Música para una banda sonora vital: Zulú (Zulu, Cy Endfield, 1964)

Tema central de la banda sonora de esta crónica sobre el heroico hecho de armas de Rorke’s Dift. El 22 de enero de 1879, durante la primera guerra anglo-zulú por el dominio de lo que hoy es Sudáfrica, los británicos al mando de Lord Chelmsford, que había desobedecido sus órdenes y había penetrado en territorio zulú, sufrieron la apabullante derrota de Isandlwana, en la que perdieron más de mil soldados y todo su armamento moderno frente a una tropa de cuatro mil guerreros zulúes. El mismo día, apenas ciento cincuenta británicos que no habían llegado a tiempo a la batalla resistieron durante dos días a la misma fuerza zulú en la misión de Rorke’s Drift, logrando que finalmente los nativos levantaran su asedio y se replegaran.

En 1964, en pleno proceso descolonizador de los dominios británicos en África, Stanley Baker y el debutante Michael Caine protagonizaron esta epopeya del cine historicista británico que cuenta con la música de John Barry. Quince años más tarde, en conmemoración del centenario de aquellos hechos, con guion de Endfield y dirección de Douglas Hickox, el cine británico narró de forma más crítica y menos complaciente la masacre de Isandlwana en Amanecer Zulú (Zulu Dawn, 1979).

Mis escenas favoritas: Jasón y los argonautas (Jason and the Argonauts, (Don Chaffey, 1963)

Aquel cine de aventuras, de orientación juvenil, inspirado en mitos y leyendas griegos que se produjo en Europa en los años sesenta al calor del éxito de las grandes superproducciones ambientadas en la Antigüedad, servía a los jóvenes de puerta de entrada a un rico y complejo mundo, descartado en los planes de estudio, que fusionaba pasado y presente, mito e historia, cultura y vida. Esta película de 1963 contó para ello con la imaginación y la pericia técnica del gran Ray Harryhausen, creador de, entre otros, los famosos esqueletos armados que atacan a Jasón y sus compañeros, de viaje hacia la Cólquide en persecución del Vellocino de Oro. Junto a esta secuencia, otras muy recordadas, como la de Poseidón sosteniendo los acantilados para abrir camino a la nave Argos en un estrecho canal, o las de los dioses jugando con el destino de los hombres como piezas de ajedrez desde sus tronos en lo alto del monte Olimpo. Una prueba más de que el cine de entretenimiento, para resultar atractivo, no tiene por qué estar vacío.