Un western noir: Perseguido (Pursued, Raoul Walsh, 1947)

perseguido_39

Para el cine, Raoul Walsh es sinónimo de ritmo. Las películas de Walsh son pequeñas piezas de orfebrería narrativa, densas, jugosas y complejas tramas a menudo comprimidas en metrajes concentrados, económicos, comedidos, historias que fluyen en su propia inercia y que arrastran a personajes y espectadores en un carrusel en que las secuencias se suceden en una marcha frenética sin descuidar el contenido, la importancia de cada diálogo, la relevancia de cada detalle importante para el argumento. En el caso de Perseguido (Pursued, 1947), nos encontramos además con una mixtura de géneros en que el escenario del western tardío (nos hallamos en los albores del siglo XX) se entremezcla con el film noir, el thriller psicológico y el melodrama. A ingredientes puramente propios del cine del Oeste, como son la venganza, la lucha entre rancheros o la rivalidad masculina, cabe añadir la influencia de un destino fatal predeterminado, el tormento personal y el culebrón familiar para conformar un puzle de situaciones, sentimientos y traumas que Walsh y el guión de Niven Busch desgranan con maestría en 97 minutos.

El relato parte de un flashback que emparenta la cinta directamente con la corriente negra entonces en alza. Thor Callum (Teresa Wright, bellísima y nada pavisosa en esta película, en la que es presentada como la estrella principal en los créditos) cabalga hasta una abandonada propiedad en un remoto rincón rocoso de Nuevo México; allí se oculta Jeb Rand (Robert Mitchum), el antiguo hermano adoptivo que con los años se convirtió en su esposo, al que una oscura amenaza le obliga a huir. El lugar encierra un misterio sobre el pasado de Jeb, la muerte de su familia y el vínculo que se estableció con los Callum gracias a su madre (Judith Anderson), que lo llevó a su casa y lo crió junto a sus propios hijos, Thor y Adam (John Rodney), a pesar de los deseos de su cuñado Grant Callum (Dean Jagger) por culminar su venganza en él, exterminar a toda la familia Rand y evitar futuras tentativas de venganza. Con el tiempo, los sentimientos mutuos entre Thor y Jeb, la rivalidad de este con Adam por la primacía en la familia y en el rancho, y la reaparición de Grant, convertido ahora en un importante hombre del gobierno de Nuevo México, van tejiendo una red de resentimientos, odios y rencores alrededor del pasado intuido por Jeb hasta que su retorno de la guerra de 1898 con España actúa como detonante de la violencia.

Se trata, por tanto, de un personaje que, siguiendo la tradición noir, se ve abocado a un destino trágico cuyos condicionantes son previos a él pero actúan de manera autónoma y metódica hacia su inexorable conclusión. Los vanos intentos de Jeb por que quienes conocen su pasado le revelen lo ocurrido chocan con los únicos fragmentos de memoria que pueblan sus recuerdos: la visión y el roce metálico de unas espuelas entrevistas desde su refugio en una noche remota y unos fogonazos que rompen la oscuridad. Continuar leyendo “Un western noir: Perseguido (Pursued, Raoul Walsh, 1947)”

Un western (más bien southeastern…) de Raoul Walsh: Tambores lejanos

Raoul Walsh es uno de los grandes maestros del cine de acción y aventuras del periodo clásico de Hollywood. Miembro junto a John Ford, André de Toth, Fritz Lang y Nicholas Ray del llamado “club del parche”, comparte con Ford algunos de sus rasgos creativos y narrativos más importantes (Walsh es autor de excelentes westerns como Murieron con las botas puestas, 1941) además de su origen irlandés (en el caso de Walsh, además, mezclado con algo de sangre española) y la pertenencia a una familia involucrada secularmente en la oposición a la ocupación inglesa de la isla verde. Maestro del western, del cine de gangsters, del bélico, de la acción, de la aventura, también era un genio revistiendo los argumentos de algunas de sus películas de género de las notas características de cualquiera de los otros en los que era un experto a fin de obtener una película nueva en la forma pero auténticamente un remake en el fondo. Si en 1949 Walsh convirtió la estupenda El último refugio (1941) en el western Juntos hasta la muerte, superior incluso a su modelo original, en 1951 tomó su obra maestra bélica Objetivo: Birmania (1945) como fuente poco disimulada para Tambores lejanos, western atípico no por sus notas características sino por su demarcación geográfica, ya que no transcurre en el Oeste americano sino en el Sudeste, en los pantanos de la Florida de 1840.

