Cómo se hizo Con la muerte en los talones (North by Northwest, Alfred Hitchcock, 1959)

Breve documental sobre esta joya del cine de Alfred Hitchcock, conducido por Eva Marie Saint, coprotagonista de la película.

John Sturges: el octavo magnífico

No sé por qué me meto en tiroteos. Supongo que a veces me siento solo.

‘Doc’ Holliday (Kirk Douglas) en Duelo de titanes (Gunfight at the O.K. Corral, 1957).

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John Sturges es uno de los más ilustres de entre el grupo de cineastas del periodo clásico a los que suele devaluarse gratuitamente bajo la etiqueta de “artesanos” a pesar de acumular una estimable filmografía en la que se reúnen títulos imprescindibles, a menudo protagonizados por excelentes repartos que incluyen a buena parte de las estrellas del Hollywood de siempre.

Iniciado en el cine como montador a principios de los años treinta, la Segunda Guerra Mundial le permitió dar el salto a la dirección de reportajes de instrucción militar para las tropas norteamericanas y de documentales sobre la contienda entre los que destaca Thunderbolt, realizado junto a William Wyler. El debut en el largometraje de ficción llega al finalizar la guerra, en 1946, con un triplete dentro de la serie B en la que se moverá al comienzo de su carrera: Yo arriesgo mi vida (The Man Who Dare), breve película negra sobre un reportero contrario a la pena de muerte que idea un falso caso para obtener una condena errónea y denunciar así los peligros del sistema, Shadowed, misterio en torno al descubrimiento por un golfista de un cuerpo enterrado en el campo de juego, y el drama familiar Alias Mr. Twilight.

En sus primeros años como director rueda una serie de títulos de desigual calidad: For the Love of Rusty, la historia de un niño que abandona su casa en compañía de su perro, y The Beeper of the Bees, un drama sobre el adulterio, ambas en 1947, El signo de Aries (The Sign of Ram), sobre una mujer impedida y una madre controladora en la línea de Hitchcock, y Best Man Wins, drama acerca de un hombre que pone en riesgo su matrimonio, las dos de 1948. Al año siguiente, vuelve a la intriga con The Walking Hills (1949), protagonizada por Randolph Scott, que sigue la estela del éxito de El tesoro de Sierra Madre (The Treasure of the Sierra Madre, John Huston, 1948) mezclada con el cine negro a través de la historia de un detective que persigue a un sospechoso de asesinato hasta una partida de póker en la que uno de los jugadores revela la existencia de una cargamento de oro enterrado.

En 1950 estrena cuatro películas: The Capture, drama con Teresa Wright en el que un hombre inocente del crimen del que se le acusa huye de la policía y se confiesa a un sacerdote, La calle del misterio (Mistery Street), intriga criminal en la que un detective de origen hispano interpretado por Ricardo Montalbán investiga la aparición del cadáver en descomposición de una mujer embarazada en las costas cercanas a Boston, Right Cross, triángulo amoroso en el mundo del boxeo que cuenta con Marilyn Monroe como figurante, y The Magnificent Yankee, hagiografía del célebre juez americano Oliver Wendell Holmes protagonizada por Louis Calhern.

Tras el thriller Kind Lady (1951), con Ethel Barrymore y Angela Lansbury, en el que un pintor seduce a una amante del arte, Sturges filma el mismo año otras dos películas: El caso O’Hara (The People Against O’Hara), con Spencer Tracy como abogado retirado a causa de su adicción al alcohol que vuelve a ejercer para defender a un acusado de asesinato, y la comedia en episodios It’s a Big Country, que intenta retratar diversos aspectos del carácter y la forma de vida americanos y en la que, en pequeños papeles, aparecen intérpretes de la talla de Gary Cooper, Van Johnson, Janet Leigh, Gene Kelly, Fredric March o Wiliam Powell. Al año siguiente sólo filma una película, The Girl in White, biografía de la primera mujer médico en Estados Unidos.

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En 1953 se produce el punto de inflexión en la carrera de Sturges. Vuelve momentáneamente al suspense con Astucia de mujer (Jeopardy), en la que Barbara Stanwyck es secuestrada por un criminal fugado cuando va a buscar ayuda para su marido, accidentado durante sus vacaciones en México, y realiza una comedia romántica, Fast Company. Pero también estrena una obra mayor, Fort Bravo (Escape from Fort Bravo), el primero de sus celebrados westerns y la primera gran muestra de la maestría de Sturges en el uso del CinemaScope y en su capacidad para imprimir gran vigor narrativo a las historias de acción y aventura. Protagonizada por William Holden, Eleanor Parker y John Forsythe, narra la historia de un campo de prisioneros rebeldes durante la guerra civil americana situado en territorio apache del que logran evadirse tres cautivos gracias a la esposa de uno de ellos, que ha seducido previamente a uno de los oficiales responsables del fuerte. Continuar leyendo “John Sturges: el octavo magnífico”

Mis escenas favoritas: Con la muerte en los talones (North by Northwest, Alfred Hitchcock, 1959)

Cary Grant, “bastante perjudicado”, en una divertida secuencia, repleta de amor maternal, de este clásico de acción, suspense y comedia que sirvió de arquitectura estilística (y algo más) para la saga James Bond.

Mis escenas favoritas – Con la muerte en los talones (North by Northwest, Alfred Hitchcock, 1959)

Descacharrante momento de la subasta de la genial obra maestra de Alfred Hitchcock: amor, humor, suspense y acción en un cóctel irresistible.

