Turismo por lugares de película en La Torre de Babel, de Aragón Radio.

Nueva entrega de mi sección en el programa La Torre de Babel, de Aragón Radio, la radio pública de Aragón, en este caso dedicada a hablar de algunos lugares míticos inventados por las películas: la Barranca de Solo los ángeles tienen alas (Only Angels Have Wings, Howard Hawks, 1939), la Innisfree de El hombre tranquilo (The Quiet Man, John Ford, 1952), la Brigadoon de Vincente Minnelli (1954) y la Freedonia de los hermanos Marx en Sopa de ganso (Duck Soup, Leo McCarey, 1933).

(desde el minuto 14)

Lección de plástica cinematográfica: La legión invencible (She wore a yellow ribbon, John Ford, 1949)

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¿Puede conseguirse una obra maestra del western (apartado caballería, sección guerras indias), hurtando al espectador el hipotético clímax común a estas películas, el choque entre los guerreros indios y los “casacas azules”, ya sea en la modalidad de asalto al fuerte, persecución y tiroteo por la pradera, ya en la emboscada o invasión y aniquilación del poblado indio? Respuesta: sí, se puede, cuando te llamas John Ford.

Tras sus primeros reveses comerciales, la productora Argosy, fundada por John Ford y Merian C. Cooper (codirector de King Kong, todo un personaje del cine, la aventura, la exploración, las fuerzas aéreas americanas, y otro montón de facetas y disciplinas), encontró en la recuperación del western la forma de resarcirse del fracaso en las taquillas y de financiar futuros proyectos. De ahí surge la llamada “trilogía de la caballería”, inspirada en los relatos del escritor, de corte imperialista y de tintes más que racistas con los nativos americanos, James Warner Bellah (publicados en España por la editorial Valdemar). En La legión invencible (She wore a yellow ribbon, 1949) -cuyo título original se toma de una canción tradicional que recoge la costumbre de las prometidas a soldados de caballería de adornarse con una cinta amarilla-, el segundo capítulo de la serie, adaptado por Frank S. Nugent y Laurence Stallings, Ford se centra en la vida de un oficial de la caballería, Nathan Brittles (John Wayne) como arquetipo del soldado americano de la frontera, y también de un sentido de la vocación de servicio y de la profesionalidad próximos -ya entonces, hoy prácticamente inexistente- a extinguirse.

Brittles es el oficial de campaña de mayor graduación de un fuerte en la frontera en los días de 1876 que siguen a la legendaria derrota y aniquilación del séptimo de caballería del general Custer en Little Big Horn. Los vencedores de aquel combate, los sioux, cheyennes, arapahoes y kiowas, han construido una gran alianza para enfrentarse a los blancos y expulsarlos de la pradera. Brittles, a seis días de la jubilación, recibe la orden de dificultar la concentración de grandes grupos de indios en los alrededores, de investigar e impedir la entrega de rifles a los indios por parte de los traficantes de armas, y también la de acompañar a la esposa (Mildred Natwick) y la sobrina (Joanne Dru) del comandante del puesto (George O’Brien) a la parada de diligencias más cercana para que puedan escapar de la zona de riesgo. En la columna de caballería se encuentran también los dos pretendientes de la chica (Harry ‘Dobe’ Carey Jr. y John Agar), ambos tenientes en fase de formación, y los dos sargentos más carismáticos del fuerte (Victor McLaglen y Ben Johnson). Lo más llamativo del guión es, además de la ausencia de clímax bélico (el encuentro con los indios no pasa de alguna que otra escaramuza y de la presencia de los restos de combates anteriores), que la misión de la caballería termina en fracaso. Brittles no logra impedir la reunión de enemigos, ni la llegada de los rifles, ni tampoco consigue poner a salvo a las mujeres.

No es el argumento o la trama guerrera lo que más importa a John Ford en esta historia, sino el retrato de la vida de los soldados, y de la realidad a la que se enfrentan cotidianamente. Continuar leyendo “Lección de plástica cinematográfica: La legión invencible (She wore a yellow ribbon, John Ford, 1949)”

Música para una banda sonora vital – El hombre tranquilo (The quiet man, John Ford, 1952)

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Este blog cumple hoy siete años.

Para celebrarlo, nada mejor que algunos de los temas que forman parte de la hermosísima banda sonora musical que compuso Victor Young para esta maravillosa comedia dramática de ambiente irlandés dirigida por John Ford a partir de los relatos de Maurice Walsh, una buena muestra de ese género no establecido que podría denominarse cine que reconcilia con la vida.

¡¡Bienvenidos a Innisfree!!

Aventuras de todos los colores: La isla de los corsarios (1952)

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¿Cuántas historias caben en 79 minutos? Dentro de los parámetros actuales, como mucho, normalmente una y, por lo general, a medias. En otros tiempos, allá por 1952, sin embargo, a pesar de lo encorsetado del formato, lo ajustado del presupuesto, la trivialidad del guión y el rutinario pilotaje por parte de uno de esos directores, muy limitados pero contablemente eficientes, menospreciados hoy bajo la discutible etiqueta de “artesano”, George Sherman, podíamos encontrar, en ese mismo metraje, espionaje, piratas, romance a cuatro bandas, batallas navales, duelos de esgrima, persecuciones, humor e incluso cierta visión, parcial, blanca y superficial, de un episodio colonial hoy prácticamente olvidado que en los últimos años, no obstante, ha cobrado nueva relevancia. Todo ello, es verdad, desde un punto de vista ligero, incluso banal, pero con vocación de entretenimiento puro. Se trata de La isla de los corsarios (Against all flags, 1952), película de agentes infiltrados e insaciables piratas cuya acción nos traslada a la gran isla de Madagascar, en el Índico africano, en el año 1700.

