Mis escenas favoritas – Ciudadano Kane

La obra maestra de Orson Welles (1941), su grandioso debut como cineasta, contiene decenas de fotogramas formidables. Eternamente considerada la mejor obra cinematográfica de todos los tiempos, continuo número uno en las preferencias de expertos, revistas, publicaciones y cinéfilos aficionados de todo el mundo, contiene sin embargo también la mayor pifia de guión de la Historia del cine. “Rosebud” pronuncia el magnate Charles Foster Kane en el instante en el que muere y deja escapar la bola de cristal con la cabaña nevada en su interior (nexo cíclico con el gran final de la cinta y además verdadera razón, según dicen, del cabreo monumental que se pilló William Randolph Hearst, magnate de la prensa norteamericana en el que se basa la película y que persiguió mientras pudo a Welles para truncar su carrera, dolido, avergonzado, de que Welles utililzara el apelativo con el que Hearst definía las partes íntimas de su amante -rosebud significa capullo-, como hilo conductor de la trama). La película gira en torno a la investigación sobre el desconocido significado de esa palabra, “Rosebud”, que jamás nadie le oyó pronunciar antes y de la que ni siquiera sus conocidos saben a qué puede referirse. Pero, si está solo en la habitación cuando expira, si la enfermera entra una vez que escucha el ruido de los cristales contra el suelo, ¿cómo pueden saber los periodistas que ésa fue su última palabra?

Discordancia fundamental que no quita un ápice de valor, de trascendencia, de magia, de magnetismo a esta obra capital del arte del siglo XX y piedra angular de la cinematografía mundial, con una estética y una forma de rodar, un estilo narrativo magistral, como bien queda claro en esta extraordinaria escena, como en las novelas de misterio, la escena del “crimen”.