Cine en fotos – Con la muerte en los talones (North by Northwest, Alfred Hitchcock, 1959)

Con la muerte en los talones_39

El celo y la inventiva de los censores brilló a gran altura en una de las obras maestras de Alfred Hitchcock, Con la muerte en los talones, que fue sometida a un riguroso examen en 1959. Durante el visionado, la Comisión de Censura prestó una escrupulosa atención a los diálogos -cargados de doble sentido- entre los protagonistas. Por ejemplo, se exigió “suprimir frase referente a ¿qué podría hacer un hombre sin su ropa, durante veinte minutos?”.

Pero la escena que inspiró más literatura es aquella en la que el personaje de Cary Grant se encuentra por primera vez con su pareja de reparto (Eva Marie Saint), en un tren de literas.

El talento de Hitchcock hizo que la escena destilara erotismo y los censores no lo pasaron por alto. La pelícua sufrió varias “adaptaciones”, entre ellas “aliviar el recíproco restregón en la litera del tren”. Otro censor lo expresó con más precisión: “suprimir las efusiones en el departamento del coche cama, dejando solamente la iniciación del primer beso, cuando están de pie, que se ligará con el término del último beso”. Y alguien añadió un nuevo detalle a la escena, pidiendo la supresión del “beso corrido circular”.

La trama, pese a todo, recibió un trato benevolente de los miembros de la Comisión de Censura. Uno de ellos dejó escrito en su informe: “Sin inconveniente, aparte de algunas caricias amorosas demasiado vivas. El interés de la intriga se malogra por la disparatada intervención de lo violento y lo acrobático”. El censor no aclaraba si la mención a las acrobacias incluía el “beso corrido circular”.

La censura cinematográfica en España, de Alberto Gil (Ediciones B, 2009).

 

¡Qué grande es el cine! – Con la muerte en los talones

Mis escenas favoritas – Con la muerte en los talones

Obra maestra absoluta del cine de entretenimiento, Con la muerte en los talones (1959) es, además de una actualización de Alfred Hitchcock de su anterior éxito británico, 39 escalones (1935), la película precursora de la saga cinematográfica de James Bond.

Distintas escenas del film resumen las cualidades de Hitchcock como director, su dominio de la técnica, su capacidad para generar suspense y emoción con un excelente uso del lenguaje visual y apenas unos pocos apuntes de diálogo y también su habitual recurso al humor más socarrón sin romper el tono y el ritmo de la trama principal.

Mis escenas favoritas – Ed Wood

Ed Wood es una de las mejores comedias de los noventa, con toda probabilidad, la mejor película de Tim Burton, el mejor trabajo de Johnny Depp y una de las mejores interpretaciones de todos los tiempos para un actor de reparto, Martin Landau como Bela Lugosi. En su versión original permite apreciar la increíblemente maravillosa labor de Landau para caracterizar a su personaje con el acento húngaro del Lugosi real. La versión doblada, no obstante, aunque devalúa, como siempre, el trabajo del actor de origen, no hace perder ni un ápice del sentido al tiempo cómico y patético de esta escena cargada de fuerza que retrata a la perfección la demencial decadencia de uno de los más célebres juguetes rotos del Hollywood clásico.

La tienda de los horrores – Sliver (Acosada)

Nuevamente asoma por aquí Phillip Noyce, director australiano de corto alcance en cuya filmografía lo más estimable resulta ser Calma total, la primera aparición relevante de Nicole Kidman en el cine, la continuación de la saga del agente Jack Ryan (Juego de patriotas, Peligro inminente) con Harrison Ford sustituyendo a Alec Baldwin, y la adaptación del best-seller de Grahan Greene El americano impasible, destacando su tripleta de truños El santo, ya reseñada aquí, El coleccionista de huesos, que no tardará mucho, y esta Sliver (Acosada), una de las peores cintas norteamericanas de los noventa y probablemente la peor de 1993.

Nada peor, comercialmente hablando, que pretender exprimir una fórmula de éxito surgida por casualidad para intentar llenarse los bolsillos con toda la facilidad y el menor trabajo posible. Aprovechando el pelotazo que supuso Instinto básico, y a partir de una novela de Ira Levin, Noyce (sustituto de un Roman Polanski que salió por patas en cuanto se olió la tostada), el guionista Joe Eszterhas y la ínclita Sharon Stone se embarcaron en este bodrio insufrible de nuevo con la intriga y el erotismo como pilares de un argumento ridículo y tonto hasta lo risible, defecto sólo superado por el aburrimiento y la estupidez de unos diálogos escritos a oscuras: la atractiva Carly (Stone) es una mujer que acaba de dejar atrás un matrimonio infeliz, y, como está forrada, se muda a un lujoso edificio de una de las zonas más ricas de Nueva York (porque es Sharon Stone, no se a va ir a una ratonera de Queens…). Pero resulta que el edificio tiene tela marinera, porque en él se han sucedido una serie de extraños accidentes que han provocado unas cuantas muertes peliagudas. Aunque de momento no le ha tocado el turno a los dos vecinitos que el pibón se encuentra al llegar allí, Zeke (William Baldwin), presunto guaperas soltero y dispuesto a hacerle un boquete a Carly a la menor ocasión, y Jack (Tom Berenger), escritorzuelo de novelas de misterio que está obsesionado con lo que pasa por su casa. Continuar leyendo “La tienda de los horrores – Sliver (Acosada)”