A mediados del siglo XVIII la tribu de los semínolas, o seminolas, se separó de la nación creek para constituir una tribu independiente. Desde entonces guerrearon tanto contra los españoles como contra las tribus vecinas a fin de conseguir un territorio propio. Cuando los Estados Unidos consiguieron su independencia (1783), de inmediato pusieron sus ojos el sur, los dominios españoles de Florida, especialmente tras la fallida invasión de Canadá y la derrota ante los británicos en 1812-14, que ocuparon Washington e incendiaron el Capitolio. Tomando como excusa (los Estados Unidos, siempre preocupados porque sus guerras de invasión y conquista parezcan justas y defensivas, buscan en cada ocasión excusas que justifiquen publicitariamente el envío de tropas y su muerte en combate, además de las acciones contra el enemigo, al que le pretenden negar cualquier legitimidad como tal) la acogida que los indios seminolas daban a los esclavos negros huidos de los Estados Unidos en territorio español (de hecho hay toda una rama de la tribu seminola desde entonces denominada “seminolas negros”), los norteamericanos comenzaron un acoso sistemático y una intensa hostilidad creciente contra la presencia española en Florida que terminó con la venta, a precio de ganga, de la colonia por parte del Gobierno español a los Estados Unidos (1819). La nueva autoridad colonial impuso a los indios seminolas la obligación de trasladarse al territorio de Oklahoma. Algunos aceptaron; otros se rebelaron y lucharon en una guerra de siete años contra las tropas norteamericanas que concluyó en 1841 con la derrota seminola y casi su exterminio total de la península de Florida. Hoy su población se ha recuperado hasta los niveles del siglo XVIII y se reparte por Oklahoma y Florida, mientras que los seminolas negros están presentes tanto en Texas y México como en las islas Bahamas (no saben nada los seminolas estos…).

Valga el párrafo anterior como contextualización porque poco o nada de esto cuenta el guión de Martin Rackin y Niven Busch en esta estupenda película de aventuras de Raoul Walsh, que además de presentar una historia de incursión militar en terreno enemigo permite reflexionar acerca de las relaciones entre el hombre y la naturaleza. Contada a modo de flashback desde el punto de vista del teniente Tufts (Richard Webb), oficial de la marina cuya misión es proveer y hacer llegar al ejército que combate en la jungla una embarcación adecuada para la navegación de una compañía de soldados por los lagos interiores de la península, el auténtico vehículo de la trama es el capitán Quincy Wyatt (Gary Cooper), un militar norteamericano que vive lejos de la civilización, adaptado a la perfección a la vida en la naturaleza de Florida, y que mantiene excelentes relaciones con los indios creek y con los seminolas; su difunta esposa era una de ellos, y su hijo, todavía un niño pequeño, es por tanto mestizo. El capitán Wyatt debe dirigir una compañía de soldados hasta una antigua fortaleza española que sirve de base a los traficantes de armamento que hacen llegar fusiles, munición, pólvora y explosivos a los indios. Una vez tomada la fortaleza, debe volver a la base, pero su retorno se complica por la rápida persecución de una numerosa partida de seminolas y también porque su marcha se ve ralentizada por la necesidad de llevar consigo un grupo de rehenes rescatados del fuerte, entre ellos Judy Beckett (Mari Aldon), una joven de aires aristocráticos que estaba prisionera de los seminolas.

Walsh imprime a los ciento un minutos de duración de la película un ritmo narrativo vigoroso, vibrante, amplificado por la grandiosa partitura de Max Steiner, Continuar leyendo “Un western (más bien southeastern…) de Raoul Walsh: Tambores lejanos”