Mis escenas favoritas: La muerte tenía un precio (Per qualche dollaro in più, Sergio Leone, 1965)

Durante décadas, hasta la llegada del José Luis Torrente de Santiago Segura, esta coproducción italo-germano-española se mantuvo como la más taquillera del cine nacional. Segunda parte de la llamada “trilogía del dólar” de Sergio Leone, consolidó a este como director de talla internacional y a Ennio Morricone como compositor reconocido, y su recaudación posibilitó una conclusión ya enteramente de producción italiana y abrió la vía para que Alberto Grimaldi financiara las películas de grandes directores italianos como Fellini, Pasolini o Bertolucci. Su desenlace es la culminación del proceso de reinterpretación y reinvención del western que desde Italia insufló nuevas energías a un género considerado erróneamente amortizado, y que en las décadas siguientes todavía ha producido un buen puñado perlas imprescindibles.

Música para una banda sonora vital – Caro diario (Nanni Moretti, 1993)

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Simpática aproximación al mundo personal de Nanni Moretti, esta película dividida en tres partes (En mi Vespa, Islas y Médicos) que aborda la cotidianidad de Roma en pleno ferragosto, el periplo de Moretti y su amigo Gerardo por varias islas del mar Tirreno, y la enfermedad del propio director, sus insufribles picores y el tratamiento de quimioterapia que recibió para curarse de un tumor.

En la primera parte, la romana, además del bello recordatorio a Pier Paolo Pasolini, Moretti recorre en su Vespa varios barrios de Roma acompañado de músicas muy heterogéneas, sugerentes, y también algo zumbonas, como Batonga de Angélique Kidjo, I’m your man de Leonard Cohen, Didi de Khaled o Visa para un sueño de Juan Luis Guerra.