente como la monumental obra maestra que sin duda es.

Mis escenas favoritas – Los intocables de Elliot Ness

Recuperamos de nuevo al gran Robert De Niro en pleno estado de gracia en esta magnífica escena de la gran producción de Brian de Palma sobre la captura de Al Capone y el Chicago de los años dorados. Un De Niro sensacional ofrece un banquete a sus compinches en el que, tomando como ejemplo el baseball, habla de la importancia del juego en equipo, habla de la dureza del trabajo del bateador, de la importancia de jugar para el conjunto, de la necesaria capacidad de sacrificio de todos y cada uno de sus miembros, y censura a los jugadores que no están a la altura, que no lo dan todo, que juegan contra el viento o a favor del contrario. Un deportivo discurso en el que al final, Capone, batea. Magnífica y cruda escena.