Los “Indigènes” de ‘Days of glory’: memoria histórica francesa

¿Quién dijo que en Europa no puede producirse cine bélico de calidad? Es más, no sólo de calidad, sino también evitando algunos de los tópicos explotados hasta la saciedad por los tratamientos norteamericanos de este género (aunque no otros), con igual dosis de espectacularidad y, al menos con similar o, si nos fijamos en la mayor parte del género bélico, superior dosis de profundidad en cuanto al tratamiento de personajes y situaciones y de respeto a los acontecimientos históricos, políticos y sociales de una época. La comparación entre el género bélico europeo y norteamericano no es baladí. Sin ir más lejos, esta película franco-argelina (coproducida también con Bélgica y Marruecos), dirigida por Rachid Bouchareb y que fue candidata al Oscar a la mejor película de habla no inglesa en 2006 desparrama a los cuatro vientos cierto tufillo a lo Salvar al soldado Ryan, tanto en la estructura como en la forma y el tratamiento de la narración.

Nos encontramos en el año 1943. Francia, tras el ridículo espantoso de su rendición de 1940 y gracias a los aliados y al marketing de Charles De Gaulle, se dispone, una vez que la tortilla (francesa, por supuesto) ha cambiado, a entregarse de plano a la lucha contra los nazis (con los cuales se habían entendido muy bien hasta entonces, incluso colaborando en la deportación de judíos franceses a campos de exterminio), para lo cual se acuerdan de los jóvenes de las colonias. Éstos, durante décadas olvidados en la marginación, el desempleo, el olvido y la esclavitud, dominados, colonizados e incluso en ocasiones maltratados y torturados, sin embargo son considerados hijos de Francia a todos los efectos si de hacer de carne de cañón se trata. La alternativa, el hambre, obliga a 130.000 voluntarios argelinos a enrolarse en el ejército francés y luchar por una madre patria que les margina y cuyo suelo no han pisado jamás y al que nunca hubieran sido invitados de no tratarse de utilizarlos como fuerza bruta prescindible. Continuar leyendo “Los “Indigènes” de ‘Days of glory’: memoria histórica francesa”

Gracias por el chocolate, monsieur Chabrol

El gran cineasta francés Claude Chabrol vuelve a aproximarse a las miserias morales que se esconden tras el próspero escaparate de la alta burguesía con esta película de 2000 para la que contó de nuevo con esa musa gélida que es la excelente Isabelle Huppert. Partiendo de una novela de Charlotte Armstrong, Chabrol nos sumerge con su ausencia de artificios habitual en la historia de Mika Müller y André Polonsky, una pareja de reconocido éxito profesional pero con muchas cosas que ocultar(se). Cuando nació Guillaume, el hijo que tuvo André con Lisbeth, su anterior esposa ya fallecida, en el hospital estuvieron a punto de cometer un error fatal, la confusión de dos bebés, el cambio de Guillaume por una niña recién nacida. Cuando Jeanne, ya convertida en una joven prometedora estudiante de piano conoce la historia de labios de su madre, siente la necesidad de conocer a los que podrían (o habrían podido ser) sus verdaderos padres, y se presenta en casa de André y Mika.

Él es un pianista de prestigio, ella la directora de una de las empresas chocolateras suizas de más solera. La llegada de la joven ocasiona una pequeña convulsión, sobre todo en Guillaume, que se encuentra de repente con la posibilidad de no ser quien cree que es. André, sin embargo, recuerda el suceso, pero asegura que el cambio fue detectado a tiempo. Aún así, y además del azar que casi estuvo a punto de unir sus vidas, la afición de la joven por el piano establece una pequeña unión entre André y la chica, que ni a Mika ni a Guillaume convencen, y que establece una especie de vínculo paternofilial encubierto entre ellos. Mika, bajo su apariencia cortés y aristocrática, oculta una personalidad fría y calculadora que no dudará en maniobrar para conseguir que la pequeña novedad que ha irrumpido en sus vidas no consiga trastocar el puzzle de emociones y afectos que a base de secretismo y manipulación ha logrado construir con el paso de los años y que tiene que ver con la antigua amistad que mantenía con Lisbeth, la anterior esposa de André.
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