Mis escenas favoritas: La loca historia del mundo (History of the World: Part I, Mel Brooks, 1981)

La parodia no suele ser un género cinematográfico especialmente afortunado. Normalmente, su tratamiento en pantalla no suele dar para una película completa y equilibrada, con guiones estructurados que dosifiquen adecuadamente la intensidad y la periodicidad de los golpes de humor más afortunados a lo largo de todo el metraje. Es un cine más de destellos, de gags, de momentos puntuales. Como este, que viene al pelo de los conspiranoicos del tema Da Vinci y toda la mala literatura sobre ocultismos, sociedades secretas y otras patochadas que se pusieron de moda a partir de los dislates pseudohistoricistas y pseudorreligiosas de Dan Brown.

39escalones os desea Felices Fiestas

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¡FELICES FIESTAS!

Y que el benefactor navideño de los cinéfilos, Santa Klaus Kinski, os traiga muchos regalos.

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Aprovechamos este número musical co-protagonizado por “un servidor” para, además de poner de manifiesto las innatas cualidades músico-vocales-bailongas de quien escribe, recomendar -nunca está de más en estos tiempos de crisis- una vía nueva para llenar de frutas y hortalizas la cesta de la compra a precios muy módicos, y dejar constancia de la costumbre de las aristocracias de acudir habitualmente al teatro con una buena provisión de lechugas, repollos y cogollos de Tudela, aprovechamos, digo, para desear a nuestros queridos escalones unos días muy felices.

Mis escenas favoritas – La loca historia del mundo

En fechas tan señaladas de penitencia y torrijas, no podemos menos que sumarnos a la corriente de honda meditación y recogimiento del mundo católico con esta escena de La loca historia del mundo, de Mel Brooks (1981), en la que desmonta todas las paparruchadas que se han inventado Dan Brown y sus acólitos e imitadores con el fin de exprimir la burra del best-seller.

Mis escenas favoritas – Frankenstein

Lo sé, lo sé, ya tardaba a salir por aquí el alter ego de un servidor…

La escena de la niña y el estanque es una de las más conocidas de Frankenstein (titulada, por una vez, acertadamente en España El Doctor Frankenstein, ya que se trata del nombre del creador, no de la criatura con quien todo el mundo identifica ese apelativo -que algunos llamamos Frankie como a Sinatra-, y que sigue sin tener nombre a día de hoy), el clásico de James Whale de 1931, parodiado de manera desternillante cuatro décadas más tarde por Mel Brooks en su, ejem, adaptación.