Mis escenas favoritas: Doctor Zhivago (David Lean, 1965)

Una de las varias clases prácticas sobre el comunismo que contiene esta obra maestra de David Lean, basada en la novela de Boris Pasternak. Una secuencia con múltiples rostros reconocibles, de cinematografías diversas, que encajan muy bien todos juntos bajo el sello de Hollywood.

Música para una banda sonora vital: Único testigo (Witness, Peter Weir, 1985)

En 1985, el reputado Maurice Jarre creó para esta película de Peter Weir una de las primeras partituras para el cine comercial compuestas íntegramente por música electrónica. La banda sonora, alejada de las míticas orquestaciones del músico francés, obtuvo el premio BAFTA en la edición de aquel año.

Música para una banda sonora vital: Top secret! (Jim Abrahams, David Zucker, Jerry Zucker, 1984)

Hay poco rock and roll…

Val Kilmer, marcándose un Elvis, antes de comerse a sí mismo, en esta disparatada y gloriosa comedia.

Música para una banda sonora vital: Lawrence de Arabia (Lawrence of Arabia, David Lean, 1962)

Excepcional y evocadora partitura compuesta por Maurice Jarre para esta monumental obra maestra de David Lean, dirigida por el propio Jarre y ejecutada por la Filarmónica de Londres.

Mis escenas favoritas: Los profesionales (The professionals, Richard Brooks, 1966)

Este maravilloso western de Richard Brooks es fuente inagotable de diálogos y secuencias memorables. Una película donde volver una y otra vez en compañía de la enérgica partitura de Maurice Jarre, de la presencia carismática de tipos fenomenales como Lee Marvin, Burt Lancaster, Robert Ryan, Woody Strode o Jack Palance, además de la belleza indómita y salvaje de Claudia Cardinale. Diálogos secos, escuetos, cortantes, que expresan mucho más de lo que dicen. Que entre líneas dicen todo lo que los personajes nunca se dirían.

Una despedida elegante: Pasaje a la India (A Passage to India, David Lean, 1984)

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En el cine, como en cualquier otro aspecto de la vida, la injusticia campa a sus anchas. Solo así es posible que el maestro David Lean permaneciera prácticamente tres lustros apartado de las pantallas, precisamente en un momento, finales de los setenta y principios de los ochenta, en que el cine comercial se infantilizaba a marchas forzadas rebozándose en el fenómeno del blockbuster y los grandes genios de antaño que todavía estaban en edad de rodar películas (Billy Wilder, Josep L. Mankiewicz o el mismo Lean), prematuramente amortizados por unas modas y unos gustos en los que ya no parecían encajar, disfrutaban de largos periodos de jubilación de veinte años o más. Después de la mala acogida a su anterior y ya lejana película, La hija de Ryan (Ryan’s daughter, 1970), David Lean tardó lo suyo en poner en pie un nuevo proyecto, que a la postre sería el último, pero que brilla a la altura de sus capacidades como cineasta.

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El visionado de Pasaje a la India evoca de inmediato tres palabras: elegancia, sensibilidad y belleza. Como en sus más reputadas producciones, la maestría de Lean se asienta sobre una mezcla de objetivos y distancias: al mismo tiempo que busca obsesivamente bellos encuadres para la construcción de majestuosos planos generales, conserva una minuciosa atención por el detalle, por la perfección de decorados y estancias, por la adecuada colocación y la atribución de un significado simbólico a los objetos, por las prendas del vestuario, y, especialmente, por los rostros y la pertinente plasmación de las emociones de sus personajes expresada de manera no verbal o con la menor cantidad de palabras posible. A ello no es ajeno que en esta película, al contrario que en sus más reconocidas superproducciones, Lean abandonara su querido Cinemascope. El paisaje, el entorno, la minúscula importancia del ser humano y de sus presuntos grandes conflictos en comparación con la colosal magnificencia de la naturaleza quedan en esta ocasión por debajo del auténtico motor de la película, las ideas, siempre presentes en el cine de Lean pero continuamente subordinadas al inmenso poder de la imagen. En Pasaje a la India, sin embargo, sucede justo al revés, y es la imagen la que sustenta formalmente un concepto previo que domina la película de principio a fin: el conflicto cultural y racial y la lucha de clases generada por el sistema colonial. David Lean cede en su planteamiento de cine-espectáculo para construir una película pequeña, minimalista, por más que los exteriores y el grandioso trabajo de dirección artística conserven el estilo que encumbró al cineasta británico.

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Basada libremente en la novela de E. M. Forster, por más que Lean economice eliminando algunas de las perspectivas del texto y con ello termine por limar algunas de las motivaciones íntimas de sus personajes, Continuar leyendo “Una despedida elegante: Pasaje a la India (A Passage to India, David Lean, 1984)”

Música para una banda sonora vital – Los profesionales (The professionals, Richard Brooks, 1966)

Burt Lancaster, Claudia Cardinale, Lee Marvin, Robert Ryan, Woody Strode… Algunos, pero no todos, de los grandes intérpretes (ahí están también Jack Palance o Ralph Bellamy) que aparecen en este grandioso western de Richard Brooks, de cuyo estreno se cumplen cincuenta años.

El mítico tema musical de Maurice Jarre subraya adecuadamente un amargo western sumergido en la nostalgia, lleno de ideales derrotados, una magistral reivindicación de las causas perdidas. La desilusión, el desencanto, la poesía, la alegría de sentirse vivo, tiñen de alegres melodías mexicanas un metraje repleto de momentos memorables y diálogos imprescindibles.

Cine del que enamorarse, y recaer.