Quentin Tarantino: ¿genio, copión o farsante?

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Sabido es que en el mundo del cine no hay nada nuevo bajo el sol. Todo está inventado. De hecho todo lo estaba ya antes de la llegada del cine sonoro, excepto el uso del sonido, por supuesto. Por eso resulta cuando menos prudente relativizar aquellos fenómenos surgidos, aparentemente de manera repentina, y que de inmediato mueven a otorgar etiquetas de genio, de maestro de la innovación, de insuflador de aire fresco, a diestro y siniestro sobre criterios más bien precarios, de la misma forma que exige plantearse el valor real que supone crear cine aparentemente nuevo gracias a la mixtura de mimbres ya lo suficientemente dados de sí por grandes maestros del cine. Un ejemplo paradigmático de esta doble tendencia, la consagración automática e irreflexiva y la degradación refleja e igual de irreflexiva, es la figura de Quentin Tarantino, el niño mimado de parte de la crítica de los noventa que con el tiempo ha ido adquiriendo su lugar real en el planeta cine.

Cierto es que sólo hay tres o cuatro historias que se repiten constantemente en el cine, el teatro y la literatura. Estas artes, en el fondo, no son sino la continua variación en la forma de contar una y otra vez las mismas historias, y Tarantino no es una excepción. Sólo que su mayor valor, o al menos el más destacado por la crítica, “su” especial forma de contarlo, no es ni nueva ni suya, aunque, al igual que sucede con otros directores de culto como Pedro Almodóvar, consigue con elementos ajenos que forman parte del imaginario colectivo y de la cultura cinematográfica del espectador, crear productos nuevos que, si bien no son en nada originales, funcionan. Continuar leyendo “Quentin Tarantino: ¿genio, copión o farsante?”

Música para una banda sonora vital – Quentin Tarantino (I)

Goodnight moon es el tema que cierra la dupla de películas, paranoia mezcla de spaghetti western y cine oriental de artes marciales salpicada con algún que otro buen momento y algunas frases brillantes de guión, titulada Kill Bill, y dirigida por el buen guionista y algo peor director Quentin Tarantino, y en la cual se asoma ya su inevitable decadencia en la cuesta abajo hacia el mundo friki. Sin embargo, como en todas sus otras películas la música es fantástica, fenomenalmente elegida, y esta canción, del grupo de un único éxito, Shivaree, es el colofón a la aventura sangrienta en busca de Bill. La utilización de la música y sobre todo, el talento de Tarantino para la recuperación de canciones olvidadas y viejos hits y su nueva conversión en éxitos de actualidad gracias al poder de las sugerentes imágenes con las que combinan (algo que, como todo en Tarantino, ya se había hecho antes, por ejemplo, el mejor Scorsese de los setenta, pero que él logra perfeccionar), es todo un hito en el cine reciente y constituye una de las grandes virtudes de este cineasta muy influenciado por la cultura del videoclip. Por no quedarnos con los temas y películas más evidentes, el otro vídeo pertenece al comienzo de Jackie Brown, con el tema de Bobby Womack Across 110th Street.