Mis escenas favoritas – Un trabajo en Italia

Inolvidable y colosal persecución la de los tres Minis en los que la banda liderada por Charlie Croker (Michael Caine) intenta sacar de Turín los cuatro millones de libras en oro que, entre el barullo y el caos que se ha apoderado de la ciudad con motivo de un importante partido de fútbol, han “distraído” de un furgón blindado. Los ladrones y la policía juegan una particular partida de ajedrez, o bailan una curiosa danza motorizada, que desemboca en un final memorable.

Se trata de Un trabajo en Italia (1969), clásico dirigido por Peter Collinson cuya versión actualizada de 2003, como de costumbre, traduce lo que fue una simpática comedia de robos en un rutinario thriller videoclipero.

Un espíritu burlón, de David Lean

Cartel cedido por Marta Navarro, mantenedora del sublime blog Entrenómadas, absolutamente recomendable.

El pasado mes de marzo se cumplieron cien años del nacimiento de David Lean, cineasta británico superlativo, consagrado maestro en la puesta en imágenes de la épica, la epopeya y la aventura, autor de filmes de leyenda, de obras maestras indiscutibles y que han ocupado no poco espacio en la memoria colectiva. ¿Quién no evoca con facilidad, con los ojos cerrados, a Peter O’Toole túnica blanca al viento danzando majestuosamente sobre el techo de un tren en medio del desierto? ¿Quién no es capaz de recrear en su cabeza un desfile de prisioneros británicos silbando al unísono camino de su campo de internamiento japonés en las selvas de Thailandia? ¿Quién no podría retratar fielmente la carga de la caballería rusa sobre los manifestantes que piden pan en las calles de Moscú mientras los opulentos burgueses cenan en sus clubes privados? ¿O las muecas extrañas de John Mills y el rostro duro de Robert Mitchum en La hija de Ryan? El cine de David Lean es uno de los más reconocibles de todos los tiempos, pero en su limitada filmografía (apenas una docena y media de filmes), son muchas más las obras maestras: Breve encuentro, Cadenas rotas, Pasaje a la India, su última película, ya en 1984… Incluso su proyecto inacabado, Nostromo, basado en la obra de Joseph Conrad.

Y entre su filmografía menor, destaca esta pequeña joya de la comedia, uno de los mayores hitos de la comedia británica de todos los tiempos, realizada antes de su magistral Breve encuentro. Tanto en ésta como en Un espíritu burlón (y en su obra anterior, This happy breed), David Lean se apoya en textos teatrales del gran dramaturgo Noel Coward (en este caso una obra escrita durante una semana de vacaciones del autor en Gales), exitosamente representados durante mucho tiempo en el West End londinense. Un espíritu burlón es una comedia hilarante en la que el ingenio y los diálogos chispeantes, agudos e irónicos campan a sus anchas. La película, cuyo título proviene de un poema del autor romántico Percy Bhysse Shelley, cuenta la historia de Charles (Rex Harrison), un novelista con cierto prestigio que planea casarse en segundas nupcias con la bella Ruth (Constance Cummings). Sin embargo, el fantasma de su primera esposa, Elvira (Kay Hammond) comienza a aparecerse, a atormentarle y a hostigarle para dilapidar uno tras otro todos los proyectos que tiene planeados junto a su novia. Charles intenta desesperadamente seguir adelante con su boda, pero se muestra impotente una y otra vez frente a las diversas argucias con las que Elvira va incrementando por momentos su pequeña venganza. Pero sin duda la película se la lleva de calle el personaje de Madame Arcati (Margaret Rutherford), la excéntrica y alocada médium a la que Charles recurre para intentar deshacerse de la incómoda y espectral presencia de su primera esposa. Rutherford tiene las mejores frases, protagoniza las mejores secuencias y realiza un despliegue cómico entre el gag y el humor negro que pocas veces puede verse en el cine personificado en una actriz. Está sencillamente magistral y es uno de los grandes alicientes para disfrutar con la película.
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