Alfred Hitchcock presenta – La muchacha de Londres

Además de personaje controvertido, de mago del suspense y de narrador excepcional, Alfred Hitchcock resultó ser también un técnico más que competente y siempre hambriento de nuevas vías de exploración e innovaciones formales que introducir en sus películas. No es de extrañar, por tanto, que en cuanto se asentó la popularidad del sonido en el cine, a Hitchcock se le metiera entre ceja y ceja incorporar la novedad a alguna de sus historias, extremo que consiguió en 1929 con la primera película sonora británica, La muchacha de Londres, también titulada Chantaje en traducción literal de su original en inglés (Blackmail). En aquellos tiempos, la cinematografía británica oscilaba entre los timoratos melodramas y las comedias de puesta en escena más bien teatral y los dramas historicistas y la épica de aventuras de los hermanos Korda, con poco espacio para la competencia directa a las más caras y espectaculares producciones de Hollywood, que controlaba la producción británica gracias a sus filiales en las islas. Sin embargo, con Hitchcock la cosa cambia; nace un cine británico con personalidad propia respaldado por el público en las salas y con creciente demanda exportadora. A ello contribuye decisivamente su filme de 1929, en el que, tras el éxito de El enemigo de las rubias (The lodger, 1927) y el coqueteo con otras historias de tonos y temáticas muy distintos pero siempre con el suspense como leit-motiv, toma de nuevo al crimen y al tema de la culpa como tragedia como vehículos para la narración.

Los planes de matrimonio de Alice y Frank, una joven pareja londinense, peligran debido a la profesión de él, un prometedor inspector de Scotland Yard. Lo arriesgado de su trabajo le llena de reticencias y demoras que Alice interpreta como dudas e inseguridades producto de unos sentimientos no demasiado anclados. Por su parte, no piensa quedarse para vestir santos, y ya tiene un plan B: en el restaurante donde suele reunirse con Frank, su novio, hay otro joven, apuesto y galante, que la mira con buenos ojos, un pintor de mucho talento al que espera un futuro halagüeño. Alice provoca la enésima discusión entre ambos con el fin de quedarse a solas con su otro pretendiente, y ahondar en la alternativa. Sin embargo, Frank no se ha marchado, y descubre a Alice saliendo del restaurante con otro. Lo que adivinamos que será una noche tormentosa para Frank, no lo es menos para Alice, que de manera algo incauta acepta acompañar al pintor a su estudio: los modos refinados y considerados de él se transforman en un apetito sexual desbordado que devienen en un intento de violación sólo truncado cuando ella le clava un cuchillo y lo mata. Cuando Frank recibe el encargo del caso y descubre a la víctima, lo identifica inmediatamente como el acompañante de Alice la noche anterior, y la pareja parece estar a salvo cuando el joven pone su amor por delante de su deber. Pero nada más lejos de la realidad: un hombre extraño e inquietante amenaza a Alice con hacer público lo sucedido si no obtiene una compensación…

Hitchcock, que colabora en el guión junto a Benn W. Levy y Charles Bennett, autor de la obra original que inspira la película, construye así el segundo capítulo de una amplísima filmografía que gira en torno al tema de la culpa y el acoso a un inocente Continuar leyendo “Alfred Hitchcock presenta – La muchacha de Londres”