Mis escenas favoritas: Louis Le Prince, el pionero desaparecido.

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Louis Aimé Augustin Le Prince (1842-1890) fue un artista e inventor francés, considerado por muchos, especialmente en Gran Bretaña (su centro de operaciones se encontraba en la ciudad de Leeds), como el verdadero inventor del cine tras su filmación de octubre de 1888 titulada La escena del jardín de Roundhay (Roundhay Garden Scene, 1888), estampa familiar de dos segundos de duración, registrada en una película de papel y fotografiada con una única lente. Su condición de pionero se completa con Tráfico del puente de Leeds (Traffic Crossing Leeds Bridge, 1888). Con ellas Le Prince se adelantó varios años a los trabajos de Edison, que filmó sus primeras imágenes en movimiento en 1891, y a los hermanos Lumière, que lo hicieron en 1892.

Le Prince nunca realizó una presentación pública de su trabajo. Dos años después de sus logros, el 16 de septiembre de 1890, desapareció misteriosamente en el tren que unía Dijon y París, en uno de los mayores misterios del mundo del cine. Su cuerpo nunca apareció, y no quedó rastro de su equipaje. Más de un siglo después se encontró en un archivo policial la fotografía de un hombre ahogado que pudo ser Le Prince, pero también se han aventurado otras explicaciones, como el asesinato instigado por Edison (que, ya fallecido, arrebató en los tribunales norteamericanos a los familiares de Le Prince la condición de herederos del verdadero inventor del cine y las prerrogativas económicas derivadas de ello), el suicidio, la desaparición voluntaria para comenzar una vida nueva sin necesidad de ocultar su secreta homosexualidad, o incluso la muerte a manos de su hermano a instancias de su propia madre.

La extraña desaparición de Le Prince y la verdadera medida e influencia de su legado en los pioneros que le siguieron constituye uno de los grandes enigmas de la historia del cine. Sus dos filmaciones, no obstante, se conservan teñidas en esa magia inquietante y ese vértigo emocional que implica mirar cómo era una porción del mundo en movimiento hace 132 años.

Más sobre Georges Méliès: Méliès. Al otro lado de la luna.

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Georges Méliès es el más importante y decisivo pionero de los albores del cine. El pasado mes de octubre, Libros del Innombrable publicó la que sin duda es la monografía más importante sobre el cineasta francés editada en castellano. Este documental invita a acercarse a esta gran figura del arte y de la cultura, y ofrece algunas de las claves sobre su cine que se abordan pormenorizadamente en este magnífico volumen, primorosamente ilustrado.

 

 

 

Cine en fotos – El primer beso de la historia del cine: The kiss (William Heise, 1896)

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Pues eso: el primer beso de la historia del cine. Así de sencillo.

Este honor les cabe a John C. Rice y May Irwin en este cortometraje de 1896 y con elocuente y directo título dirigido por William Heise y cuyo único minuto de duración no evita que tenga guionista, John J. McNally.

Producido por la compañía Vitascope, el primer plano del beso no es más que un pasaje de una obra teatral, todo un éxito en Broadway, titulada La viuda Jones, adaptado para la ocasión. El susodicho beso causó no obstante todo un escándalo, ya que sus productores no evaluaron el efecto que las dimensiones de los actores y de la acción en la pantalla tendrían sobre un público todavía poco acostumbrado a las imágenes en movimiento, y mucho menos con semejante carga de pasión (hoy, sin embargo, a todas luces ingenua y antierótica).

En junio del mismo año, cuando la película se había convertido en todo un acontecimiento sociológico que dio muy buenos réditos en taquilla, un artículo en un periódico de Chicago publicado por Herbert S. Stone mostró la indignación con que ciertos espectadores habían recibido la película, sentando las bases del tira y afloja que durante décadas la censura impuesta por las mentes más cerriles y conservadoras impusieron, con el beneplácito de los grandes estudios, sobre la creación cinematográfica americana. El discurso de Stone no tiene desperdicio: “Semejantes cosas son ya bestiales en tamaño natural. Ampliadas hasta dimensiones gargantuescas y repetidas tres veces seguidas, resultan absolutamente repugnantes y entran en el ámbito de las competencias policiales...”. Lo que se dice un amargado de la vida, de esos que en vez de preocuparse por ser lo más felices posible únicamente se preocupan de que los demás compartan su amargura.

Una pieza histórica, auténtica arqueología cinematográfica, que se ofrece íntegra y sin cortes publicitarios…