Mis escenas favoritas: Taxi Driver (Martin Scorsese, 1976)

Grande, grande de verdad Scorsese cuando se pone a hacer cine de muchos quilates…

 

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Cine en fotos: Taxi Driver (Martin Scorsese, 1976)

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Travis Bickle, 26 años, delgado, curtido, el solitario consumado. En apariencia es apuesto, incluso guapo; tiene una mirada firme y tranquila y una sonrisa que desarma, que brilla como por arte de magia, iluminándole todo el rostro. Pero detrás de esa sonrisa, alrededor de los ojos oscuros, en las mejillas demacradas, podemos ver las manchas ominosas causadas por una vida de miedo íntimo, de vacío y soledad. Parece haber llegado vagabundeando de una tierra en la que siempre hace frío, de un país cuyos habitantes apenas hablan. La cabeza se mueve, la expresión cambia, pero los ojos permanecen siempre inmóviles, sin parpadear, perforando el espacio vacío. Travis entra y sale a la deriva de la vida nocturna de Nueva York, como una sombra oscura entre otras sombras más oscuras. Pasando desapercibido, sin motivos para que nadie se fije en él, Travis parece fundirse con su entorno. Lleva vaqueros de jinete, botas de cowboy, una camisa a cuadros del Oeste y una desgastada cazadora del ejército con un parche en el que se lee “King Kong Company 1968-1970”. Despide olor a sexo: sexo enfermizo, reprimido, solitario, pero sexo al fin y al cabo. Es una fuerza bruta masculina, que empuja, hacia dónde, no se sabe. Si se le observa más de cerca, se descubre lo inevitable. No se puede tensar la cuerda indefinidamente. Al igual que la tierra se desplaza hacia el sol, Travis Bickle se encamina hacia la violencia.

Del guion de Paul Schrader.

Música para una banda sonora vital: Algo pasa en Hollywood (What Just Happened?, Barry Levinson, 2008)

Esta irregular, juguetona y mordaz pero imperfecta y, a la postre, inofensiva comedia negra de Barry Levinson sobre el mundo de Hollywood y sus habitantes cuenta en su banda sonora con Brothers in arms, clásico de Dire Straits, la banda de Mark Knopfler, incluido dentro del disco del mismo titulo publicado en 1985 junto a otros del grupo como Money for nothing, Walk of life, So far away o Your latest trick. Como ocurre demasiadas veces, una canción compuesta a partir de un asunto tan serio como el antimilitarismo es desvirtuada y banalizada en un guion pretendidamente cómico (solo lo es a ratos, cuando consigue elevarse por encima de la colección de situaciones tópicas que maneja) para, en este caso, ilustrar la secuencia de tensión que precede al instante en que Bruce Willis, que se interpreta a sí mismo (a una versión satírica de sí mismo que no anda muy lejos, por lo que cuentan, de la auténtica), va a revelar si ha cedido a las presiones de su productor (Robert De Niro) y se ha afeitado la poblada barba que lucía, condición sin la cual el estudio se negaba a financiar su nueva película. En fin.

Música para una banda sonora vital: La cortina de humo (Wag the dog, Barry Levinson, 1997)

El reconocible estilo de Mark Knopfler domina por completo la música de esta soberbia sátira sobre los entresijos del poder político con un guión cargado de acidez coescrito por David Mamet: cuando un presidente norteamericano es pillado en un escándalo pocos días antes de someterse a la reelección, su gabinete recurre a dos excéntricos profesionales (Robert De Niro y Dustin Hoffman) para que diseñen meticulosamente la cobertura mediática de un ficticio conflicto internacional (en Albania) cuya escalada militar sirva para desviar la atención de la opinión pública. Una brillante reflexión sobre la democracia erigida sobre efectos especiales (y no solo válida para los USA) acompañada por la música de Mark Knopfler.

Diálogos de celuloide – Uno de los nuestros (Goodfellas, Martin Scorsese, 1990)

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HENRY: Daba igual. Cuando no tenía dinero, salía a robarlo. Lo controlábamos todo. Comprábamos a la policía, a los abogados, a los jueces. Todo el mundo ponía la mano. Y ahora se ha acabado todo. Hoy, las cosas son distintas. No hay acción. Tengo que esperar sentado, como el resto de la gente. Ni siquiera puedo conseguir comida decente. En cuanto llegué aquí, pedí unos spaghetti marinara y me trajeron unos fideos con ketchup. Soy el típico don nadie. Viviré el resto de mi vida como un imbécil.

Goodfellas (1990). Guión de Martin Scorsese y Nicholas Pileggi sobre la novela de éste.

Música para una banda sonora vital – Los intocables de Eliot Ness (The untouchables, Brian De Palma, 1987)

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Vesti la giubba, una de las más famosas arias operísticas, perteneciente a la ópera I Pagliacci de Ruggero Leoncavallo, es uno de los motivos musicales más recurrentes en películas y series de televisión de toda clase, época, condición y procedencia.

En la película de De Palma, Al Capone (Robert De Niro) es informado del asesinato de Jim Malone (Sean Connery), cometido por orden suya, mientras asiste a una representación desde su palco de la Ópera de Chicago y suena precisamente el más célebre fragmento del aria (las lágrimas de Capone-De Niro, conmovido por el dramatismo de la situación, se convierten en una sonrisa histérica), aquí interpretada por Plácido Domingo en un montaje dirigido por el cineasta italiano Franco Zeffirelli.

Diálogos de celuloide – Casino (Martin Scorsese, 1995)

casino_39NICKY SANTORO: Sabes, creo que tienes una imagen equivocada de mí, y lo menos que puedo hacer es explicarte exactamente cómo funciono. Por ejemplo, mañana me levantaré pronto y me daré un paseíto hasta tu banco. Luego entraré a verte y… si no tienes preparado mi dinero, delante de tus propios empleados te abriré tu puta cabeza. Y cuando cumpla mi condena y salga de la cárcel, con suerte, tú estarás saliendo del coma. ¿Y qué haré yo? Te volveré a romper tu puta cabeza. Porque yo soy idiota y a mí lo de la cárcel me la suda. A eso me dedico, así funciono yo.

Casino. Martin Scorsese (1995).