Cine en fotos: películas y versos

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El cine me ayuda a descubrir el mundo. Por él miro hacia dentro, veo lo que hay en esa especie de claustro interior. Cuando salgo del cine miro a lo alto, a la izquierda y a la derecha, no se me ocurre mirar debajo de las suelas de los zapatos.

En el cine la única libertad es cerrar los ojos.

En Holanda estaba sentado en la terraza de un café y leía. Al levantar la vista del libro vi pasar un barco por encima del nivel del suelo donde me sentaba. Debí estar en el cine.

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De Nada sucede luego, de Antonio Fernández Molina (Colección Patitas en la sombra, Madrid, 2005).

Fotografía: La mirada de Ulises (To Vlemma tou Odyssea, Theo Angelopoulos, 1995)

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Sayat Nova (El color de las granadas) (1969), la obra maestra de Sergei Paradjanov

Sergei Paradjanov sufrió durante toda su carrera las estrecheces de la dictadura soviética. Nacido en Georgia, en 1924, en el seno de una familia armenia, hizo de su trayectoria una constante reivindicación de las culturas no rusas y un continuo desafío a la burocracia y a la autoridad comunista. Encarcelado en 1973 bajo diversos pretextos (desviacionista ideológico, homosexualidad, nacionalista ucraniano…), no pudo rodar otra película en más de una década, y solo completó una antes de morir, de cáncer, en 1990.

Esta película osada, radical, oscura, críptica, supuso el pistoletazo de salida a sus desencuentros con el régimen de Moscú. La película constituye un mosaico vital y lírico del poeta y místico armenio Aruthin Sayadin, Sayat Nova (“el rey de la canción”). Desaparecida durante años, montada y remontada por orden de las autoridades para desposeerla de elementos étnicos, no se sabe a ciencia cierta cuál hubiera sido el montaje definitivo de Paradjanov, que nunca dispuso de la ocasión de trabajar con entera libertad sobre el negativo. En cualquier caso, la película está emparentada con la pintura religiosa en el uso del color y la elección de encuadres, y es rica en el empleo de símbolos y metáforas visuales, además de recurrir desaforadamente a la poesía del personaje central, cuya vida no se cuenta en sentido lineal, vital, poético, sino extrayendo imágenes, estampas, de sus poemas (recitados en off) o extractos de sus peripecias (el ingreso en un monasterio armenio tras su renuncia al amor de mujer, por ejemplo).

La película no puede explicarse, ni entenderse, desde un punto de vista racional. Su fuerza está en el impacto y la potencia de sus imágenes, en su inmensa capacidad de evocación. Una película fascinante, desde luego no apta para todos los públicos, especialmente los más hechos a las propuestas comerciales, repleta de bellísimos instantes, de auténticos cuadros en movimiento que despliegan un poderoso y embriagador embrujo.

Mis escenas favoritas – Cyrano de Bergerac (1990)

Soberbia escena del balcón de esta magna adaptación del clásico de Rostand a cargo de Jean Paul Rappeneau (1990), con Gerard Depardieu, Vincent Perez, Anne Brochet y Jacques Weber, mi favorita, junto a la escena inicial en el teatro, el duelo de ingenios y esgrima… ¡y al finalizar, os hiero!

Cuánto tiene que enseñarnos el cine francés sobre el tributo a los clásicos de la literatura. Una película deslumbrante en cuanto a vestuario y locuacidad de principio a fin.

El beso, la forma de degustar, al borde de los labios, el alma…