La tienda de los horrores – La roca

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Por tercera vez Michael Bay viene a engrosar esta sección (tras la infumable Pearl Harbor y la estrepitosamente fallida La isla) con un nuevo despropósito orgiástico de chapa, cristal y pintura hechos añicos para disfrute del personal, puro escaparatismo pirotécnico que envuelve una historia tan gratuita como absurda a la medida del más rancio y conservador patrioterismo de una sociedad esquizofrénica como la norteamericana y con los consabidos “héroes” de cartón piedra que son tan de gusto de Bay como protagonistas absolutos de un pestiño que los seguidores del cine de acción no vacilan en calificar de “obra maestra” (no reírse, que lo dicen en serio).

Revestida, una vez más, de la épica de andar por casa que imprimen Bay y el productor Jerry Bruckheimer a todas sus historias, nos encontramos con una narración sonrojante, no sólo por la, una vez más, histriónica, histérica, autoparódica, ridícula y peripatética interpretación de Nicolas Cage, sino por las incongruencias y tonterías que el guión va soltando aquí y allá sin orden ni concierto y sin que se moleste en ocultar el plagio argumental de Harry, el ejecutor (The enforcer, 1976), película de James Fargo en la que Clint Eastwood y su compañera se enfrentan a un grupo terrorista que amenaza a la ciudad de San Francisco. Nos encontramos con un prólogo típico “de soldaditos”: el coronel Hummel (Ed Harris, probablemente el mejor actor norteamericano vivo en su personaje más incomprensible, más lamentable, más horripilante, pero Dios, ¿cómo es posible que cayera aquí?) es un veterano de los Marines, múltiples veces condecorado, Estrella de Plata, Medalla del Congreso, etiqueta de anís del Mono…, que, no obstante, se encuentra resentido con el maltrato que los politicos y burócratas infligen a los veteranos de guerra que no disfrutan de su grado militar y, sobre todo, hacia la memoria, el recuerdo y las compensaciones económicas a los familiares de quienes perdieron la vida en misiones militares, muchas de ellas ilegales, al servicio del imperialismo norteamericano derrocando gobiernos o apoyando golpes de Estado. Así que al bueno de Hummel y otros patriotas de su mismo cuerpo se les ocurre una genial idea para protestar y hacer que el Gobierno tome conciencia de tan tremenda injusticia: ¿una huelga de hambre? ¿Una manifestación? ¿La denuncia en los medios de comunicación? ¿Un calendario todos en bolas? Nooorl. Nada menos que el robo, el secuestro y el chantaje.

Así las cosas, un grupito de marines mentalizados todos, oficiales y soldados, de la necesidad de hacer justicia a sus camaradas desaparecidos, asaltan una base militar americana (vigilada por lo que parece ser un grupo de boy-scouts incompetentes y torpes, hay que ver cómo vigilan las bases en América, para echarse a temblar) y roban dieciséis (no uno ni dos) misiles cuyas cabezas están dotadas de un gas letal, venenosísimo y fosforescente que viaja en pelotas de cristal hiperfrágil. Pero ojo, como son soldaditos leales a sus camaradas, sólo hieren a los guardias, dejándoles dormidos con dardos cargados de un potente somnífero. Eso sí, la vida de los civiles se la trae floja, porque amenazan al Gobierno con disparar los misiles sobre la ciudad de San Francisco si no aceptan sus demandas una vez que se establecen en la antigua prisión de Alcatraz y secuestran al grupo de visitantes que a esa hora hace el recorrido guiado por esa antigua prisión española. Eso es el prólogo, y de él pueden sacarse dos conclusiones que rayan el absurdo: en primer lugar, el hecho de que no elminen a los guardias en el asalto pero que no les importe intoxicar y matar a toda la ciudad de San Francisco, militares incluidos, algunos de ellos los mismos a los que acaban de salvar, y en segundo, el detallito consistente en que los militares no utilizan sus uniformes reglamentarios, sino que los sustituyen por un sucedáneo de centro comercial; la importancia de esta nimiedad es extrema, dado que responde al tacto de cierto cine de Hollywood (y de ciertos Gobiernos) a la hora de hacer ficción con las sediciones, golpes de Estado ficticios y demás, sobre todo si los asesinos y terroristas visten uniforme americano. Las películas que recogen este tipo de historias han de pasar controles muy férreos de guión y producción para ser vistas con buenos ojos, y de ahí que la trama tome las derivas que toma. Continuar leyendo “La tienda de los horrores – La roca”

Mis escenas favoritas – El Padrino

Obra cumbre del cine moderno, casi todo está dicho ya de la trilogía de Coppola sobre la familia Corleone, a su vez un proyecto cinematográfico familiar (en diferentes momentos de la trilogía intervienen distintos miembros de la familia, desde el compositor Carmine Coppola hasta Mark, el hermano de Nicolas Cage, pasando por Talia Shire o la propia hija del director, Sofia). El inicio de la primera parte, con esta demostración del tempo narrativo y el dominio del espacio escénico, ya nos advierte de que estamos a punto de asistir a un espectáculo incomparable, a auténtico cine, a un clásico instantáneo desde el momento de su estreno en 1972.

