Música para una banda sonora vital: Un cadáver a los postres (Murder by Death, Robert Moore, 1976)

Seguimos con Dave Grusin, compositor de la última entrada musical publicada en esta bitácora, justamente la semana pasada. En esta ocasión se trata de la juguetona melodía compuesta para esta deliciosa comedia de crímenes basada en una obra de Neil Simon y dirigida por Robert Moore. Entre su magnífico reparto, nada menos que Alec Guinness, David Niven, Peter Sellers, Peter Falk, Eileen Brennan, Maggie Smith, Truman Capote, James Coco, Elsa Lanchester o James Cromwell.

The show must go on: Noche de estreno (Opening night, John Cassavetes, 1977)

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Pedro Almodóvar utilizó al comienzo de Todo sobre mi madre (1999) la premisa inicial de esta obra mayor de John Cassavetes: a la salida de un teatro, una de las más fieles seguidoras de la gran actriz Myrtle Gordon (excepcional Gena Rowlands, premiada en Berlín por su interpretación), que se suma al grupo de decenas de personas agolpadas bajo la lluvia a la caza de autógrafos y fotos, es mortalmente atropellada. Este desgraciado hecho fortuito marca profundamente a la actriz, una mujer que vive intensamente la profesión, que se mete hasta la médula en la psicología de sus personajes, lo cual destapa una crisis personal en la que la vida privada y el presente y el futuro en el oficio se confunden en una encrucijada de difícil salida. El papel que interpreta en la obra que tiene en cartel, el de una mujer que se rebela ante las consecuencias del paso del tiempo, viene a agravar su delicado equilibrio emocional y el estado de sus relaciones con los responsables de la obra y sus compañeros de reparto. Este sobrevenido caos vital se traslada a su manera de entender la profesión, a su relación con el texto que interpreta y, finalmente, a su actitud, tanto sobre las tablas del teatro donde ensaya y representa su papel en la gira de provincias previa al desembarco en Broadway, como en su propia vida personal.

Noche de estreno es, además, tal vez ante todo, un sentido homenaje al teatro y al papel capital que la ficción ocupa en nuestras vidas. Magníficamente interpretada, la gran virtud de Cassavetes, que escribe, produce y dirige el filme, además de reservarse uno de los principales papeles, está en relatar una historia de trasfondo puramente teatral con mecanismos narrativos exclusivamente cinematográficos, en los que prima la mirada, la imagen, sobre el texto. Como es costumbre en su cine, su marca de fábrica, las secuencias transitan entre una elaborada construcción visual, aparentemente azarosa o casual, a menudo con cámara en mano y personajes fuera de cuadro, y un contenido que, delimitado en líneas generales en el argumento esbozado en el guion, es rellenado, construido, “escrito” sobre la marcha por los intérpretes sobre la base de la improvisación y de la interacción dramática entre ellos. Ben Gazzara y el propio Cassavetes son los contrapuntos masculinos al protagonismo central de Rowlands, mientras que dos viejas glorias del Hollywood en blanco y negro, Joan Blondell y Paul Stewart, en excelentes interpretaciones, completan con breves pero sustanciosos papeles las relaciones a varias bandas que se producen entre los distintos agentes que intervienen en la puesta en pie de una producción teatral con pretensiones (autora, productor, director y reparto). Con todo, es Gena Rowlands la que ofrece un auténtico recital, primero como célebre actriz de carácter que se convierte súbitamente en una criatura frágil y vulnerable, y más adelante, en el tramo final, en su magistral labor de reconstrucción, en especial, en la larga secuencia final, la del estreno, uno de los más importantes retratos del Ave Fénix que ha dado el cine, en el que Myrtle recupera, a través de su personaje, la integridad y la fuerza, el verdadero carácter que ha hecho de ella una de las más reconocidas actrices de las tablas estadounidenses. Por otro lado, las secuencias que comparte con su pareja, Cassavetes (o con otros miembros de su familia, como su hermano David o su suegra, Katherine), destilan una química especial, pero, en particular aquellas de gran tensión, denotan una capacidad interpretativa superior, conmueven al tiempo que sorprenden por el grado de tensión emocional que alcanzan y dan una idea de la complejidad y la gran labor de introspección personal o, en este caso, de pareja, que puede conllevar el trabajo del actor. Continuar leyendo “The show must go on: Noche de estreno (Opening night, John Cassavetes, 1977)”

Música para una banda sonora vital – Hey!, Joe

Aunque de la música de La princesa prometida (The princess bride, Rob Reiner, 1987) todo el mundo recuerda a Mark Knopfler, porque en prácticamente todas partes consta su autoría exclusiva de la partitura del film, lo cierto es que también participó, y no poco, en ella Willy DeVille (debió de ser en los descansos de su otra faceta como doble de riesgo de las secuencias de Pierre Nodoyuna…).

El gran Willy, prematuramente desaparecido, nos legó estupendas canciones y alguna que otra excelente versión, como esta:

Mis escenas favoritas – La princesa prometida (The princess bride, 1987)

Me llamo Íñigo Montoya. Tú mataste a mi padre. Prepárate a morir.

Frase inolvidable para toda una generación que tiene a La princesa prometida (The princess bride, Rob Reiner, 1987) como uno de sus referentes infantiles o juveniles.

El desenlace de la secuencia no se lo cree ni él, pero, ¿qué más da? ¿Es que acaso no es todo posible en los cuentos?

Música para una banda sonora vital – Los cazafantasmas

Hace unos días que se ha “celebrado” esa mamarrachada llamada Halloween que el peor cine y la más pésima televisión norteamericanos han logrado extender y popularizar por todo el mundo para sustituir, al menos en nuestro país, todo un bagaje de tradiciones y expresiones culturales relacionadas con la fiesta de Todos los Santos y el Día de Difuntos (que mirándolos bien, también se las traen, pero que al menos no promueven la gilipuertez desinhibida).

El caso es que una de los recuerdos apelados con reiteración enfermiza ha sido para esta película dirigida por Ivan Reitman en 1984, de famosísima sintonía, por más que sea una mierda, y cuyo vídeo contiene algunos fragmentos de la película que muestran a las claras lo mal que ha envejecido con el paso del tiempo y de las tecnologías punta… Una prueba de lo peor de los ochenta, como se evidencia gracias a la caterva de individuos que realizan una aparición en el video-clip, todos, salvo honrosísimas excepciones (ahí están Peter Falk o Danny DeVito), productos de los ochenta que en su mayoría han pasado rápidamente al olvido, como Chevy Chase, John Candy (éstos por suerte), Irene Cara (¿por qué?), etc., etc…

Mis escenas favoritas – El cielo sobre Berlín

Mágico momento -junto a aquellos en los que aparece Peter Falk- de la brillante película de Wim Wenders El cielo sobre Berlín, filmada en 1987. Como ocurre tantas veces, la película fue recompensada con una estúpida versión de Hollywood que nos negamos a consignar aquí.