Mis escenas favoritas: El demonio de las armas (Gun Crazy, Joseph H. Lewis, 1950)

La que es quizá mejor escena de esta joya de la (a veces mal llamada) serie B que, sin embargo, es todo un clásico indispensable en el cine negro y en el catálogo de películas de atracos, así como en el subgénero de películas de parejas criminales cuya atracción por la violencia adquiere unas muy poco disimuladas connotaciones sexuales.

La cámara en el interior del vehículo y la observación desde el asiento de atrás mete de lleno al espectador en la acción que se desarrolla hacia el punto de no retorno, el momento en que la película se introduce en la decisiva dinámica que la encamina hacia su desenlace, ese golpe irreversible de fatalidad y desesperación que es consustancial al género negro y que marca el destino de unos personajes que no pueden hacer nada para conjurarlo.

John Dall y Peggy Cummins ante la cámara, la dirección de Joseph H. Lewis y la fotografía de Russell Harlan hacen de esta película un clásico ineludible, en cuyo guion participó Dalton Trumbo.

Música para una banda sonora vital: West Side story (Robert Wise y Jerome Robbins, 1961)

Marni Nixon dobla a Natalie Wood y Jimmy Bryant a Richard Beymer en este Tonight, clásico de 1956 compuesto por Leonard Bernstein, con letra de Stephen Sondheim, y que se hizo mundialmente popular gracias al musical West Side story y a la versión cinematográfica de Robert Wise y Jerome Robbins.

Mis escenas favoritas: Siete novias para siete hermanos (Seven brides for seven brothers, Stanley Donen, 1954)

Glorioso y atlético momento de uno de los más célebres musicales clásicos, con música de Saul Chaplin y Adolph Deutsch (nótese la chusca coincidencia del nombre) y el gran Stanley Donen a los mandos de este colorista western de cartón piedra.

 

Música para una banda sonora vital – Dos del western

Magnífico tema de Ennio Morricone para esta maravilla de western titulado Hasta que llegó su hora (Once upon a time in the west / C’era una volta il west), dirigido por Sergio Leone en 1968, y que sintetiza mejor que ninguna obra del spaghetti western el espíritu de fusión entre el cine clásico del Oeste, el de los más grandes (Walsh, Hathaway, Hawks, Wyler, Sturges, Daves, Boetticher, entre muchos otros, pero sobre todo, el de John Ford), con las nuevas influencias europeas al unificar en el mismo largometraje el desierto de Tabernas, en Almería, y el auténtico Monument Valley con el perfil de sus rocas de arenisca recortado en el horizonte.

Una verdadera joya, tran grandiosa como las poderorísimas imágenes concebidas por Sergio Leone para revestir esta historia de venganza y almas perdidas en mitad de ninguna parte.

Y de propina, la quintaesencia de las bandas sonoras para el western canónico, el clásico, el de toda la vida, el título principal compuesto por Alfred Newman para La conquista del Oeste (How the west was won, 1962), película codirigida por Richard Thorpe, Henry Hathaway, George Marshall y John Ford que, si quizá no entraría dentro de cualquier catálogo de las mejores cintas del Oeste de todos los tiempos, sí atesora momentos de gran valía, como el breve capítulo sobre la guerra civil dirigido por Ford, así como bellísimas secuencias de exteriores rodadas en el pionero, y pronto relegado, sistema Cinerama.

Mis escenas favoritas – West side story

Conocido es que al promotor de esta humilde escalera el musical no le eriza los pelos precisamente. Sabido es también que hay escasas pero importantes excepciones a esta regla sumarísima. West side story, incalculable compendio de la suma de los talentos de los directores Robert Wise y Jerome Robbins, de ese pedazo de genio de la música llamado Leonard Bernstein, del grandísimo guionista Ernest Lehman y de actores y bailarines pluscuamperfectos como Natalie Wood, Rita Moreno (Oscar en 1961) o George Charikis, revisitación de Romeo y Julieta en el West side neoyorquino y con traje y corbata sesentero en lugar de los leotardos típicos de la Verona del Renacimiento, es por derecho propio la primera excepción (o la segunda, que por ahí anda Cantando bajo la lluvia) a la regla de esta escalera de tirar los musicales por su hueco. Esta escena hace mover los pies, provoca una sonrisa, un puntillo de orgullo hispanoamericano y una enorme frustración para quienes, como quien escribe, a la hora de bailar tienen dos pies izquierdos… Muchas son las escenas inolvidables de esta cinta: la pelea de bandas, María… Por más reservas que se tengan hacia los musicales, esto es otra cosa.