Diario Aragonés – The company men

Título original: The company men

Año: 2010

Nacionalidad: Estados Unidos

Dirección: John Wells

Guión: John Wells

Música: Aaron Zigman

Fotografía: Roger Deakins

Reparto: Ben Affleck, Kevin Costner, Maria Bello, Tommy Lee Jones, Chris Cooper, Craig T. Nelson, Rosemarie DeWitt

Duración: 109 minutos

Sinopsis: Una gran corporación reestructura su plantilla para hacer frente a la crisis sin perder su imagen de éxito frente a la opinión pública financiera y sin menoscabar el satisfactorio régimen de retribución de los grandes directivos. Entre los afectados, Bobby, Phil y Gene, tres ejecutivos cuyo modo de vida y cuyo papel en la sociedad e incluso dentro de sus propias familias debe cambiar para ajustarse a la realidad del desempleo.

Comentario: La acreditada experiencia como guionista y realizador de televisión de John Wells se ha traducido en una interesante película de debut que, no obstante, como obra cinematográfica y como producto de consumo contribuye de algún modo a enaltecer con su enfoque aquel mundo que pretende poner en la picota de un falso cine social. Y es que el punto de vista de Wells para analizar, a partir de los indiscriminados efectos de la actual crisis económica y financiera, el proceso de evolución y enriquecimiento ético y moral de un hombre (que no una mujer) que atraviesa la siempre complicada, conflictiva y desesperanzada situación de desempleo, se centra en la figura de los altos ejecutivos de una empresa de logística y transportes de dividendos multimillonarios (se dedica principalmente a la construcción naval de grandes buques de guerra y barcos mercantes, así como al transporte marítimo), hombres que durante sus carreras, algunas de más de tres décadas, han disfrutado de salarios anuales de seis cifras, casa con jardincito, pista de baloncesto y garaje de un millón de dólares en un buen barrio residencial, trajes caros, vacaciones en Europa o el Caribe, comidas y cenas en los restaurantes más exclusivos y demás comodidades, incluido un subsidio por desempleo consistente en su paga completa durante varios meses, de las que la gran mayoría de la población mundial, incluidos sus empleados, permanecen excluidos durante toda su vida. Escogiendo a una tripleta protagonista proveniente de este ambiente de elegidos, el drama gira constantemente en torno a la desgracia de no poder ir a esquiar en Navidad como todos los años, ser expulsado del club de golf por no poder pagar las cuotas, vender el deportivo europeo con el que ha contaminado alegremente el medio ambiente, enfrentarse a una hipoteca que supera anualmente el salario medio de la mayoría de los mortales, o la vergüenza de que sus vecinos ricos los vean en horario de oficina deambular perdidos por casa, sin traje y sin maletín [continuar leyendo]

La tienda de los horrores – El Bar Coyote

Manifiesta gilipollez producida por el magnate del cine de acción Jerry Bruckheimer y Touchstone (Tostón) Pictures y dirigida en 2000 por David McNally (director también de Canguro Jack, trinca y brinca, lo cual lo dice todo…) esta película de apenas hora y media de duración es un suplicio. Protagonizada por Piper Perabo (¿quién decía que hacía falta un nombre artístico para abrirse paso en Hollywood? ¿qué clase de nombre es ese?), la película, azucarada y almibarada hasta más allá de lo admisible y rodada como un film calentorro de baratillo, nos cuenta la historia de una jovencita de provincias de voz dulce y aterciopelada educada en los coros de iglesia wasp que marcha a Nueva York (aunque, al contrario que en la horripilante canción de Mecano, no especifica si llevaba o no la botella de Fundador) a convertirse en cantante y/o letrista de éxito. Lo que pasa es que la nena, buena y dócil cual pajarillo campestre, va a caer en un antro de perdición y lujuria, el Bar Coyote, cuyo atractivo básico consiste en que las camareras, tías buenorras donde las haya, visten de manera provocativa y cuando toca se suben en la barra a contorsionarse lúbricamente para calentar al personal masculino y parte del femenino meneando el pandero y aumentar así la cantidad de consumiciones gracias al bamboleo de su silicona y la flexibilidad de los pespuntes heredados de su paso por el cirujano plástico.
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