Víctor Erice habla de El sur (1983)

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Mis escenas favoritas: El sur (Víctor Erice, 1983)

El mes de las comuniones, también en el cine… Magnífica película de Víctor Erice, aunque inacabada por aquello de los problemas de financiación y los desencuentros artísticos. Con todo, obra mayor del cine español.

Más, dentro de dos días…

Música para una banda sonora vital – Duerme, duerme mi amor (Francisco Regueiro, 1975)

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El tema de Las Grecas, Te estoy amando locamenti, etc., etc., todo un hit en su día e historia viva de la música española, es el leitmotiv sonoro de Duerme, duerme mi amor (Francisco Regueiro, 1975), insólita comedia negra del cine español, de nulo impacto comercial pero que contiene elementos muy interesantes. Las extrañas relaciones de un matrimonio ordinario (José Luis López Vázquez y María José Alfonso) llegan a un punto en que él, para librarse de ella, decide mantenerla narcotizada en tanto se dedica alegremente a acosar y seducir a su nueva vecina, una apetitosa viuda madura (Lina Canalejas). Sin embargo, alrededor del protagonista todas las mujeres viven experiencias de lo más extrañas… La irregularidad en sus 87 minutos viene compensada por momentos muy estimables (la taza del W.C. cayendo por la fachada, la abuela dentro del armario elevado hacia el balcón, las secuencias de la esposa durmiente rodeada de fajos de billetes nuevos de banco, el personaje de Manuel Aleixandre, los continuos y, en algunos casos, descacharrantes toques de humor negro…).

Dada la dificultad de echarle un ojo, de momento nos quedamos con la canción.

Música para una banda sonora vital – Antón García Abril

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El aragonés (de Teruel) Antón García Abril es una figura fundamental en la música para cine y televisión en España. Esta faceta es posiblemente la menos importante en una carrera que atesora obras orquestales, música de cámara y obras vocales, una prolífica trayectoria que incluye la composición del Himno Oficial de Aragón por encargo de las Cortes aragonesas, pero seguramente es la que le ha proporcionado una mayor popularidad entre el gran públco. En su haber, casi dos centenares de títulos de películas y series de todo género, época y condición, entre ellas esos famosos dabadabas propios de las ligeras comedias de los años sesenta dirigidas por Pedro Lazaga, Sor Citroën (1967) y El turismo es un gran invento (1968) y sus inefables Buby girls

Probablemente (bueno, seguro) estas piezas no son una muestra representativa de la auténtica calidad de su trabajo. Para acercarse a la verdadera medida de su valía, nada mejor que escuchar al propio García Abril y quedarse con una de sus partituras más conocidas, una de esas que se inserta en el ADN de los españoles de cierta edad como parte de sus recuerdos, de su nostalgia, de propia vida. Tal es el poder de la música de los más grandes.

Mis escenas favoritas – Atraco a las tres

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Dos de los fenomenales momentos de esta obra maestra absoluta del cine español y notabilísima comedia de cualquier cine, repleta de pasajes memorables, con interpretaciones soberbias de lo mejorcito de nuestra comedia por aquel entonces (que sigue siendo lo mejor de nuestra comedia), dirigida por el aragonés José María Forqué.

Parodia tanto de las cintas negras de atracos, tipo La jungla de asfalto (The asphalt jungle, John Huston, 1950) o Atraco perfecto (The killing, Stanley Kubrick, 1957), como ejemplo vivo de la tradición picaresca española, además de constituirse en un ácido y veladísimo testimonio sociológico de la España de la dictadura, una vez superada la autarquía y ya prisionera del espejismo del desarrollismo (que nos dura hasta hoy, “dctadura sociológica”, “espejismo” y “desarrollismo”, todo a la vez), se trata de una película colosal, una obra mayor, como todas las buenas, brillante, imperecedera y por siempre disfrutable.

Mis escenas favoritas – Todos al suelo (1981)

Ya dijimos en algún momento que Pajares y Esteso saldrían por aquí, y nosotros con las cosas serias, es decir, con las coñas, no bromeamos ni un pelo del que no tenemos. De las tres películas que Mariano Ozores rodó en 1981 (¡¡¡ tres el mismo año !!!), sin duda Todos al suelo, inmejorable título para resumir aquel año, es sin duda la más lograda, muy por encima de las otras dos, Los chulos y Los liantes (qué gran capacidad la de Ozores para la selección de títulos). Facundo, Aniceto, Pedro y Bernardo intentan salir de la miseria a lo grande, con un atraco en toda regla que les proporcione los millones que van a descansar durante una escala de veinticuatro horas en una sucursal del Banco Mistral.

Uno de los mejores momentos de la película es el inicio del atraco, “poesía” pura. Una prueba más de que la calidad objetiva de una película (no nos vamos a engañar: en este caso, poca, muy poca) no tiene nada que ver con el gusto personal, y que no todo tiene por qué ser comerse la cabeza.