La película se inicia con el solemne acto de cumplimiento de un castigo militar a bordo de un navío de guerra británico: Hawke, un teniente de la Royal Navy (Errol Flynn, en su papel de siempre) es cosido a latigazos, veinte en total. Pero esta penalización no es más que el necesario “maquillaje” para que el teniente pueda cumplir una misión superior: su infiltración como desertor, junto a dos camaradas de rango inferior, entre los piratas que, desde el norte de Madagascar, asolan las costas orientales de África, el mar Rojo, el Golfo Pérsico y la ruta de la India y Asia. Tras el fracaso de tres naves portuguesas en la toma del punto neurálgico de la actividad corsaria, debido al inteligente diseño de sus defensas, ocultas no obstante a la vista por un elaborado sistema de camuflaje, los ingleses se proponen descubrir y cartografiar el emplazamiento de los cañones defensivos a fin de penetrar en el santuario pirata y acabar con su actividad. El teniente inglés, no obstante, se encuentra con el recelo de la mayoría de los capitanes piratas, que en el caso de alguno, el capitán Brasiliano  (Anthony Quinn, en uno de sus perfiles más habituales), más que recelo es rechazo fundamentado en los celos , excepto por parte de la única mujer capitana, Stevens (Maureen O’Hara, espléndida en sus botas imposibles el mismo año del rodaje de El hombre tranquilo con John Ford). Vencidas las reticencias de casi todos, el teniente puede dedicarse a su misión, pero surgen complicaciones: en primer lugar, los sentimientos recíprocos que surgen entre él y la capitana Stevens, que despiertan el odio en Brasiliano, que busca la manera de acabar con Hawke; y para continuar, el abordaje por parte de Brasiliano del barco en que viaja de peregrinación a La Meca la princesa Ormuz (Alice Kelly) bajo la tutela de su ama inglesa (Mildred Natwick; volvemos a Ford…), una joven a la que le va la marcha más que a un tonto un lápiz y que sólo busca encamarse (dentro de los cánones admisibles entonces…) con el apuesto Hawke. Por supuesto, en la historia caben abordajes, asaltos, combates sable en mano, disparos de cañón y de pistola, requiebros románticos, diálogos irónicos y alguna que otra acrobacia antes de que los buenos, los ingleses, se salgan con la suya y la bondad triunfe.

A pesar del blanco retrato del fenómeno de la piratería (se omite cualquier comportamiento excesivamente escabroso, tanto en la violencia como en el sexo y se pretende dotar a la convivencia entre corsarios de las reglas ordenadas de la vida en sociedad) y de incluso la distinción, dentro de ésta, de buenos y malos (Stevens y Brasiliano, respectivamente), según la forma en que han llegado a desempeñar esa actividad y su voluntad o ausencia de ella por reinsertarse en una vida normal (con el dinero robado, por supuesto), la película ofrece algunos puntos de interés a pesar de su confección previsible y banal. En primer lugar, el empleo del color: Continuar leyendo “Aventuras de todos los colores: La isla de los corsarios (1952)”

¡Qué grande es el cine! – El hombre tranquilo

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Música para una banda sonora vital – She wore a yellow ribbon

El título original de La legión invencible (1949), segundo pilar de la trilogía fordiana sobre la caballería de los Estados Unidos, es similar al de esta canción tan popularísima en aquellos tiempos como lo sigue siendo hoy en día para cualquier buen espectador de los westerns de Ford. Como My darling Clementine, Yellow rose of Texas o Garry Owen, entre muchas otras, su aparición es recurrente, ya sea en esta trilogía de Ford, ya sea en otras de sus películas o en la filmografía de otros grandes directores de westerns como Raoul Walsh, Howard Hawks o Henry Hathaway.

Además de ello, la película de Ford es de una sobrecogedora hermosura plástica, con algunas tomas -en especial la marcha de los jinetes a pie con los caballos por las riendas bajo la tormenta- magnificadas por el talento de Ford para el encuadre y la magistral fotografía de Winton C. Hoch.

Cine en fotos – El hombre tranquilo (y La mirada del bosque)

Valga la fotografía de John Ford junto a parte del elenco de esa sublime y mágica película de 1952 llamada El hombre tranquilo (de izquierda a derecha, Frank Ford -hermano de John-, John Wayne, Victor McLaglen, Barry Fitzgerald -sentado- y John Ford) para invitar a todos nuestros queridos escalones a la presentación en Zaragoza del libro La mirada del bosque, primera novela de Chesús Yuste ya a la venta desde ayer día 15, una historia de intriga con cadáver de por medio que tiene como marco, como no podría ser de otra manera, la Irlanda rural.

El acto tendrá lugar el próximo martes 21 de septiembre a las 20.00 h. en el hall del Teatro Principal (en el Coso, junto a Plaza de España). Además del autor Chesús Yuste y del director editorial de Paréntesis Antonio Rivero Taravillo, intervendrán el escritor Antón Castro, el actor Alfonso Desentre, el grupo de música irlandesa O’Carolan y el cinépata Alfredo Moreno, uséase, moi. Para más información, no perderse el blog oficial del libro. Una cita imprescindible, un acontecimiento “¡¡impetuoso!! ¡¡Homérico!!”

Para abrir boca y hacerse una idea de por dónde pueden ir los tiros, nada mejor que un poco de música irlandesa con Kila y su Leath ina dhiaidh a hocht, y Carlos Núñez junto a The Chieftains y The flight of the Earls.