La aparición en la oscuridad del rostro de Bonasera (irónico nombre para el dueño de una funeraria), que acude al despacho del Padrino el día de la boda de su hija que, por tradición, es también el día en que atiende las peticiones de sus acólitos, resulta precursora de la nueva mirada que para el cine norteamericano supuso la llegada de directores como Coppola o Scorsese, por citar los más obvios, y anuncia ya con plena intensidad la magnificencia de la trilogía, criticada a veces por contribuir a cierta glorificación de la mafia al convertirla en fuente de épica y honorabilidad, y exaltada justamente como la monumental obra maestra que sin duda es.

Música para una banda sonora vital – Al límite (R.E.M.)

Esta película, protagonizada por Nicolas Cage y Patricia Arquette, en la que Martin Scorsese nos introduce en la desasosegante historia de los sanitarios noctunos que recorren en sus ambulancias las calles de Nueva York, cuenta, como siempre en su cine, con una magnífica banda sonora de temas instrumentales compuestos por el grandísimo Elmer Bernstein y además con una buena colección de clásicos antiguos y recientes del pop y el rock. Una de las grandes sorpresas musicales de la película es la inclusión de este temazo de R.E.M., What’s the frequency, Kenneth?, de su álbum Monster.

Y de propina, de entre la enorme cantidad de temas fantásticos de este grupo, escogemos como bis The one I love. De todos modos R.E.M. seguro que van a aparecer más veces por aquí.

Cine en serie – La gran comilona

CINE PARA CHUPARSE LOS DEDOS (V)

Todos en alguna ocasión hemos tenido la suerte de asistir a algún tipo de celebración en la que la cantidad y calidad de los platos a degustar ha terminado por saturarnos, resultando la mera presencia física de comida un tanto incómoda, por no decir repulsiva, una vez rellenado todo el espacio disponible entre el píloro y la garganta… Una sensación parecida proporciona esta película francesa rodada por el italiano Marco Ferreri en 1973, con guión del maestro recientemente fallecido Rafael Azcona. Porque eso mismo, saturación de placeres mundanos, es lo que nos ofrece sin cortapisa este clásico del cine europeo, polémico drama en el momento de su estreno que logró reunir en su reparto a cuatro gigantes del cine del viejo continente: Philippe Noiret, Michel Piccoli, Ugo Tognazzi y Marcello Mastroianni.
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La tienda de los horrores – La búsqueda

Algunas críticas sobre las andanzas de este Indiana Jones urbanita del siglo XXI y con cara de estar siempre asomado han dicho: “el argumento continuamente da giros según la libre interpretación que Cage hace de unas ridículas claves encriptadas”, “Es tan tonta que los Monty Python podrían hacer una versión usando el mismo guión, línea por línea”, “Este último asalto a la inteligencia colectiva de los amantes del cine (…) es una especie de El Código Da Vinci para tontos”, “Es En busca del arca perdida para aquellos que se durmieron en clase de Historia de América”, “No es que sea difícil de creer, es que es imposible”, “National Treasure, que es de la Disney, se supone que es una película amigable, para toda la familia; acción y aventuras sin demasiada violencia y sin lenguaje soez. Esto es, sin duda, admirable, pero con cintas así de ‘amigables’ la familia no necesitará pastillas para dormir”… Sí, también hay críticas buenas. Allá ellas.
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La tienda de los horrores – La mandolina del capitán Corelli

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Viendo esta película, por llamarla de alguna forma, de John Madden (segunda vez que aparece en esta sección, tras Shakespeare in love), pueden sacarse dos conclusiones que hasta ahora han permanecido ignotas para el ser humano. En primer lugar, que en el ejército italiano de Mussolini no había fascistas, sino que sus soldados eran amantes de la ópera, la buena vida, y las mujeres (por este orden), que tras haber hecho el ridículo en Albania y en Grecia ocuparon este país contra su voluntad, porque los alemanes se habían empeñado, que no hubo represión, ni fusilamientos, ni torturas ni violaciones, sino que se dedicaron a confraternizar con el pueblo, a hacerse amiguitos, y que estaban deseando volver a casa para que los pobrecitos griegos pudieran volver a ser libres otra vez. La segunda conclusión: que las jóvenes griegas de la isla de Cefalonia en la primera mitad de los años cuarenta del siglo XX eran expertas en bailar tangos argentinos.
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